
DISTRACCIONES MESIÁNICAS DE LOS CATÓLICOS
Y SUBSTRACCIÓN DEL CULTO EN ESPÍRITU Y VERDAD
VOLVIENDO A LO VIVIDO
Memorias maestras de vida
- Horacio Bojorge Cervetti S.J.
Para que mis memorias sean útiles para los que vendrán, voy a contar mi experiencia histórica frente a los intentos de teología política de los teólogos de la liberación. Ya no se habla de ella como no se recuerda el andamiaje que sirvió para levantar un edificio. La teología política, llamada de la liberación, se edificó sobre una o más distracciones tan monumentales como inadvertidas.
1ª) Respecto de la preexistencia de teologías políticas europeas. Se creyeron creación de un genio latinoamericano original.
2ª) Respecto de los principios y la finalidad de la ciencia teológica
3ª) Respecto del sentido literal de la Sagrada Escritura y de todo el magisterio y la tradición normativa al respecto.
4ª) Respecto de la existencia y contenido de la Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II sobre cuya existencia parece haber pasado distraída la academia teológica católica y la homilética.
5ª) Y por último, la peor de todas, la distracción de la primacía y centralidad del Culto como guía e inspiradora de toda la vida “secular”. Es lo que señaló Dimas Antuña: “No nos bastaba caer en los pecados que caemos también en las virtudes”. Es decir, según entiende Dimas, cayendo del Culto en que se ejercitan las virtudes teologales, al plano de las virtudes morales sin más, incurriendo en distracción de la centralidad del Culto.
Una de las más, quizás la más llamativa distracción con la que me he enfrentado en mi vida de sacerdote y escriturista ha sido la invasión cancerosa, de la libre interpretación protestante en los medios académicos católicos, en el púlpito y los círculos bíblicos. Esa distracción sirve para camouflar y la distracción en la inmanencia, la secularización disfrazada de celo religioso, y la agresión multimodal al culto verdadero “en Espíritu y en verdad” (Juan 4, 23)
La Iglesia católica siempre había cultivado el sentido literal de la Sagrada Escritura y se caracterizaba por ello. Esa cancerización significó la anarquía interpretativa, porque sustituyó la exégesis por la eis-égesis. Sustituyó la escucha atenta y obediente del sentido divino de la escritura inspirada, por la veleidad en la invención de sentidos múltiples. El resultado no fue teología sino ideología, a la que se disfrazó como teología política o de la liberación.
Me detengo un momento a explicar el tipo de distracción al que me refiero.
DISCERNIMIENTO DE LA DISTRACCIÓN COMO DESOLACIÓN SEGÚN SAN IGNACIO
Me refiero aquí al tipo de distracción de la que trata san Ignacio de Loyola de Loyola en la quinta regla de la segunda serie de reglas para sentir y conocer las varias mociones que en el alma se causan. En esta serie de reglas San Ignacio da reglas para discernir la acción de los espíritus o pensamientos en las personas que van en la vía iluminativa y unitiva. Diríamos: “los católicos más fervorosos y santos en su vida espiritual”. Los que quieren ordenar su vida según el principio y fundamento, es decir, vivir para lo que han sido creados: alabar, adorar y servir a Dios. Poniendo a Dios primero en sus vidas, saliendo de sus pecados y ordenando sus pasiones.
Los que Dios ha puesto en estas disposiciones espirituales son los más propensos a ser engañados por pensamientos, razonamientos, planteos que se presentan con apariencia de bien, para luego desviarlos, provocando el enfriamiento, la abdicación o desviación del buen camino, e incluso inducirlos a la apostasía; primero de hecho y por fin abierta y explícita.
Inserto aquí las tres reglas de segunda semana a las que me refiero y donde se encuentra el concepto de “distracción”.
[331] La tercera regla: Con causa puede consolar al alma así el buen ángel como el malo, [mediante pensamientos, ideas, discursos, doctrinas] por contrarios fines: el buen ángel por provecho del alma, para que crezca y suba de bien en mejor; y el mal ángel para el contrario, y adelante para traerla [=ulteriormente] a su dañada intención y malicia.
[332] La cuarta regla. Propio es del ángel malo, que se forma sub angelo lucis [=se disfraza de ángel de luz], entrar con el alma devota y salir consigo; es a saber, traer pensamientos buenos y santos, conformes a la tal ánima justa, y después poco a poco procura de salirse, trayendo al alma a sus engaños cubiertos y perversas intenciones.
[333] La quinta regla. Debemos mucho advertir el discurso de los pensamientos; y si el principio, medio y fin es todo bueno, inclinado a todo bien, señal es de buen ángel; mas si en el discurso de los pensamientos que trae, acaba en alguna cosa mala, o distractiva, o menos buena que la que el alma antes tenía propuesta de hacer, o la enflaquece, o inquieta, o conturba al alma, quitándole su paz, tranquilidad y quietud, que antes tenía, clara señal es de que procede de mal espíritu, enemigo de nuestro provecho y salud eterna.
Veamos algunos ejemplos de distracciones padecidas en el catolicismo
- MOVIMIENTO PARA EL MUNDO MEJOR y LA PASTORAL DE CONJUNTO
Considero que a estos pensamientos distractivos con apariencia de bien se generalizaron en el catolicismo o pueblo católico en forma de ideologías pastorales y de espiritualidad. Pensamientos que, siendo buenos en sí tuvieron un efecto “distractivo” de lo que es esencial en la vida de la Iglesia, es decir un insensible deslizamiento de la mística bautismal y el culto eucarístico, hacia empeños que podemos calificar de mesiánicos.
Apelando a mi propia experiencia biográfica, pienso en el Movimiento para el Mundo Mejor, pienso en el proyecto pastoral conocido como pastoral de conjunto. Mirados retrospectivamente, fueron esos movimientos, los que inspiraron lo que pudo haber de distraído en el campo litúrgico y ecuménico por un afán de abrir puertas cerradas. Y fueron todos ellos a su vez, dispositivos a las así llamadas “teologías” políticas o “de la liberación”.
El mundo católico se distrajo de algunas enseñanzas centrales de Jesucristo: “No someter la vida cristiana a la opinión del mundo”, “No insistir en las puertas que se cierran”.
La fisiología de estas distracciones espirituales podría describirse como una dislocación o luxación. La teología tiene sus principios, su cuna y su meta en el ámbito de las virtudes teologales. A ellas se refiere San Ignacio en el principio y fundamento de sus Ejercicios y en la triple finalidad de los Ejercicios: ordenar todas las pasiones del alma al fin último.
La distracción política de la teología consiste en la dislocación por la que se sale de su centro de interés y por eso insensiblemente se aparta de sus principios revelados, o los somete a interpretaciones ideológicas. Enfocar la atención en proyectos y actividades que son predominantemente del orden moral, como es la esfera de lo político, y aún el de la cultura, incluso “la cultura católica”.
Así se ha podido ver en el mundo católico que aquéllo que conocimos por “Caritas” (Internacional o diocesana) aunque lleva el nombre de la virtud de la Caridad, se aplica preferente o exclusivamente a las obras de misericordia corporales, con olvido y a veces con la explícita exclusión de obras de misericordia espirituales, como es la evangelización, la primera y mayor obra de misericordia y caridad que consiste en “Enseñar al que no sabe”. Y aquí se alude al evangelio y no a las matemáticas
Durante las primeras etapas de formación en mi vida religiosa, en el juniorado que pasé en Chile (1955-57), y luego en mis estudios filosóficos en Argentina, circulaba este pensamiento aparentemente lógico: “No se puede predicar el evangelio al que tiene el estómago vacío”. Me pareció en esos años un dogma de una consistencia inconmovible como la roca. Pasados los años, cuando fui a estudiar teología en Holanda, mis compañeros holandeses me explicaban que la principal dificultad para despertar el interés religioso era el bienestar económico y social generalizado.
Recién entonces pude darme cuenta de la falsedad de ambas convicciones. Comprendí que, al decir de san Pablo a Timoteo debemos predicar el evangelio con oportunidad o sin ella a los que ya creen y están bautizados. Sólo debemos abstenernos de insistir ante las puertas que se cierran que son, muy a menudo, la puertas del mundo tanto de la macro como de la micropolítica. Y son las metas de los que quieren encadenarnos a tareas mesiánicas
Retomo ahora el desarrollo de mi exposición
Llamo pues distracción a ese hecho del que me he ocupado a lo largo de mi vida sacerdotal y que me sigue provocando a pensar y sobre todo a discernir.
Es asombroso que existiendo como existe una tradición y un magisterio eclesial clarísimos sobre la hermenéutica bíblica, normada — desde León XIII en adelante — 1º) en varias encíclicas pontificias y 2º) finalmente en el Concilio Vaticano II por La Dei Verbum; en la práctica haya predominado y siga predominando, en la práctica de muchísimos grupos de biblia, la libre interpretación y la sola Escritura. Y esto desde la academia, pasando por la homilética, y llegando a los grupos bíblicos.
ME HE OCUPADO DE ESTO EN POR LO MENSO SEIS OPORTUNIDADES Y ÉSTA ES UNA MÁS…
A causa de la persistencia tenaz, impune, de esta praxis protestante en campo católico, me he ocupado por escrito por lo menos en seis principales oportunidades durante mi vida.
Es suficiente reproducir aquí solamente el primero de esos seis hitos históricos para documentar esa invasión del sentido acomodado en las Sagradas Escrituras. El sentido literal ha sido formalmente sustituido por sentidos arbitrarios y hoy resulta inaccesible a los fieles. Las consecuencias son trágicas para la Teología, la catequesis, la homilética, la espiritualidad. Y sí se ha incurrido en distraerse de la centralidad del culto a Dios que subraya la Sagrada Escritura y cómo las ideologías parasitan el sentido literal y lo pervierten a sus fines.
ÉXODO Y LIBERACIÓN
Ese primer escrito que recuerdo haber dedicado al tema, fue un breve artículo de sólo cinco páginas, titulado: Éxodo y Liberación[1] publicado en la revista Víspera en diciembre de 1970.
En él cuestionaba el uso acomodado y extra-bíblico que autores de la teología política de la liberación, Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Juan Luis Segundo, y otros, hacían del relato del Éxodo, para usarlo como paradigma de la liberación social y política. Liberación a la que ellos se referían adoptando un enfoque a-religioso no sólo ajeno, sino contrario, al sentido literal y sobre todo tipológico del relato.
Yo les señalaba a sus oídos sordos, les señalaba allí, repito, que el fin último que, según el relato bíblico, mueve a Dios para obrar la liberación del pueblo es de orden cultual: “deja salir a mi pueblo para que me rinda culto en el desierto”[2].
“El Éxodo – escribí entonces -, es liberación, no sólo – ni tanto -, porque libra de la esclavitud y saca de Egipto, sino – y principalmente – porque es la etapa previa e imprescindible para entrar en una tierra donde sea posible dar culto a Dios, y sólo a Él, no sólo en y por el culto, sino mediante toda la vida, en la observancia de sus preceptos, o sea, habitando en el País de Dios según el beneplácito de Dios”.
Los teólogos de la liberación se desentendían de este término “ad quem” religioso y cultual de la gesta liberadora de Egipto. En realidad, según todo el contexto bíblico, sólo allí, en ese término, culminaba la libertad. No en la pura salida de Egipto. Obviamente, este aparente olvido o distracción, implicaba de hecho la negación del culto como libertad suprema.
Llamé la atención, en aquél breve escrito, sobre el hecho de que en hebreo, la palabra avodáh significa tanto la esclavitud en Egipto como el cultivo de la Tierra santa y también el culto a Dios.
Avodáh es culto, cultura y cultivo. Y diría que por ese orden y de forma inescindible. El culto es la fuente de la cultura y la cultura gobierna la relación del hombre con la Tierra prometida como don de Dios, y las demás relaciones de la vida familiar, social y política.
Invocaba en aquel artículo el comentario al Libro del Éxodo del afamado exegeta francés Georges Auzou titulado significativamente: “De la esclavitud al culto”[3]. La seria exégesis de Auzou muestra que Dios es, en el relato bíblico, el autor: 1º) tanto del ex-odos de Egipto cuanto 2º) del eis-odos en la Tierra prometida. Dios saca de Egipto con la finalidad de introducir en la Tierra donde se le rendirá culto, – no sólo en el Templo -, en las grandes fiestas, sino con toda la vida que en esas grandes fiestas se celebra.
Dios es el agente soberano y omnipresente de todo el relato liberador, donde la salida de Egipto es lo de menos en comparación con la meta[4]. Dios comienza hablando de la situación en que se encuentra el pueblo, sigue prometiendo que los librará y castigará a sus opresores, continúa manifestando su intención de hacer alianza con los hijos de sus amigos los patriarcas, con todo lo cual se hará manifiesta su gloria, por medio de una revelación más perfecta de su nombre: Yahwé: El que es, el que está, el que está a favor de los suyos, el que obra a favor de los suyos. Conocido ahora por su verdadero nombre, el mismo Dios que los libró de Egipto, los introducirá en la Tierra que había prometido.
Después de asentar esto, continuaba yo el desarrollo lógico de mi escrito mostrando que, “Si los temas del Éxodo (y de la posesión de la Tierra, etc.) tienen algo que decir para el cristiano de hoy, ese algo se debe interpretar a través de Cristo”. Y hoy aclararía: de la vida entera vivida en clave bautismal de divina regeneración y en clave eucarística como sucede en el Camino Neo-catecumenal iniciado por Kico Argüello y Carmen Hernández.
Apoyaba en ese artículo mis afirmaciones en el siguiente argumento, tomado del número 16 de la Dei Verbum: “Dios es el autor de ambos testamentos, de modo que el Antiguo encubriera el nuevo y el Nuevo descubriera el Antiguo”.
El Nuevo Testamento y la liberación que trae Cristo es la que arroja luz sobre el sentido de la liberación del Éxodo de Egipto y la Entrada en la Tierra. Por eso, proseguía argumentando: “La fundamentación bíblica de una teología de la liberación debe tener en cuenta, al acudir al Antiguo Testamento, la trasposición cristológica y esjatológica de los temas vetero-testamentarios que ha tenido lugar en el Nuevo Testamento”.
Yo le objetaba a estos autores que: “Retroceder al Éxodo saltándose a Cristo, equivalía a cerrarse las puertas a la comprensión de la auténtica liberación del cristianismo y del hombre”. Y que “Por lo tanto, la pregunta central que debe plantearse una teología (política) de la liberación es acerca de la índole de la libertad que ofrece Cristo. Un salto hacia el Éxodo, omitiendo esta pregunta, equivaldría a una regresión, a una vuelta al pasado que no está lejana de las estructuras y procedimientos de la mentalidad y el pensamiento mítico”. Es decir, al mito del eterno retorno.
Continuando con las correcciones hermenéuticas, agregaba, invocando las normas de la Dei Verbum en su número 12: “El principio hermenéutico de la totalidad, exige que consideremos los temas del Éxodo como un momento de una historia. La teología de la liberación no puede desentenderse – si quiere argumentar desde la Escritura – del “para qué” y del “hacia Donde” de una liberación”.
A lo que agregaba que: “El principio de unidad de ambos testamentos impide a su vez un salto mítico a los orígenes y a la esperanza de su retorno, y nos enfrenta a la tarea de desentrañar las implicaciones actuales de la libertad cristiana. Este principio de la unidad de la historia, de su linearidad y no ciclicidad, plantea a la teología de la liberación una pregunta doblemente difícil: ¿cómo libera Cristo? Y ¿cómo [y de qué] nos libera Cristo hoy?”
Es obvio que para la teología de la liberación, la libertad de los hijos por ser hijos es algo carente de significación y de importancia y a eso aludía mi pregunta.
Cerraba el artículo con una serie de preguntas que en realidad cuestionaban la hermenéutica bíblica del discurso liberacionista: “La consideración combinada de ambos principios [hermenéuticos] – escribía – coloca a la teología entre otras preguntas igualmente serias: ¿Cuál es el papel de las realidades terrenas en la economía de salvación-liberación cristiana? Parece claro que en el cristianismo, la salvación ya no está vinculada a un lugar geográfico: Palestina. Pero ¿qué significa esta desvinculación?”
Y después de plantear algunas preguntas más, concluía con un cuestionamiento a fondo de la acomodación del Éxodo al programa político liberacionista, diciendo: “Si bien estas son las preguntas finales de este trabajo, no son las preguntas últimas. Nos quedan todavía algunas preguntas que tocan las raíces mismas del esfuerzo teológico al que hemos deseado hacer un aporte: ¿cuál es la auto comprensión del hombre que hoy en día busca elaborar una teología de la liberación [y fundamentarla bíblicamente]? ¿Por qué echa tan espontáneamente mano de los temas del Éxodo? ¿Por qué se siente más inclinado a ellos que a los temas del Exilio, por ejemplo? ¿Por qué Egipto y no Babilonia? ¿Por qué el Faraón y no Nabucodonosor? Aunque no sean estas las preguntas que suele plantear el hombre de hoy a la Biblia, bien pudieran ser las preguntas que la Biblia le plantee al hombre de hoy… o que le pueda plantear si éste se deja interpelar por ella”.
En efecto ¿por qué no pensar que la situación de injusticia social y económica se debe a haberse apartado de Dios y haberse vuelto a los ídolos y desoído a los profetas? ¿Por qué no pensar que la liberación debía obtenerse por la conversión y la vuelta al Padre, fuente de aquella libertad de la que nacen todas las demás libertades y sin la cual perecen todas sustituidas por todas las esclavitudes? ¿Estamos ante un pueblo inocente y oprimido injustamente, o estamos ante un pueblo apóstata que se ha precipitado a sí mismo en la esclavitud al apartarse del Padre?
Hoy, con mayor perspectiva, sé que el catolicismo es objeto de una persecución consecuente y sistemática por fuerzas históricas y que la persecución produce santos mártires, pero también multitud de apóstatas.
Sobre este articulillo se cernió un gran silencio. Sé que produjo incomodidad. Leonardo Boff lo comentó en privado, y se inspiró en él para tratar de colonizar ideológicamente el tema del exilio, pero se guardó de dialogar con él. No podía diálogar sin evidenciar que los planteos liberacionistas se desentendían tanto de una exegesis seria del Antiguo Testamento, cuanto de su sentido tipológico (contenido en su sentido literal y por lo tanto inspirado por Dios).
Dios mismo nos ha revelado que la esclavitud de Egipto es figura del pecado, que el paso por el mar rojo lo es del bautismo, y la Tierra Prometida es tipo del Padre en la patria celestial. Sólo aquéllos para quienes esto ya no significa nada, ¡se atreven a parasitarlo y hacer de ello argumento ideológico!
La acedia de estos liberacionistas por esta referencia a la verdad tipológica contenida en la Sagrada Escritura era tan grande; la censura previa impuesta al pensamiento y a la explicitación de la doctrina cristiana eran tan violenta; y su búsqueda de la verdad tan insincera, que, cuando se les ponía ante los ojos, miraban para otro lado.
En resumen:
Este procedimiento doloso y doloroso que encontré en aquella primera ocasión, me lo he vuelto a encontrar y no dejo de encontrarlo ya anciano en las continuas desviaciones mesiánicas que lo que en realidad operan es birlar la centralidad del culto, su máxima importancia y el sentido último de la vida y la historia.
Al mismo tiempo, aún dentro de los que se toman en serio el culto, surge una antinomia paralela con la que nos presenta Juan 4, 19,23. La mujer samaritana le pregunta cuál es el culto válido ¿el de Jerusalém o el de Samaría” Y la respuesta es también aplicable a hoy.: “llega el tiempo en que los verdaderos adoradores, adorarán al Padre en Espiritu y en Verdad”
NOTAS
[1] Éxodo y Liberación, en: Víspera (Montevideo) (Oct.-Dic. 1970) Nº 19-20, pp. 33-37
[2] Éxodo 7, 16; 8, 16. 21-23; 9, 1.13; 10, 7-9;
[3] Georges Auzou, De la Servitude au Service (Col. Connaissance de la Bible 3) Ed. de L’Orante, Paris 1961. La traducción castellana existente tradujo infelizmente: De la servidumbre al servicio (Col. Actualidad Bíblica 2) Ediciones Fax, Madrid 1979
[4] Y eso se ve principalmente en el fragmento Éxodo 6,2-8