AMAR NUESTROS LIMITES [6 de 11]
LA MUERTE ¿LÍMITE AMABLE?

Dios crea limitando, separando, diferenciando, según especies y habitats 


¿Qué
razón hay para amar los propios límites?  
Que Dios los creó y halló que eran buenos.  
Dios los ama.  
Los seres creados, los que no somos Dios, somos limitados y nuestra limitación es parte de nuestro ser.  Si Dios la encuentra buena y la bendice ¿por
qué no yo? 

A esa rara mezcla que soy, de
ser hasta ahí pudiendo no haber sido, los filósofos le llaman contingencia: la no necesidad de existir, el poder
no ser, y de ser efímero en el tiempo y hasta ahí no más en el espacio.

Soy
hasta ahí.  

En el tiempo y en el
espacio.  
Desde el seno al sepulcro. Hasta mi piel. Hasta donde mi brazo alcanza. Hasta donde llego paso a paso.  
Soy hasta donde entiendo.  
Y ni siquiera entiendo bien hasta dónde
soy.  
Soy consciente, pero mi conciencia,
como una sábana corta, nunca alcanza a cubrir todo lo que soy.

Dios
todo lo creó separando y poniendo límites: entre luz y tinieblas, entre aguas
de arriba y de abajo del firmamento, entre mares y tierra, entre hierbas y
árboles de fruto, entre especie y especie de animales y plantas, entre día y
día, semana y semana, tiempos y fiestas.  

El Dios de los Ejércitos, creó todas sus Divisiones.  
Y vio que todo
era muy bueno. Es decir, «lo amó». Y derramó con amor su imagen en el ser humano, para glorificarlo con su semejanzas.

Dios
es también, aunque por otros misteriosos motivos, autor de la separación de las
lenguas y de las fronteras de los pueblos.  
Y a cada tribu del pueblo de Israel le asignó un territorio, que Josué
les sorteó y en cuyo libro encontramos descritas, con fruición minuciosa y
extensa, sus fronteras.

El mundo sin fronteras, sin lenguas diversas, sin culturas, sin unión de los diversos por el respeto a la alteridad, es demoníaca porque es contraria a la creación. Y aún en lo que puede tener de consecuencia de la caída original, es rechazo soberbio de los efectos de su desobediencia, negando la diferencia entre la creatura y el Creador, ente el Amor y Conocimiento divino y su versión creada.

Dios
ama los límites de sus criaturas.  
Las
amasa con límites.  
¿No reside la forma
en los límites de los cuerpos? 
¿Y no está en la forma la belleza?  
Resulta que la belleza está en los límites y
que ellos son los que hacen que algo sea hermoso.  
Apenas creados, Dios los mira, los aprecia y
los declara buenos…y hermosos.  
En sus
límites.
Aceptar la diferencia es la condición necesaria de la santidad, es decir de la unión de los diversos, tan diversos como Creador y creatura. 
Sólo Dios puede, de tan diversos y lejanos, hacer uno solo por la unión de conocimiento y voluntad. 
Y sólo Trino, por ser Tres diversos en Uno, puede ser causa ejemplar de toda relación  creada.

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