LUZ MARIA [4] SU MEMORIA Y TESTIMONIO

LUZ MARÍA: EL SEÑOR TE VISTIÓ DE NOVIA. YA NO MIRES HACIA ATRÁS A LOS HORRORES PASADOS. TE HA DADO A SENTIR QUE TIENE UN DESTINO GLORIOSO Y LLENO DE VIDA PARA TI. ¡DEJA QUE LOS MUERTO ENTIERREN A SUS MUERTOS!

Aquí está mi testimonio padre, corríjalo si vale la pena por favor y me llevó al desierto para hablarme al corazón!

Aunque estés viviendo momentáneamente tranquilo si estás viviendo sin preocuparte de la voluntad de Dios, aunque tú pienses que lo tienes todo, te falta lo más importante. Este este es mi caso. Cuando yo creía tenerlo todo, o casi todo lo que yo aspiraba tener: un hombre que me amara, un hogar, una familia… En un momento, una ráfaga de huracán, un manotazo inesperado de la vida… me arrebató pareja, casa, techo, hogar, sustento diario, salud mental de mi madre querida.

En medio de una situación familiar particularmente complicada ( mi madre muy enferma), me encontré pidiendo su curación milagrosa ante la puerta de un templo cerrado, pero arrodillada en espíritu. imaginariamente, ante el sagrario.  Allí tuve la impresión de escuchar, en la intimidad de mi mente, que Jesús me decía «ora hasta que las rodillas te sangren». Y agregó algo que no recuerdo tan nítidamente, pero me daba a entender en un solo golpe de luz interior y de conciencia que yo estaba viviendo en pecado con un hombre que no quería casarse conmigo por la Iglesia y que debía ponerme en estado de gracia santificante.
Me fui de allí, con una sensación extraña y esas ideas en la cabeza. Desde ese momento comencé a pedir el milagro de la sanación de mi madre orando de rodillas.  Pero mi madre se agravaba y el milagro no sucedía. Ahora me doy cuenta que esa voz era una llamada a vivir en gracia y como esposa de Cristo. Pero en ese momento no entendí nada de eso mientras las cosas seguían su curso

Oh Señor, hoy Rey y Esposo mío, tú sabes que un día, puesta de rodillas, te ofrecí mi propia vida a cambio de recuperar sana a mi madre demente. Yo sé que ese deseo tan ferviente no era sólo mío, sino inspirado por ti.

Oh Señor mi Rey y esposo de mi alma, aquél día de la solemnidad de Cristo Rey me preguntaste «Luz María ¿quieres que sea Yo tu Rey?». Y pusiste en mi alma la respuesta sincera y gozosa: «¡Sí, Señor, estoy aquí para hacer tu voluntad». En ese mismo momento comprendí que me querías dócil a tu gracia, y ser como un a pluma en el viento dejándome impulsar por el Espíritu.
Ese día me llevaste al desierto y empezó mi desierto; en el que me sedujiste, hablándome al corazón. Y empezaste a rescatarme derribando mis ídolos
Me emplazaste y persuadiste Oh Tú mi Señor y Esposo, de optar entre ti y  ese hombre. Yo vivía en la ilusión de que ese hombre me amaba, pero tú sabías que era un ave de presa que me tenía en sus garras y devoraba mi cuerpo. Y me abriste los ojos del alma para ver lo que hasta ese momento había sido una ilusión engañosa. Me rescataste de aquellas falsas certezas. Entendí que mi vida era una casa edificada sobre arena, y que estaba próxima la torrentada que se la llevaría.

Tú soplaste y disipaste la niebla, la nube, la ilusión que era mi vida se esfumó. Me dolió mucho, fui obediente a pesar de mí misma, pero tú arrancaste la venda de mis ojos como se arranca la venda de una herida. Bendito dolor que me dio ojos para ver lo hasta ese momento no había visto. Me costó la renuncia a esas ilusiones, lloré, di patadas, me retorcí las manos, pero te obedecí. Me dabas a elegir amarlo o despreciarlo y me dabas a sentir que esa invitación tuya era mi última oportunidad. Me dabas a sentir que si no aceptaba esa luz interior, mi corazón se endurecería como una piedra y sería insensible a tu amor para siempre por toda la eternidad.

Desde luego eras tan insistente Señor!, Si mandaste a tu Amigo el padre Horacio a guiarme, resina en mi mente » mira que estoy a la puerta y llamo, me confesé luego, mi mamá comenzó a salir de su enfermedad ¡ Se dio por fin el milagro que tanto pedí. Aunque yo seguía sufriendo mucho, por algún dejo de nostalgia por el pasado como la mujer de Lot.
El 16 de enero dije «Sí», tuve mi desposorio místico con el Esposo de la mano del padre Horacio, un día extremadamente feliz, maravilloso y de mucho consuelo, luego, días después mi pensamonio regente desde niña, el miedo comenzó a querer apoderarse de mí, huía hacia Cristo con la copla y la comunión espiritual.
En el desierto espiritual mi alma estaba relativamente sosegada hasta que me deje arrastrar por la corriente de mis pensa-monios sin acudir al auxilio de mi Divino Esposo, ya que permití que mi secreto deseo de saber cómo estaba él y que sucedía en mi antigua casa, me condujo hasta allá, cometiendo desobediencia y haciendo con ello una afrenta a mi Esposo, casi caigo en depresión, cuando advertí que lo que parecía era la pena por mi desobediencia, pero mi Esposo infinitamente bueno y misericordioso vino a mi rescate de nuevo a consolarme con su amor. En este momento voy eso, aún un desierto pero de la mano de mi verdadero amor que no falla, mi Esposo del alma, al cuál le entregué mi voluntad, y al mismo tiempo puse en sus manos a las personas que me hicieron daño, ya no quiero otra vez tratar de usurpar la providencia divina, y quiero dejo todo a la soberana y Santa Voluntad de Dios.
Un abrazo en Cristo y María.
Luz María

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