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El mejor retrato del Espíritu Santo y de María Inmaculada, y el espejo donde debe mirarse cada mujer, es el himno de la caridad de la primera carta a los Corintios capítulo 13. 

Como ha dicho Mons. Fulton Sheen: «La Inmaculada Concepción de María es el más grande tributo que ha rendido la Cristiandad a la parte confiada a las mujeres en la redención.

La Virgen es como toda mujer quisiera ser cuando se mira en el espejo de la vida. 
Ella es la mujer con la que todo hombre quisiera desposarse;
 es el ideal latente en el sentido de rebelión que toda mujer experimenta, cuando el hombre se hace demasiado agresivamente sensual; 
es el secreto deseo que toda mujer de que la honren y la protejan.
María es el ideal y el amor, imagen de lo que es posible, la Virgen es el ideal de amor que Dios amaba aún antes de crear el mundo; es la Virgen Inmaculada, Madre de Dios». (Mons. Fulton Sheen)
HIMNO DE LA CARIDAD (1ª Corintios 13)
«Os señalo un camino mejor. Si yo hablara en todas las lenguas de los hombres y de los ángeles pero no tuviese caridad, no sería nada más que un instrumento de bronce estruendoso o o un címbalo que resuena. Y si tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia y si tuviera toda la fe capaz de trasladar montañas, pero no tuviera caridad, nada soy. Y si repartiera todos mis bienes, y si entregase mi cuerpo a las llamas, pero no tuviera caridad, no me serviría de nada.
LA CARIDAD ES SUFRIDA, es benigna; no es celosa ni envidiosa, no es jactanciosa ni vanidosa, no se engríe, no se excede de lo conveniente, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa mal, no se alegra con la injusticia, se regocija con la verdad. Todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo sobrelleva. La caridad nunca se acaba. Las profecías terminarán, las lenguas cesarán, la ciencia tendrá su fin. Porque por ahora conocemos parcialmente y parcialmente profetizamos, pero cuando llegue lo perfecto, entonces lo parcial se acabará.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño, mas cuando llegué  ser adulto, abandoné lo infantil. Porque ahora miramos en un enigma, como por medio de un espejo. Pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, entonces conoceré plenamente, de la manera como ahora soy conocido. En el presente permanecen la fe y la esperanza y la caridad, estas tres, pero la mayor de las tres es la caridad, porque la caridad no pasará jamás».  

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