CORAZÓN DE JESÚS EN VOS CONFÍO
CARDENAL GIACOMO BIFFI

              HIMNO ¡TU REINARÁS OH JESUCRISTO!    https://youtu.be/d1t0mz3IeJU?si=Sfp3dDPhl6n9A3fA

UNA CERTEZA Y UNA ESPERANZA
JESUCRISTO NUESTRA ESPERANZA Y NUESTRA CERTEZA

Una propuesta evangélica que evita resaltar las verdades de la fe y, como avergonzada de ello, las nubla al privilegiar la presentación de valores humanitarios y sociales; que ya casi no habla de «vida eterna» y del «mundo venidero»; que no canta la alegría y el orgullo de la pertenencia eclesial, y hasta parece sentirse avergonzado por ella, no responde a las peticiones más íntimas y sustanciales del hombre de todos los tiempos.

Reenvío del Presbítero José Luis Lastra

Para escapar de una vida imposible, el hombre, incluso cuando no se da cuenta o incluso lo niega, necesita siempre tres ayudas primarias: una herencia de certezas, una esperanza fiable, una pertenencia.
Cuando fracasan, la horrenda tentación del suicidio acecha en el alma.

Sin certezas no sólo no podemos actuar, sino que ni siquiera podemos pensar ni hablar. Por lo tanto, en el momento en que realizo cualquier acción o pronuncio una palabra, confío en la persuasión.

De hecho, sin tener ideas claras sobre cómo son las cosas, no se nos permitiría legítimamente dar un solo paso adelante en la existencia, hasta tal punto que, a falta de certezas auténticas, los hombres se ven obligados a servirse de seguridades puramente funcionales; que son inconsistentes en sí mismos, pero que están designados para reemplazar la tarea propia de la verdad.

Así florecen las diversas ideologías: todas ellas se basan en axiomas que, sin justificarse racionalmente y sin siquiera molestarse en jactarse de tener un origen procedente de una revelación divina, intentan imponerse como indiscutibles hasta que sólo ellos se secan en los vientos de la historia.

Existe incluso – tal vez la más patética de todas – la ideología del escepticismo, de la duda sublimada en valor, de la imposibilidad engreída de aseverar algo; y es el que suele defenderse y propagarse con más indudable convicción y más dogmática intransigencia.

Es inevitable que cada uno se dé puntos fijos, más o menos arbitrariamente. Quien culpa a las certezas siempre se refiere, aunque no se dé cuenta, a las certezas de los demás.

Pero para vivir también se necesita una meta, una esperanza de futuro mejor hacia la cual luchar, una finalización de las propias acciones. Ya sea un ideal «imperial» de dominación política, ya sea el «sol» de una sociedad de justicia perfecta, ya sea un orden económico de prosperidad inagotable, los hombres siempre han inventado algo hacia lo que mirar. No podemos vivir sin esperanza, que sin embargo no cae miserablemente «cuando aparece la verdad».

Finalmente, es fundamental que se nos brinde el consuelo de alguna pertenencia, porque fuimos creados para ser miembros de un organismo vivo y nos sentimos perdidos si permanecemos solos.

A falta de este organismo vivo, que fue concebido para nosotros en el plan del Padre, se necesitan los más diversos sustitutos: una logia que asegure la solidaridad, una iglesia-partido, un club entre personas socialmente similares, un equipo de fútbol que se convierta en motivo para vivir, etc.

El acontecimiento cristiano ofrece estas tres ayudas necesarias para existir en su forma más elevada, que es también la única verdadera porque corresponde al eterno designio divino: una Revelación que ilumina todo desde lo alto, una esperanza que no se desvanece, una vida de comunión en la familia de Dios.

De ello se deduce que una propuesta evangélica que evita resaltar las verdades de la fe y, como avergonzada de ello, las nubla al privilegiar la presentación de valores humanitarios y sociales; que ya casi no habla de «vida eterna» y del «mundo venidero»; que no canta la alegría y el orgullo de la pertenencia eclesial, y hasta parece sentirse avergonzado por ella, no responde a las peticiones más íntimas y sustanciales del hombre de todos los tiempos.
(Ay de mí).

CARDENAL GIACOMO BIFFI

1 comentario en «CORAZÓN DE JESÚS EN VOS CONFÍO
CARDENAL GIACOMO BIFFI
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  1. Corpus y Sagrado Corazón, una unión indisoluble; su esencia: la celebración del Dios Amor manifestado en Cristo. Dios Creador, ha dejado en lo más íntimo del hombre sed de infinito: “El nos hizo y a Él pertenecemos” Ps.99. No contento con esto, sigue al hombre en sus pasos; lo trata como a un hijo pequeño (Oseas 11, 1. 3-4.8-9) “Enseñé a caminar Efraín; lo tomé por los brazos .. me inclinaba hacia él y le daba de comer”, como en la Cena, se inclinó y les lavó los pies para que tuvieran parte con Ël y les dio a comer su propio Cuerpo y a beber su propia Sangre: aquella que manaría de su costado, “dormido en la cruz”, del que salió “el admirable sacramento de la Iglesia” allí, fuimos engendrados cada uno de los bautizados, para un destino de vida eterna. “Oh cuánto amor! ¡Cuánto amor y yo no lo sabía”! pero en tus manifestaciones, Señor, nos atraes a Ti y nos pones a salvo de todo engaño y error de los hombres. Basta la fe. Gracias, gracias, Señor.

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