DECLARACIÓN DE AMOR – José María Pemán

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Billete de antaño
DICIENDO menos que quiero

y sintiendo más que digo,

con toda el alma en la pluma

este billete os escribo.

El os lleva en sus renglones,

soñados, mejor que escritos,

los ayes de un corazón

por unos ojos herido;

las querellas de un cuitado,

los anhelos de un cautivo

y la ofrenda de un amor

que es sincero, porque es mío.

Se que la ofrenda es pequeña

para el precio que yo pido,

y que ofeciendo tan poco

casi es injuria el pedirlo;

mas sabed, dueña y señora,

tirana de mi albedrío,

que la petición que dejo

sometida a vuestro juicio

no es pleito de toma y daca,

ni contrato de servicios

donde se den las mercedes

a tenor de lo ofrecido.

Yo no pudiera ofreceros

heredades ni castillos,

ni sortijas, ni collares,

ni vajillas de oro fino,

ni faldellín de brocado,

ni atrencillado justillo,

ni chapines de oro y seda,

ni otras galas y caprichos…

Un blasón pudiera daros

con sus cuarteles, tan limpios

como pudiera tenerlos

en un blasón el rey mismo;

un hierro de mis mayores

en sangre mora teñido

(que el verter sangre de moros

era antaño honrar a Cristo);

cuatro yugadas de tierra

de pan de llevar; un molino

con su alfoz de tierras calmas

con honores de cortijo;

una yegua corredora

para hacer nuestro camino,

y en llegando a nuestro hogar,

que es grande, sin ser castillo,

colación sana y caliente,

agua buena, mejor vino,

mesa abundante, pan tierno

buen humor y mantel limpio.

Y si esto os parece poco,

aunque es mucho, por lo fino

del amor con que os lo ofrezco

y el amor que a cambio os pido,

yo os entrego sobre todo

lo que tengo de más mío,

que es, dueña, este corazón,

por esos ojos herido.

Si os place, aceptad la ofrenda;

mas si pensáis que el pedirlo

es pedir mucho y dar poco,

tenedlo por no pedido,

que mujer que pesa y mide

por ofrendas su cariño,

ni es la mujer que yo quiero,

ni es la mujer que yo pido.

Si es así, contad, señora,

que me he muerto agora mismo,

y no soñéis que en la vida

vuelva a pediros cariño;

que soy pobre… !mas no tanto

que me convierta en mendigo!
José María Pemán

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