CORPUS CHRISTI
HIMNO DE CORPUS y COMENTARIO

HIMNO DE CORPUS

¡Oh cuánto amor!
¡qué grande amor
prepara este banquete
de las fiestas de bodas del Cordero
donde el más pequeñito es el más grande,
donde el último siempre es el primero.

Hazme pequeño, y úngeme Señor
para el banquete de tu amor divino.
Derrama en mi cabeza tu perfume
y vísteme de lino.

Con el Aceite santo de tu amor
perfumas al mendigo
y lo consagras como a tu invitado.
Del siervo haces amigo.

¡Oh cuánto amor!
¡Cuánto amor me tenías
y yo no lo sabía!

En esta fiesta alegre de tu amor
colmada está mi copa
En esta santa fiesta, en este día
mi alma… de amor desborda,
desborda de tu amor el alma mía.

Embriagada de gozo con tu vino
quiero ofrecerte un sorbo de este gozo
que me escancia tu mano, dulce Esposo,
Ven a beber de mí tu amor divino.

¡Cuánto tiempo sentado junto al pozo
me pedías de beber y no te daba
porque no sabía amar,
y no te amaba!

Mi alma también tenía
eterna sed de ti y no lo sabía.

Hasta que tu fatiga
se encontró con la mía junto al pozo.
Tu sed con la sed mía.

Tú Dios-Amor,
Dios pordiosero
pordiosero de amor, amas primero.

Yo andaba pordiosero en mis caminos
Tú me entraste en la sala del banquete
Tú lavaste mis pies de peregrino
(¡Dios postrado a sus pies ¿quién lo merece?!)
y te me diste en pan y en dulce vino.

Y aunque tu amor fue tanto,
más es lo que promete
más es lo que prepara…
y es más lo que adivino.

¡Oh cuánto amor!

Horacio Bojorge Cervetti S.J.

COMENTARIO  AL HIMNO DE CORPUS
Por Ana Gabriela Casalá OSB [1]

Lo primero que se presenta a nuestra contemplación es el gran amor que Dios nos tiene en el Misterio de la Eucaristía, hasta el punto de quedarse para siempre con nosotros.

            El primer símbolo que aparece es el del Banquete. Este no es un banquete de bodas como de los que todos hemos participado alguna vez: es el banquete de las Bodas del Cordero. Es la Ciudad Santa, Jerusalén que baja –  según la visión de San Juan – del Cielo, engalanada como una novia ataviada para su Esposo (Ap. 21.2). Se trata de los desposorios de Jerusalén con su Dios (Isa 65, 18; 61, 10; 62, 4-6) y del ideal del Éxodo finalmente conseguido (ver Oseas 2, 16 y la nota de la Biblia de Jerusalén a Ap. 21,2). Y en el Nuevo Testamento se trata de las Bodas de Cristo con la Iglesia.            San Pablo exhorta a los esposos en Efesios 5, 23 a amar a sus mujeres como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella para santificarla.

            Bajando a nuestra realidad concreta: cuando comulgamos estamos participando de ese Banquete de las Bodas de Cristo con su Iglesia, con cada uno de nosotros.

            El himno proclama que en este Banquete el más pequeñito es el más grande, el último es siempre el primero. Para Jesús los pequeños son los que no tienen dinero ni fama, ni poder; son los que, a los ojos humanos, no valen nada; esos son los primeros invitados, los primeros. Jesús bendice al Padre diciéndole: “Yo te bendigo, Padre, porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes y se las has revelado a los pequeños” (Mateo 11, 25 y paralelos en Lucas 10, 21-22 y ver 1ª Corintios 1, 26-28)

            En Mateo 10, 42 Jesús alaba a los que dan de beber un vaso de agua fresca a los pequeños por ser discípulos, asegurándoles que no perderán su recompensa. La nota de la Biblia de Jerusalén aclara que los pequeños son los Apóstoles enviados en misión.

            En Mateo 18, 1-4 al acercarse los discípulos para preguntarle “¿Quién es el mayor en el Reino de los Cielos?” Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: “Yo os aseguro , si no cambiáis y no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues quien se haga pequeño como este niño ése es el mayor en el Reino de los Cielos”

            A partir del segundo verso el himno de alabanza se transforma en una delicada súplica que surge del interior del que, al unirse al Señor, descubre su infinita pobreza  y pequeñez: Hazme pequeño. . . Y siguen los temas bíblicos de la unción y pide ser ungido. El mismo Jesús fue ungido en Betania por María, en casa de Simón el leproso, cuando derramó el frasco de alabastro sobre su cabeza (Mateo 26, 6). Después el autor pide a Señor su perfume, el perfume santo de su amor. Este pasaje nos recuerda el Salmo 22 (23), 5: “me unges la cabeza con perfume y mi copa rebosa”, porque se siente oveja de ese Pastor y desea siempre ser amada y conducida por Él.

            Junto al pedido del perfume va la petición vísteme de lino. En Ezequiel Dios viste con vestidos recamados a la que levanta de la miseria, la calza con sandalias de cuero fino, una banda de lino y un manto de seda. Y se compromete con juramento a hacer alianza con ella (Ezequiel 16, 10). En Apocalipsis 19,8 “La Esposa del Cordero está engalanada y se la ha concedido vestirse de lino de blancura deslumbrante. El lino son las buenas acciones de los santos”.

            Siguiendo el poema, después de perfumado con el aceite santo de su amor, lo consagra como invitado. En una frase de cuatro palabras: del siervo haces amigo, se resume el pasaje de San Juan 15, 15: “No os llamo siervos. . . a vosotros os he llamado amigos”

            Después de un estribillo semejante al del comienzo del himno, ya desborda el alma de amor ante don tan excelente y con excelente delicadeza le ofrece el Señor un sorbo del gozo recibido: ofrece un sorbo del amor divino al Esposo que de Él lo había colmado.

            A continuación aparece el tema de la Samaritana y el tema de la sed, el autor dice al Señor: Mi alma también tenía sed de ti y no lo sabía. Hasta que tu fatiga se encontró con la mía junto al pozo. Tu sed con la sed mía. El Dios Amor, pordiosero de nuestro amor, lava nuestros pies de peregrinos..

            El himno que empezó con el Amor va concluyendo con el lavatorio de los pies (Juan 13), magnífico broche que cierra el ciclo del Amor de Dios a los hombres, de Jesús a los suyos y de los suyos entre sí. A ellos Jesús les dice: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?. . . Pues si el Señor y el Maestro os ha lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros” (Juan 13, 12-14). ¡Dios postrado a sus pies ¿quién lo merece?! Y te me diste en pan y dulce vino.

            El himno acaba sin acabar porque el autor intuye en la contemplación que el amor es mayor aún: más es lo que promete, más es lo que prepara . . . y es más lo que adivino.

 

[1] Publicado en el CLAM Leccionario Dominical y Festivo Nº 223 Mayo-Junio 2005

6 comentarios en «CORPUS CHRISTI
HIMNO DE CORPUS y COMENTARIO
»

  1. Este Himno de Corpus: lo rezas, lo escuchas, lo cantas y vuelves a empezar porque no te sacia. Su belleza, finura, ternura, delicadeza de la fe… arrollan el alma del lector, de quien contempla. Corpus, Fiesta del amor de Dios Trinidad, de las Bodas de Cristo con su Iglesia, con cada bautizado. Encuentro de Dios pordiosero, con el pordiosero de Dios… Estos son los elegidos, los pequeños -que creen en El- los sedientos de Dios, los ungidos y perfumados por el Buen Pastor; vestidos de lino, de virtudes, se dejan amar tras los humildes gestos del Maestro: que lava sus pies de peregrinos y espera nos lavemos unos a otros. Insondable misterio: el Himno oculta un misterio: cuánto más sacia, más hambre despierta. “Bienaventurados los invitados a las Bodas del Cordero” y que acuden a ella.

  2. De este banquete, se puede participar y vivir, místicamente de él. Llevarlo y nutrirse de él a lo largo del día, que te va elevando al Banquete Eterno, a unirte a la asamblea de Ángeles y Santos, presididos por la Reina, en la eterna alabanza a la Trinidad Santa, Trinidad Dios amor

  3. Bellisimo Himno de Corpus!!!! Gracias padrecito por darlo a conocer, mas aun, por comentarlo. Es tan bello como profundo. Que Misterio tan grande… se diò y se sigue dando, hasta el infinito… el verdadero Amor es asi. Señor, a cuantos nos habras dicho: «,,, si conocieras el Don de Dios y quièn te dice, dame de beber…» alli nos revelas Tu Santo Espiritu y, mas adelante, te das a conocer Tu mismo y lo haces de una manera tan radical que no dejas dudas de que eres el Mesias, el Hijo del Dios Vivo.
    Si el gozo del rey David fue tal que danzò alrededor del Arca de la Alianza, què haria frente a la Santa Eucaristia?? o sea frente a Dios mismo!!! aquello era Ley aqui es el Amor. Y ese Amor hoy sale por las calles a nuestro encuentro. Dancemos para dar gracias a nuestro Dios y Salvador por Su Amor, Su Amor Eterno.

  4. ¡Padre, Padre, Padre!
    ¿Qué puede decir una pordiosera de amor, luego de este encuentro humilde, pequeñito, con tan sublime misterio, que, desde una mística experiencia del autor, algo podemos intuir?
    No tengo palabras para expresar lo que he recibido en este retiro del día de Corpus. «Mi Amado a mí y yo a mi Amado».
    Agradecer a Dios y agradecerle este regalo doble: el Himno y su comentario. Cuanto más lo canto, más necesito cantar, porque no acabo de corresponder en fe y amor, lo que el Señor nos regala. Es tan grande que me sobrepasa. Así es nuestra fe, así se nos muestra Dios.

  5. Padre, releo sus mensajes, que son los del Señor.
    Este himno te trae un consuelo diferente porque el contenido raya en lo místico y el Señor te permite vislumbrar, pero uno no puede ir mucho más; no es consolación sensible, puede ser intelectual – ¿se acuerda que nos explicaba el Pa? -, incluye la memoria, pero es con una respuesta de amor y gratitud por encima de lo sensible. Ni sé explicar, ni entiendo. Por lo que leo en Juan de la Cruz, comentario al Cántico Espiritual, la consolación, cuánto más supera lo sensual ¿los sentidos? mayor gracia, por tratarse de la sublimidad de los misterios de Dios. Yo creo que el Esposo, en este Himno maravilloso- me reserva y va dando por sorbos la gracia. Es que cada palabra cautiva más y más. Una experiencia similar a la que me dio el Señor y me sigue dando, con el Pastorcico Penado de San Juan de la Cruz

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