AVE MARIS STELLA
de Juan Zorrilla de San Martín
INTRODUCCIÓN DE RAÚL MONTERO BUSTAMANTE
Zorrilla de San Martín comenzó a escribir en el correo del año 1888 un canto lírico a la Virgen María, cuyo proceso está documentado en tres versiones manuscritas, que comprenden el trabajo realizado por el poeta en aquella fecha y proseguido hasta los últimos días de su vida. La primera versión, en que aparece ya el título: Maris Stella, consta de seis densas cuartillas escritas con letra menuda, cinco de ellas, en ambas caras. Se halla ya en estos primeros apuntes el plan del poema, trazado en prosa lírica, y, junto con el plan, aparecen también los primeros versos a que dio forma el poeta, algunos de los cuales, y acaso los más bellos, lograban ya forma casi definitiva. Junto a estos elementos, el poeta anotó ideas, pensamientos, figuras, imágenes, a veces en forma rítmica, a veces en prosa, que reaparecen o no engarzados en las versiones posteriores.
El plan primitivo trazado por el poeta, sin apartarse del carácter lírico, comprendía también, como lo revelan los apuntes, una parte histórica, en que se proponía trazar, a grandes rasgos, la vida de la Virgen María, y exaltar el culto que de la Madre de Jesús han hecho la Iglesia y la humanidad en sus distintas definiciones y advocaciones. De este vasto plan sólo quedan en las carillas apuntes en prosa, versos, e informes estrofas. Posteriormente el autor limitó su plan al canto lírico, en que el elemento objetivo reunido en aquellas carillas sirvió para hacer más subjetiva y honda la segunda versión del poema.
De esta segunda versión sólo se conservan cinco densas cuartillas, escritas también con menuda letra, algunas de las cuales lo han sido en ambas caras. El canto lírico aparece ajustado ya al ritmo y a la rima, y toma forma de silva, cuyas estancias están ya perfectamente definidas. El plan ha sido totalmente desarrollado, aun cuando la falta de las cuartillas perdidas no permite conocer la disposición de las últimas estrofas. No obstante ser ésta una versión orgánica del poema, todavía hay en ella muchas intercalaciones de ideas, pensamientos y figuras, que el autor no sujetó al ritmo. Además, como ocurre con todos los manuscritos de Zorrilla de San Martín, se hallan en ella repetidos, pensamientos e imágenes, con variantes de forma, y constantes variantes de vocablos, especialmente verbos y epítetos, sin que el poeta se haya decidido por unos u otros.
La tercera versión, con ser la definitiva, es la más compleja. El poeta trazó en once cuartillas, algunas de ellas escritas en ambas caras, la versión definitiva de su poema, y colocó en la primera página, como acápite, la fecha: 1888. Pero, posteriormente, a través de los años corridos hasta los últimos días del autor, éste introdujo innumerables correcciones, adiciones y anotaciones, las más antiguas, con tinta, las posteriores, que son las más numerosas, con lápiz. Además, en esta última versión agregó una nueva estancia, escrita en prosa, con el evidente propósito de someterla a la forma rítmica. Las correcciones, adiciones y anotaciones tuvieron por objeto dar mayor intensidad lírica al poema, enriquecer el vocabulario, y las más recientes, adaptar el poema a la evolución experimentada por el lenguaje poético en el último medio siglo.
No obstante hallarse terminada la obra, Zorrilla de San Martín no se decidió a publicarla. Sólo se conocen de ella las estrofas que el propio autor recitó en actos literarios; algunas de esas estrofas, tomadas de memoria por un amigo del poeta, fueron publicadas, en 1892, en el número único Montevideo Colón, y luego han sido transcriptas varias veces.
Zorrilla de San Martín no se decidió a publicar su poema porque, a pesar de haberle consagrado tantas vigilias, no se sentía satisfecho de su obra y aspiraba a una superación que fuera digna del tema. No obstante, la obra quedó virtualmente terminada y el autor nunca expresó el propósito de que fuera destruida. Todo aconseja, pues, que sea dada a publicidad. Lo hacemos, en días memorables para el culto de la Virgen María y para la Iglesia, advirtiendo al lector que los problemas de interpretación y selección planteados por las anotaciones hechas por el autor en los originales, han sido resueltos colocándonos en el estado de espíritu del poeta y optando, en los casos en que dejó subsistentes diversas variantes de forma, por aquella solución que, quienes vivimos en su intimidad, juzgamos que es la que él habría seguramente elegido.
Montevideo, 15 de agosto de 1951.