
Gorrioncito caído hasta esta tierra helada
desde el alto designio de Dios-Padre en el Cielo.
Con un revoloteo de carne sosegada
una noche como ésta bajaste a nuestro suelo.
Te dio calor la Virgen a su pecho en sus brazos.
Ella, gorrión caído de la cruz de un arbusto.
Te acurrucó en su pecho José, porque era justo,
también él gorrioncito venido del Arcano.
En un revoloteo de gorriones cantores
llegaron a tu nido, locuaces, los Pastores
Y en sostenido vuelo, contra vientos aciagos
bajaron de su estrella sabios gorriones magos.
¡Gorrioncito caído! ¡Por la cruz, en subida,
guías nuestra bandada en el vuelo a la Vida!
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Dice San Mateo Apóstol en su Evangelio, transmitiendo palabras de Jesucristo: “No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquél que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la Gehenna. ¿No se venden dos pajaritos por un as? ¡Pues bien! ¡Ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de Vuestro Padre. Pero en cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados! ¡No temáis pues, vosotros valéis más que muchos gorriones” (Mateo 10,28-31).
Descenso
La liturgia de Navidad habla del descenso de Jesús, de la Encarnación del Verbo, como el descenso de la Sabiduría: “Cuando un sosegado silencio todo lo envolvía y la noche se encontraba en la mitad de su carrera, una Palabra omnipotente, saltó del cielo, desde su trono real, en medio de una tierra condenada al exterminio” Sabiduría (18, 14-15). Este texto de Sabiduría no compara a Jesucristo con un ave, sino con un guerrero poderoso. También san Juan en su evangelio habla del descenso de Jesucristo: “Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo” (Juan 3, 13).
Jesús pues, desciende de lo alto. Que lo haga como un pajarito, como un gorrioncito, podemos decirlo por dos razones: Primero porque toma forma de ser humano, que es de carne humilde y frágil. Segundo porque el lenguaje del amor se inclina a los diminutivos.
Gorrioncillo
En la hospitalaria Casa de Dios, a la que están llamadas todas las naciones, tienen lugar todos los seres humanos. Incluso los gorriones y las golondrinas anidan sobre su altar: “En los atrios del Señor hasta el gorrión ha encontrado una casa y la golondrina un nido· donde colocar sus polluelos”(Salmo 83, 4). Los fieles se refugian en Dios, como las avecitas en los muros del templo. Por eso, Dios es para el fiel como un almena donde anida el gorrión y encuentra refugio: “Hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador, la trampa se rompió y escapamos” (Salmo 123, 7).
Jesucristo, Rey de Reyes, es mortal como todos y pudo decir como el Salmista : “Yo soy un hombre mortal como todos, un descendiente del primero que fue formado sobre la tierra” (Salmo 71,1) San Lucas lo reafirma cuando traza su genealogía de Jesucristo (Lucas 3,38). Y en Sabiduría 7,6 leemos: “No hay rey que de otra suerte venga a la existencia; una es la entrada en la vida para todos y una misma la salida”.
Si de los hombres se puede decir con justicia que son pajaritos o gorrioncillos también de Jesucristo, verdadero hombre, se le puede aplicar la misma metáfora. Y cuánto más se le aplica al indefenso Jesús recién nacido.
El mensaje del amor en el Cantar de los Cantares aplicar variadas metáforas y diminutivos “bolsita de mirra, ramillete de ciprés, ojos de paloma, raposas pequeñitas, cervatillo, cabritos, corderos” La amada puede aplicarlos al amado. Y la Iglesia o el alma enamorad pueden atreverse a decirlos al Señor.
Frío o Calor
Se dice de la tierra que ‘está helada’ para lementar que en ella sea raro el amor a Dios. Calor y Fuego, según dice el Cantar: “Fuerte es el amor como la Muerte, es cruel la Pasión como el Abismo: es centella de fuego, llamarada divina: las aguas torrenciales no podrán apagar el amor, ni anegarlo los ríos”. (8, 6-7).
Pero eso, al bajar el Verbo y encarnarse, y al venir a la tierra, encuentra desconocimiento e indiferencia. “No hay lugar para él en la Posada” en la que se albergan los peregrinos. Pero ante el frio y hostil recibimiento de los hombres, recibe el infante el recibimiento creyente y amoroso de María y José y la fe y atención de los pastores. Y así será en la Cruz como en la Cuna
Dios es poderoso para trastocar los efectos y las propiedades de los elementos. Puede encender un torrente de fuego de amor en el torrente de agua de la incredulidad (Sabiduría 19, 18 – 20).Los elementos cambiaron entre sí sus propiedades. El agua olvidaba su poder de apagar, las llamas no consumía (Sabiduría en 6, 17-20 y 19, 1821). La noche de la Navidad era la misma que encubría la Cruz al mediodía.
Descendida de la Cruz del arbusto
Decimos que tenemos un árbol genealógico. María desciende también del suyo.Pero viene además de aquél árbol frondoso del Salmo primero plantado junto a las corrientes de agua y que se compara al justo (1,13), que es el pueblo de los creyentes que fueron antes de ella y que es su verdadera genealogía.Porque ella es aquél árbol frondoso, plantada junto a las aguas, que produjo su fruto, Jesucristo el Mesías, a su tiempo oportuno, es decir en la plenitud de los tiempos.
María es, pues, descendiente Madre (Continuará)