Beata Concepción Cabrera de Armida

BEATA CONCEPCIÓN CABRERA DE ARMIDA VIDA Y MUERTE

 

https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2019-05/conchita-cabrera-armida-beata-mexico.html#:~:text=Conchita%20fue%20la%20inspiradora%20de,del%20Esp%C3%ADritu%20Santo%20(1914).

Venerable Concepción Cabrera de Armida
 Diario espiritual de una Madre de Familia

Beata María Concepción Cabrera de Armida – La cruz y el amor se besan | Revista Heraldos del Evangelio

“Infundió en mi alma mi madre el amor a la Sma. Virgen y a la Eucaristía.

De las cosas de la casa sí nos enseñó mi madre desde fregar suelos hasta bordar. A los doce años llevaba yo el gasto de la casa. En la hacienda, desde ordeñar, hacer pan, cosas de cocina. Nunca nos dejaba mi madre en la ociosidad, teniendo sobre esto un cuidado especial.
              Cuanto nos enseñó a contrariar la voluntad. Muchos domingos nos llevaba como paseo al hospital, a ve muertos y heridos. Apenas había un enfermo grave en la familia, desde muy niña me llevaba a velar y a servirles en cuanto podía. Me hizo ver morir a hombres, mujeres y niños; ricos y pobres, enseñándome a no tener miedos, ayudarles con oraciones, vestirlos, tenderlos.
            Ni a mi madre ni a mi padre les gustaban los melindres. De seis años me subieron a caballo sola, y la primera vez se espantó sobre parado, y me caí. Acto continuo, sin dar importancia a mis lágrimas, mandó mi padre que tomara un vaso de agua y otra vez arriba. Así les perdí yo el miedo a los caballos, llegando hasta tener vanidad de montar los muy briosos y que a otros tiraban.
            Gracias a Dios me dio buenas inclinaciones el Señor, por lo cual soy más culpable no habiendo sabido aprovecharlas como debiera. Sentóa ya muy niña en mi alma una grande inclinación a la oración, a la penitencia y a la pureza sobre todo. La penitencia era mi felicidad desde que alcanzo a recordar.
           Yo era feliz, felicísima recibiendo al Ssmo Sacramento, sentía el ser una necesidad indispensable para mi vida y cuántas veces en mis comuniones y visitas al Santísimo le decía ami Jeús: “Señor, yo no sirvo para amarte; quiero casarme y que me des muchos hijos para que ellos te amen mejor que yo”. Esto no me parecía feo sino una justa petición para saciar mi sed de amarlo, de verlo amado de mejor manera y sin embargo con algo mío, mío, con mi misma sangre y mi vida.

Beata María Concepción Cabrera de Armida – La cruz y el amor se besan | Revista Heraldos del Evangelio

            A mí nunca me inquietó el noviazgo en el sentido de que mi impidiera ser menos de Dios: ¡se me hacía tan fácil juntar las dos cosas! Al acostarme, ya cuando estaba sola, pensaba en Pancho y después en la Eucaristía, que era mi delicia. Todos los días iba a comulgar y después a verlo pasar; el recuerdo de Pancho no me impedía mis oraciones. Me adornaba y componía sólo  para gustarle a él; iba a los teatros y a los bailes con el único fin de verlo; todo lo demás no me importaba. Y en medio de todo eto no me olvidaba de mi Dios, las más de las veces lo recordaba y me atraía de una manera indecible. Cuántas veces debajo de la seda de mis vestidos, que me importaban igual que si fuera jerga, llevaba a los bailes y teatros un fuerte cilicio en la cintura, gozándome en su dolor por mi Jesús.
            Me fastidiaba todo lo caduco, lo que brillaba, lo que no era sólido, lo vano y ficticio. Nunca los trapos me llenaron el corazón; yo sentía otra cosa muy grande dentro del alma, un vacío inmenso que pensé llenarlo casándome con un hombre tan bueno y que me quería como Pancho, y ese anhelo y mis peticiones a Dios, a San José y a la Ssma Virgen.
             Llegó el día  en que fueron a pedirme; mi madre lloraba, mi padre me preguntó que qué contestaba, que si quería casarme, y yo le contesté que sí, porque yo quería a Pancho y aunque no fuera rico lo prefería a todos los otros porque era muy bueno. A mí, repito, no me estorbaba el cariño de Pancho para amar a Dios; yo lo quería con una sencillez muy grande y como envuelta con el amor de mi Jesús. No veía para mí otro camino.
             Mi marido fue siempre un modelo ejemplar de respeto y cariño; me han dicho varios sacerdotes que Dos me lo escogió excepcionalmente, pues fue un ejemplar de esposos y de virtudes.
            Al ver, a pesar de todo lo bueno de mi marido, que el matrimonio no era aquel lleno que yo me había figurado, instintivamente mi corazón se fue más y más a Dios buscando en Él lo que le faltaba, pues  el vacío interior había crecido a pesar de todas las felicidades de la tierra. En medio de las más grandes alegrías del amor, siente las limitaciones y el carácter efímero de todo amor humano.

 

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