A los que están alegres por las cosas se les deben presentar las penas que siguen a las caídas , y en cambio a los desolados
y tristes, se les debe mostrar los gozos que están prometidos en el Reino. Conozcan los alegres, por lo áspero de la de los riesgos, lo que deben temer; oigan los desolaos y tristes, por lo que les sucede, los gozos de los bienes que se prometen a quienes los desean. A aquéllos pues, se les dice (Lucas 6,25) ¡Ay de vosotros los que ahora reís, porque vendrán días en que lloraréis. Oigan éstos, en cambio, lo que enseña el mismo Maestro (Juan 16, 22) Yo volveré a visitaros y vuestro corazón se bañará en gozo y nadie os quitará vuestro gozo.
Mas hay algunos alegres y tristes, no por las cosas exteriores, sino que son tales por sus propias complexiones; a los cuales ciertamente se les debe mostrar los riesgos con que determinadas complexiones son propensas a incurrir en determinados vicios. Los alegres son propensos a la lujuria y los tristes a la ira. Por lo cual es conveniente que cada uno considere no solamente lo que por su complexión tiene que tolerar con paciencia, sino también lo malo que de su propia complexión tiene que purificar, para que no suced que, por no querer luchar contra lo que tolera, caiga, además, en el vicio del que no teme incurrir.
San Gregorio Magno. Regla Pastoral BAC Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1958 , página 152