EMILIA [2]

Hola Padre Horacio, aquí escribo para compartir en el blog. He logrado terminar el libro “Me quiero casar”.  Me ha dado mucha pena leer que pocas mujeres aceptan a Jesús como esposo. Pero la realidad es que ¡nadie te lo enseña! No se aprende en catequesis, tampoco esta como tal en el Catecismo.
Agradezco a Dios haber conocido que puedo amar a Jesús como esposo.  No quiero vender pescado podrido y decir que eso va a solucionar todos los problemas, porque no es así. Pero te da una dignidad como mujer y una fuerza que no tenías antes.
Esta mañana desayuné con la noticia de que bombardearon la parroquia, la única parroquia católica en Gaza. Estamos en un momento histórico de mucha desolación para las familias, para el mundo entero, y también para la posibilidad de encontrar pareja.

Cuando yo tenía ganas de casarme (sigo teniendo) y le reprochaba a Dios por qué si tenía ese deseo, no me enviaba la persona correcta para realizarlo busque consejos de sacerdotes. Me decían que tenía que buscar activamente en lugares católicos. Esto fue engendrando en mí un pensamiento acerca de que, si estaba soltera, era por mi culpa, porque no buscaba lo suficiente.

La herramienta que me dio el libro a través de La Copla fue con la gracia de Dios y acercándome a él en un dialogo cercano, poder luchar contra los pensa-monios.
Es necesario que las mujeres entiendan que el demonio conoce como nadie nuestro mayor deseo y nos va a tratar de hundir como personas, con pensamientos torturadores acerca del matrimonio y todo lo relacionado a eso.
Desde pensar que no estamos completas porque no estamos casadas o pensar que Jesús no odia y es por eso de que no nos envía un esposo. Todos los sentimientos más horribles que existen.

Yo me refugiaba mucho en el celular, para poder evadirme y no me daba cuenta en lo que estaba envuelta. Tuve la gracia hace unos días de que el mismo Jesús me ayudara a controlar el uso del celular/móvil. Rezando La Copla sentí que me dijo «¿Por qué no me das el celular a mí que acá estoy?» Eso resultó en que dejara el celular en un cajón con una certeza que no puedo describir en palabras de que Jesús había tomado mi teléfono y junto a ello se había ido toda mi ansiedad y angustia por mirar y usar el aparato. ¡Yo sabía que mi celular lo tenía mi Esposo y tenía mucha PAZ!

Como no tenía presente que hay un Esposo que me acompaña, me cuida y elige lo mejor para mi, entonces intentaba controlarlo todo yo. Su libro me hizo dar cuenta de que este inmenso deseo de poder ser esposas en realidad viene porque, ¡necesitamos ser esposas de Jesús! ¡Cómo quisiera que todas las mujeres entiendan esto! Y también sepan que habrá días muy bueno, y días muy malos donde tal vez esa desolación vuelva y nos logre consumir. Pero hay que tener la certeza de que el Esposo estará allí siempre para recibirnos con su amor.

 

Muchísimas gracias Padre Horacio, el amigo del Esposo, gracias por mostrarnos una realidad espiritual que enfoca y ordena nuestra vida. Emilia