CONFESIONES DE ANGELITA [5
«VINIERON LAS LLUVIAS TORRENCIALES SOBRE LA CASA»

DESDE LA FACULTAD ¡LA INUNDACIÓN! ¡Y MI CASA SOBRE ARENA!

«Delante de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la altivez de espíritu» (Proverbios 16:18)

San Juan Pablo II hablaba de la «cultura de la muerte». Esta cultura mentirosa busca la emancipación de Dios. Dicen querer despertar conciencias cuando en verdad las anestesian. A este enemigo silencioso de la acedia se lo puede encontrar en los ámbitos más inesperados…

Yo no sabía que me metía en la boca del lobo eligiendo la carrera que elegí. Cuando llegué a facultad me desayuné de que lo de la laicidad era puro cuento. Se vivía un ambiente hostil, politizado y anti-religioso. Recuerdo a uno de mis profesores diciendo, «los jóvenes que votan a partidos tradicionales son cuadriculados», acompañando sus dichos con el gesto de sus manos. El mensaje era simple, la izquierda era buena y la derecha mala. Marx, el Che, Freud, y otros «iluminados», eran una especie de héroes o mesías que venían a salvarnos del engaño y la opresión.
«La religión es el opio de los pueblos»… » el ser humano es el ser supremo para el ser humano», repetían hasta el hartazgo, ¿a cuántos pobres daría de comer el oro del Vaticano?…¡los que creen en Dios son todos unos ignorantes!

La verdad es que nunca levanté mi voz para defender mi fe. El profesor tenía en la clase un lugar de poder, y era evidente la diferencia de conocimiento y edad. Viendo mi poca formación religiosa opté por callar. Aunque seguramente era lo más prudente, por dentro me reprochaba y lloraba mi cobardía por no saber defender a Dios de tanto disparate.

Los conceptos estaban todos al revés y la historia no escapaba a ello.
El amor a la patria era considerado un recurso arcaico de los imperialistas para manipular las masas. ¡Fuera yanquis…Cuba libre! se escuchaba por ahí, y ni que hablar de la lucha de clases, la dialéctica y la plusvalía. La oz y el martillo parecían opacar al sol de nuestra bandera.

¿Y qué decir de Colón y sus secuaces? Esos villanos saqueadores responsables de nuestras deudas externas, impusieron la Cruz y el Evangelio a la rica cultura existente, Por supuesto ni una palabra de los sacrificios humanos en las pirámides aztecas que denuncia el film de Mel Gibson APOCALYPTO. Por mi parte, no tengo más que palabras de agradecimiento a la Niña, a la Pinta y a la Santa María por traer el cristianismo a estos lares, y mucho más cuando me enteré de las costumbres charrúas. Ellos eran supersticiosos creían en la existencia de un espíritu maléfico, Gualiche, al que atribuían todas sus desgracias, enfermedades o desastres. Las mujeres se cortaban una falange de los dedos de las manos cada vez que moría algún pariente…¿¿vendrá de ahí lo de la garra charrúa?… ¡Yo paso!

El relativismo que se respiraba lo podría resumir en las palabras de Mafalda (personaje de Quino, que les gustaba mucho citar en clase): «Nuestros padres nos enseñan qué es lo bueno y qué es lo malo, pero no nos enseñan qué es lo que tiene de bueno lo malo y lo malo de bueno»…por supuesto que esta expresión, justo, no habla de ser positivos.

ESPIONAJE UNIVERSITARIO: El profesor del «cuadriculado», citó a algunos alumnos para hacer un trabajito. Por supuesto iba a ser remunerado además de ser un excelente aporte a nuestro currículum por colaborar con tan renombrado sociólogo. Nos dijo que la tarea era hacer encuestas y para ello debíamos ir a lugares donde se congregaran jóvenes, como por ejemplo bailes, plazas, peñas, etc. El objetivo era saber cuán informados estaban sobre la marihuana, e ir sacando el cuco al tema para lograr su legalización, en el entendido, según decía, que el efecto de un porro es menos nocivo en el organismo que una comilona de Navidad.

Mi ángel me advirtió del peligro y no acepté. Primero hacen una encuesta llevando el tema a la opinión de la gente, luego viene el debate público, y después la ley. Esto es sistemático y lo han hecho con el aborto, el «matrimonio igualitario» y ahora lo están preparando con la eutanasia…el argumento, el mismo de siempre, la compasión. Hay que darle un marco jurídico a lo que ya es un hecho, dicen. Con los mismos argumentos habría que legalizar el robo, pero…

SEXO SIN AMOR MEDIÁTICO – AMBIENTAL – FAMILIAR  Me concentraba mejor estudiando sola, sin embargo estaba abierta a reunirme para intercambiar opiniones, libros y apuntes. Normalmente me juntaba con el mismo grupo e íbamos a casa de Soledad. Ella llevaba una vida un tanto liberal. Sus padres eran psicólogos y psiquiatras y la hacían ir dos veces por semana a terapia. Era muy buena y generosa con todos. Como vivía en una continua duda, interpretaba todo desde el punto de vista psicológico, cosa que la hacía perder la espontaneidad propia de la edad.

Recuerdo que un día llegó una de las hermanas de Soledad, bocineando que su novio le había regalado de cumpleaños una noche en un hotel de alta rotatividad, a lo que su madre fascinada la abrazó exlamando «¡Ay! ¡Qué romántico!».

A Sole le permitían sus padres encerrarse en el dormitorio con su novio, siempre y cuando no hicieran ruido. Pero Soledad me confesó  que no se sentía amada. Los grado cinco en sexo eran analfabestias para el amor. Yo trataba de aconsejarla desde mi fe pero el ambiente en el que vivía era más fuerte. Ellos se consideraban personas muy abiertas y tolerantes… pero mi virginidad los escandalizaba juzgándola anormal y aberrante, así como el celibato de los curas. Yo todavía defendía, en esa época y ante ellos, mi postura católica con orgullo pero siempre estaba sola en el tema… «todas lo hacían», yo «era una rara». 

Con Soledad estudiábamos juntas por horas. Un día hicimos una pausa y la madre dijo que esperáramos un poco para almorzar. Sole nos preguntó si queríamos hacer tiempo mirando una película que sus padres habían visto la noche anterior. Como el título de la película era Emmanuelle dije que no tenía problema en ver, pensando que tal vez tenía algo de religioso. Aunque ellos la calificaran de erótica para mí era la película pornográfica de una ninfómana. Les pedí que la cortaran y nos fuimos a sentar a almorzar. Yo estaba en una punta de la mesa y el padre en la otra. Me observó por un rato y me dijo- ¿Angelita, por qué no comés? – porque estoy revuelta por la película que acabamos de ver – contesté. Él sacudía la cabeza: «Mmm acá tenemos un problema…¿nunca viste algo así?…

¡Nooooo!- exploté- ¡Nunca vi una relación sexual entre un hombre y una mujer desnudos, mucho menos entre mujer y mujer, qué asco! El padre no habló más. Al otro día Sole se apareció en la facultad con un montón de libros que hablaban de sexo, regalo del papá.

Y POR MI CASA ¿CÓMO ANDÁBAMOS?  ¡SOBRE ARENA Y SIN CIMIENTO!  Hablar de sexo» era tema tabú en mi casa. Aunque mi padre lo contaminaba todo con su lujuria, él imponía el silencio. Era su Pensa-monio Regente o Dominante… pero prohibido mencionarlo, prohibido mencionar la prohibición de mencionarlo. Yo me hacía la idea de que «el sexo, la sexualidad», era algo malo, que no se podía nombrar ni hablar de él, aunque mi pudor natural desaprobaba, molesta, los hechos, los actos lujuriosos o impúdicos que veía suceder.

Cuando mi hermana Cecilia tuvo su primer menstruación mi padre ordenó a mi madre que nos cortara el pelo a las dos. Y así lo hizo, parecíamos varoncitos. En otra oportunidad pregunté a mi madre qué eran las pastillas anticonceptivas y me contestó: «¿Por qué? … ¿Querés usarlas?»Y eso fue todo. Ella siempre secundaba, ante nosotras sus hijas, la disciplina del secreto dictada por su esposo, ante cuya patología sexual ella era impotente y muda.  Viendo cómo se había irritado mi madre con mi pregunta no volví a preguntarle nunca más sobre asuntos de sexo. Me quedé con la intriga de si eran patillas para el dolor de cabeza o de barriga. Sin embargo algunas veces se le escapó a mi madre, ante mí, el lamento: «Tu padre me trata como si yo fuera una prostituta». Y se refería al maltrato en la intimidad matrimonial.

El terreno doméstico se iba preparando para precipitar la caída, mi caída… el veneno ya había empezado a actuar. Cuando en la casa no se recibe formación en el amor, los de afuera se adelantan a tu «iniciación sexual sin amor». El torrente ambiental se desbordaba socavando los cimientos de mi alma y de mi hogar, y mi hogar estaba construido sobre arena. En este punto de mis confesiones me llega el momento de referirme a mis padres. Los que debieron ser y no fueron los maestros naturales de nuestra educación en el amor y la vida sexual. En cambio en nuestra casa éramos espectadores de la patología sexual de mi padre y de su carácter iracundo y de la debilidad de mi madre y su sumisión de esclava ¿acaso esclava sexual?.  Ella la tenía miedo y él la tenía sometida.

EL NOVIAZGO DE MIS PADRES. Cuando se ennoviaron mi padre estaba encantado con esta novia, mi madre era muy hermosa, culta y educada. Mi madre creo que  se ennovió con él más por la insistencia de mi padre, porque ella – me enteré – seguía enamorada (¡Oh el amor perdido!) de un novio que había tenido ¿la habría engañado y abandonado? No lo sé. En ese entonces mi madre estaba estudiando magisterio y se había quedado a vivir en Montevideo en casa de una tía materna suya, porque mi madre y su familia vivían en el campo . Para desgracia de mi madre, en un momento, su tía, tía abuela mía, le puso un ultimátum: «si no te casas con él tienes que volverte al campo con tus padres» . Eso significaba la interrupción de sus estudios y su carrera de magisterio quedarse sin su futura fuente de trabajo. Así que, quizás en parte acorralada por los hechos, se terminó casando con mi padre que vivía encaprichado con ella.

Mi madre siempre fue una mujer muy pudorosa, y mi padre muy mujeriego. Supongo que ella accedió a hacerse la distraída cuando mi padre se trajo una amante a casa los fines de semana, para que no la molestara más con sus «pedidos» que la hacían sentirse tratada como prostituta. Es por ese motivo que supongo ella se volvió tan absorbente con nosotras porque éramos el único cariño que tenía y por eso nos sobreprotegía y de esa manera nos generaba dependencia para que no la dejáramos. Es entonces que dejamos de tener madre para tener una amiga, con un enemigo en común…mi padre. 

LA AMANTE DE MI PADRE CON HABITACIÓN EN CASA LOS FINES DE SEMANA 

 Yo recién la empecé a ver venir a casa a esa mujer alrededor de mis 6 años cuando nació mi hermana . Resulta que esa compañera de trabajo de mi padre y se presentó de visita a mi madre, estando mi madre en el sanatorio, recién parida y con mi hermanita menor en brazos y al pecho. Y en esa circunstancia le dejó caer a mi madre esta frase malvada: «no te sientas tan contenta con la hija que acabas de tener porque tu marido anda con mujeres».  Típica agresión de amante, tendiente a apartar a la esposa y ocupar su lugar junto al dueño de casa.

Al poco tiempo de nacer mi hermana, cuando yo tenía unos 8 años, nos mudamos de casa. Y es a partir de esa mudanza que mi padre dispuso una habitación en el nuevo domicilio para «la compañera de trabajo» bajo pretexto de que tuviera dónde pasar los fines de semana. En esa habitación privada tenía ella su cama y su placcard.  En otra habitacíón dormían mis padres y en otra nosotras tres, la menor con dos añitos, mi hermana mayor todavía con doce y yo con mis ocho. Allí se quedaba con nosotros  todos los fines de semana durante unos ocho años, compartiendo el lecho de ella lecho con mi padre y la mesa con nosotras. Todo ante las narices mi madre, a su vista y paciencia. Esa situación duró hasta alrededor de mis 16 años.

La intrusa trataba de conquistarnos con regalitos, pero yo siempre la rechacé. Nos hacía todos regalos caros y trataba de conquistarme a toda costa. Cuando cumplí 15 me regaló un anillo de plata, era una serpiente en cuyo ojo tenía engarzada una esmeralda. Lo sentí una ofensa, como que me deseaba el mal.

Justo por la época de la mudanza, a mis ocho, coincidió que tomé la primera comunión. Y en esa época yo sufrí mucho porque mis padres tomaron distancia de mis abuelos paternos. Yo no sé  y me pregunto todavía, si la intrusión de la amante era una medida cruel de mi padre contra mi madre por alguna limitación sexual que mi madre impondría en la relación marital a exigencias patológicas de mi padre y que le herían la dignidad a ella. Tampoco sé si la distancia que tomaron mis abuelos, o quizás mi padre de ellos, no se debió al escándalo familiar.

Mi padre también la humillaba y mal trataba a mi madre en gestos menores pero muy dolorosos, por ejemplo rompiendo sus pinturas. Ella dibujaba impresionantemente bien y en una oportunidad había hecho el retrato de nosotras tres ¡Retrato que mi padre que mi padre hizo pedazos airadamente! Él no quería que pintara porque despertaba admiración en la gente. Supongo que tendría miedo a perderla y él, sintiéndose inferior a ella, trataba de anularla para que no se fuera con otro. Mi madre hoy en día sigue buscando esa mirada de reconocimiento y admiración en la gente por esa herida, y a toda costa necesita ser aprobada y alabada. Quizás la relación entre mi padre y mi madre fue lo que el psicólogo Hugo Marietan llama «El Psicópata y su complementaria». La conducta de mi madre resulta inexplicable y parecería la de la complementaria del psicópata. En cuanto a mi padre, pienso que le cuadra en muchos aspectos la descripción del depredador, maltratador emocional que pinta la psicóloga Pilar Muñoz  en sus videos. Nuestro padre había impuesto la opinión familiar de que ser «bien hombre» era ser mujeriego y violento, bien macho y bruto con su mujer.

Cuando apareció está señora mi padre dejó de mostrar intenciones «impúdicas» con nosotras, pero la violencia contra nosotras se recrudeció junto con la bebida. Nos gritaba e insultaba, era terrible. Yo no podía mirarlo a los ojos del miedo que me daba. Creo que yo lo odiaba. Gracias a Dios teníamos el consuelo de la ternura y el buen ejemplo de mis abuelos. También mi madre era cariñosa pero su amor era muy posesivo.

LA AMANTE DE MI PADRE CON SU HABITACIÓN EN CASA En cuanto a la amante de mi padre a la me referí antes, cuando traté del intento de suicidio de Cecilia, mi hermana mayor. En ese momento yo ya había  la había acompañado a los bailes y ella me había instruido con sus consejos de «experta». Mi «consejera» había intentado el suicidio. Yo mencioné a la amante porque, por exigencia mía, la obligaron los padrinos de mi padre a dejar la habitación que mi padre le había dado en casa. Relaté que con motivo del intento de suicidio de mi hermana mayor, yo le expuse a los padrinos de mi padre que, para reconciliarme con él, una de las condiciones es que la amante no viniera más a casa ni tuviese habitación en casa. Porque desde la mudanza a aquella casa la amante ya tenía su habitación en casa, en la que pasaba los fines de semana ¡desde hacía unos ocho años! Había llegado a casa teniendo yo ocho años y dejó su habitación hacia mis 16.

La intrusa era viuda, una mujer de gustos refinados. Uno de los compañeros de mi padre me dijo que esa señora además de andar con mi padre andaba con el decano de la facultad donde mi padre trabajaba. Cuando ella venía, mi padre nos hacía a mi hermana Cecilia  y a mí, tocar el piano para entretenerla. Entre que no me gustaba llamar la atención, tener que tocar el piano para ella me fastidiaba. Ella había tomado tal poder en mí casa que cuando mi hermana Cecilia quería salir a bailar no le preguntaba a mi madre, sino que iba directamente a ella a pedir permiso porque seguro mi padre a ella le iba a decir que si.

En cuanto esta señora se fue de la casa, mi padre comenzó a molestar a las esposas de sus hermanos. Una de ellas me dijo delante de su esposo (nada más ni nada menos su hermano) «tu padre me quiso coger».
Como ve, mi padre no respetaba nada. Una amiga mía me dijo en una oportunidad que no iba más a mi casa porque mi padre se metió con ella y la invitó a ir cuando no hubiera nadie en la casa.

 

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