
GETSEMANÍ
II
Si estando mis amigos en el Huerto
se duermen de pesar bajo la luna;
si no consigue criatura alguna
velar con el que debe estar despierto;
si, así de solo, en este cementerio,
me siento tanto más acompañado
cuanto la multitud que me ha engendrado
me sale a recibir del cautiverio;
¿Cómo rehusar el cáliz que me envías
ni pedirte que apartes esta hora,
si en ella ha de brillar por fin Tu Día,
y Tú has de esclarecerme en esa aurora
con luz que ya presiento y no vería
si no sufriera lo que sufro ahora?
Horacio Bojorge Cervetti
Qué paradoja!!
Jesús experimenta el gran dolor en gran soledad. Los sarmientos nacidos directamente de la Cepa (sus amigos) están mustios, se durmieron. Él debe bajar a sus raíces, a los fieles del principio, de la historia de Israel, buscando cercanía. Y ellos salen a su encuentro: reconocen al que “quisieron ver y no lo vieron; oír y no lo oyeron”, aunque “Con fe murieron todos estos, sin recibir lo prometido, viéndolo y saludándolo desde lejos.” (Hebr.11, 13) hasta que se diera el encuentro y la visión
Aunque tantas veces dormimos, mientras el Maestro vela, por su bondad es lo que esperamos: tras la fe, la visión, imposible, por cierto, sin el Getsemaní.