CÓMO EDUCAR HIJOS PARA EL CIELO Y NO FRACASAR EN EL INTENTO
Con respecto al uso de tv, radio, etc, es necesario pensar el hogar como lugar de silencio (de música/tv), como monasterio. Si yo estoy todo el día escuchando la música que a mí me gusta (x ej alabanzas o folklore) que impediría a mi hijo pensar que puede hacer lo mismo con la que le gusta a él. Todo el día música para niños (aunque buena) crea en el niño incomodidad o ansiedad ante el silencio. Creo que la TV en una casa (pantallas grandes para empeorar) son innecesarias y contraproducentes.
El silencio es imprescindible que invita a la reflexión, de escuchar las divinas inspiraciones, de permanecer en un pensamiento de meditación sobre lo que se oye o se lee, necesario para que lo que se trae de afuera (el mundo) uno pueda contrastarlo con la Divina enseñanza (el Espíritu sopla como un viento suave). A la vez es un modo de moderar la “gula” de los sentidos, una sana mortificación (no es necesario saber todo, escuchar todo, ver todo)
Respecto a lo devocional, uno puede rezar mucho sola, ir a misa sola, ir a grupos u organizar actividades piadosas con algún grupo, o hacerlo siempre con el esposo (como matrimonio) pero sin los hijos. Nosotros en la Iglesia y nuestros hijos en el estudio, el deporte y la diversión. Es necesario que los hijos sean los co-equiper de lo que hagamos, que nos ayuden en cosas que les gusta (y de paso hacerles gustar): pensar juntos las actividades apostólicas que emprendemos, pedirle que hagan carteleria de invitación, que nos ayuden en el tipeo de los textos, que se empapen del tema, charlarlo y planear (es un modo excelente de aprender) que nos acompañen a armar cosas, a rezar, etc. En resumen que puedan gustar y comprender y entusiasmarse con el Señor y la evangelización (que a la vez es para ellos).
De nada sirve que como mamá (o matrimonio) rece mucho, sepa mucho, enseñe catequesis, sea predicadora, organice rosarios, grupos de formación, peregrinaciones, vaya a Misa a diario, adoración eucarística semanal, etc, si mientas tanto mis hijos no van conmigo, sino que están “en lo suyo”. No hay posibilidad de transmisión de la Fe. Más vale quedarse más en casa, rezar con ellos, leerles, enseñarles a mirar el mundo con visión sobrenatural, y “estar”. Más vale lento, pero todos juntos.
A veces creemos que estamos trabajando para Dios cuando damos catequesis en la parroquia mientras no podemos hacer que nuestros hijos transiten la adolescencia/juventud a paso firme en su Fe. No hay que olvidar que la tarea por la que se me pedirá estricta cuenta en principio es la educación de los hijos. Si no logramos que nuestros hijos (que los tenemos las 24 hs bajo nuestro cuidado y sobre los que tenemos un ascendente/cariño único en virtud de la relación) se mantengan en el amor a Dios y la obediencia a sus mandatos ¿pretendemos lograrlo con niños a los que vemos una hora a la semana?. No digo que una cosa excluye la otra, solo digo que hay que establecer un orden y en virtud de eso discernir qué es lo debido.
Es necesario hacer cada día un acto de ofrecimiento de los hijos a Dios y su Madre. Y pedirle para ellos la gracia de que jamás cometan un pecado mortal, antes muertos que en pecado mortal a ejemplo de santa Rita.
Cuando llega el tiempo que los niños ya pueden confesarse hay que ir con ellos. Nos confesamos nosotros y ellos también. Cuidar que hagan el examen de conciencia escrito como lo hacemos nosotros.
También todos los temas que lea de formación o actualidad contárselos a los hijos, analizar la actualidad a la luz de la fe. Que puedan valorar lo que ocurre en el mundo, discernir con mirada sobrenatural. A la vez que esto no los haga mirar por sobre el hombro “yo no soy como esos” recordando a santa Teresita que decía que si Dios no la hubiera preservado ella podría haber sido la peor pecadora.
Dando gracias a Dios por su misericordia.
El conocimiento de las Sagradas Escrituras es fundamental, para eso hay que leerles cada día desde que tienen uso de razón. El Evangelio del día, explicárselos y hacer que ellos reflexionen. Preguntarles, que saquen conclusiones, y de paso dar Doctrina. La lectura de la vida de santos, conocer el santo del día (al menos de manera breve) y pedir su protección ese día, a que está dedicado cada día de la semana, el reconocimiento del día viernes penitencial (abstinencia de carne/ hacer algún sacrificio, recordando la pasión).
El Calendario Día x Día de Cristo Hoy es una herramienta magnífica. Porque tiene todo eso y además bellísimas imágenes que los niños pueden contemplar aun cuando no saben leer, frases de santos, etc. Ayudarlos a tener una devoción cariñosa con Dios (besar la cruz, besar la medalla que llevan al cuello, besar el rosario cuando se reza, colocar flores a las imágenes).
Es imprescindible rezar con ellos a la mañana y a la noche. Rezar el Rosario junto con ellos todos los días. Tener imágenes sagradas de la Virgen, del Sagrado Corazón, de santos. Si la Misa es el centro de la vida cristiana hay que demostrárselo a los niños.
El horario a elegir no debe ser “el descarte” para que nos quede más cómodo salir de paseo o para dormir más, sino el que permita ir descansado y con ánimos (salvo que sea imposible, no ir a Misa el sábado de noche, o la última misa del domingo cuando todos están cansados). La Misa es el Domingo, día del Señor, levantarse con tiempo para rezar, para vestirse bien, llevar dinero para la colecta (cada niño su billete que él mismo entregará llegado el momento).
Recordarles de camino la debida piedad, el silencio el respeto antes, durante y después de Misa. Que ahí no se lleva (salvo que sean muy pequeñitos) juguetes o comida. Buscar celebraciones lo más piadosas posibles, evitar como la peste las bullangueras o “divertidas que atraen a los niños/jóvenes”.
Recordarles siempre que en el Sagrario está Jesús, nuestro Salvador, dueño de cielo y tierra, que merece todo nuestro amor, respeto y atención. Que caminen con tranquilidad dentro del templo, hagan las genuflexiones que corresponden ante la presencia del Señor, que no se avergüencen de arrodillarse y de cantar. Motivar el cariño por el párroco, que los varones sirvan en el altar (como servicio a Dios), a la vez explicar a las nenas porque ellas no pueden ser “monaguillas”.
Que el modo vestir de todos en la familia sea modesto, decoroso y no a la moda. El respeto estricto del ayuno eucarístico, llegar con tiempo para rezar, la acción de gracias después de la Misa (que necesariamente hay que rezar con ellos hasta que puedan hacerla solos), evitar la conversación al finalizar la Misa dentro del templo.
Estas cosas son a las que se tienden con la educación, pero es un proceso que es lleva varios años de aprehensión, dependiendo del niño, que irá madurando de domingo a domingo. La misa es dentro del templo, nunca llevar los chicos afuera para que jueguen o a la plaza del frente. Más vale ir en distintos horarios por turno si son muy chiquitos e inquietos. Y ni bien tiene edad para comprender a partir de los 3 años, deben aprender (con mucha paciencia…infinita, diría) a diferenciar el lugar sagrado del profano.
Dijo Yahveh a Samuel: «Voy a ejecutar una cosa tal en Israel, que a todo el que la oiga le zumbarán los oídos. Ese día cumpliré contra Elí todo cuanto he dicho contra su casa, desde el principio hasta el fin.
Tú le anunciarás que yo condeno su casa para siempre, porque sabía que sus hijos vilipendiaban a Dios y no los ha corregido. Por esto juro a la casa de Elí que ni sacrificio ni oblación expiarán jamás la iniquidad de la casa de Elí.» Samuel siguió acostado hasta la mañana y después abrió las puertas de la Casa de Yahveh. Samuel temía contar la visión a Elí, pero Elí le llamó y le dijo: «Samuel, hijo mío»; él respondió: «Aquí estoy.»El preguntó: «¿Qué es lo que te ha dicho? ¡No me ocultes nada! Que Dios te haga esto y añada esto otro si me ocultas una palabra de lo que te ha dicho.»
Entonces Samuel se lo manifestó todo, sin ocultarle nada; Elí dijo: «El es Yahveh. Que haga lo que bien le parezca.»
Es muy sorprendente que siendo Eli sacerdote (no dice la Sagrada Escritura que fuera mal sacerdote o impío) educara tan mal a sus hijos. Y a la vez es muy impresionante el tremendo castigo que Dios le anuncia, pero más sorprende la respuesta de Eli «El es Yahveh. Que haga lo que bien le parezca.» A mí me parece que es la actitud de muchas buenas mujeres católicas respecto de sus hijos. No digo que lo hagan por malicia, sino por una mala formación, por creer que Dios hará todo lo que nosotros no hacemos, o creer que con el ejemplo alcanza, o ver “tan buenos a nuestros hijos incapaces de hacer tal cosa…”, o “Dios no va a permitir que se pierda un hijo de tantas lágrimas (oraciones)”, o “yo dejo todo en manos de Dios”, o no ver que defectos, pecados o malas inclinaciones que al principio son aparentes “zonceras” durante los primeros años de vida luego son hijos perdidos en el ateísmo, la impiedad, la impureza, la mundanidad. Tampoco ver mal el que los hijos vivan como el mundo (en sus salidas, conversaciones, diversión, vestimenta, música, etc). Algo así como una presunción temeraria.
La Gracia presupone la naturaleza, no podemos pensar en hijos ordenados, diligentes y obedientes a Dios si no los educamos en esas virtudes a nivel humano primero y con mirada al Cielo.
El problema mayor que enfrentamos las madres de “la flojera”. Educar cansa, porque implica estar atenta a todo, examinarlo todo, discernirlo todo, guiar, motivar, corregir, castigar, premiar, pasar por alto nuestras “ganas de estar en silencio/solas”. Sumado a que somos hijas del siglo y no vemos como peligroso (o malo, según) las malas compañías, la holgazanería o la vagancia, el ir a bañarse a piletas o termas en grupo de amigos de distinto sexo, el estar con otros nenes de la edad o mayores sin supervisión de los padres, el uso de teléfonos móviles, las redes sociales, el hecho que desde chicos vayan a tomar algo en bares o estaciones de servicio, el chismorreo o críticas en el caso de las niñas, la excesiva familiaridad en el trato con niños del sexo opuesto, las malas palabras, vulgaridades, vestir con poca modestia, el lenguaje y actitudes artificiales (propia de las novelas/películas para adolescentes que les permiten mirar), etc.
A los niños como a un caballo (no es la mejor comparación pero sirve para ilustrar la idea) es necesario llevarlos con rienda firme y a la vez cariñosa. No se puede pasar uno de exigente porque harta a los hijos y la obediencia es fingida (delante de los padres por ejemplo no dicen malas palabras, no escuchan “música” basura ni visten ropa indecente, pero si con sus amigos) o es rebeldía.