SACRAMENTO DEL MATRIMONIO Y SANTIFICACIÓN DE LA FAMILIA. CONFERENCIA

SACRAMENTO DEL MATRIMONIO
Y SANTIFICACIÓN DE LA FAMILIA
Conferencia
Horacio Daniel Bojorge Cervetti S.J.
En el Curso de Formación Católica San Bernardo de Claraval 2018
La Liturgia, fuente y expresión de la Fe
El padre de la mentira lo sabe

                                                    Resumen: Esta conferencia se desarrolla en tres partes:

En la primera se pone el matrimonio a la luz de su arquetipo divino y en su esencia de misterio que refleja y hace visible el misterio trinitario y es la gloria original del misterio varón y mujer.
En la segunda punto se señala cómo la secularización y naturalización de los cónyuges y consiguientemente de su relación matrimonial, borra del horizonte de los esposos su esencial dimensión mística, impidiendo así que se reconozcan a sí mismos y el uno al otro en su verdad primera.
En la tercera parte se considera el misterio o sacramento del matrimonio, como ministerio misterioso y eficaz de gracia doble: a) de sanación y b) de santificación, reponiéndoles a cada cónyuge y a su vinculación conyugal en su verdad divina y por eso mismo misteriosa, sólo perceptible por la fe informada por la caridad. Y rescatándolos así de la ceguera del naturalismo.

                   Procuro exponer en esta conferencia tres aspectos del matrimonio sacramental
1) Primero la intención divina al crear el nosotros matrimonial humano a imagen del Nosotros divino trinitario. Es el matrimonio a la luz de su arquetipo divino. El matrimonio en su autenticidad y verdad. Como la mayor parte de Ustedes probablemente saben, he tratado del sacramento del matrimonio en los tres últimos capítulos del libro ¿Qué le pasó a nuestro amor? Respuestas divinas a preguntas humanas Libro que fundamenta lo sintéticamente explicado en La casa sobre roca. Noviazgo, amistad matrimonial y educación de los hijos.
2) Segundo la hostilidad de la serpiente hacia Dios se ceba en su imagen desde el principio al fin del plan divino. Desde el principio el Arquetipo divino es hostilizado por la secularización y naturalización de la relación matrimonial, que borra del horizonte de los esposos su esencial dimensión mística. Y el consiguiente desdibujamiento de la identidad del varón y la mujer como asalto contra su esencia, que es ser reflejo de sus respectivos arquetipos.
3) Tercero el sacramento del matrimonio como un proceso de sanación por divinización de los esposos. Operan el proceso el Verbo encarnado y el Espíritu. Ministros recíprocos de esa operación divina son los esposos. Después del pecado original, el proceso de santificación de los esposos pasa como por estas situaciones 1.- el matrimonio bajo el signo de la concupiscencia y la lujuria, 2.- el matrimonio bajo el signo de la dominación y la lucha por la dominación. 3.- para llegar al matrimonio iluminado en el que ambos esposos se unen en la búsqueda común y conjunta de que se realice en ellos el designio divino de ser imagen de Dios…

                                                                            PRIMER PUNTO
1) la intención divina al crear el nosotros matrimonial humano a imagen del Nosotros divino trinitario
                 1.1.- “En las Cartas de San Pablo asistimos a la fundación de una nueva cultura, de un nuevo modo de vivir. A hombre nuevo, cultura nueva. Un nuevo modo de vivir las relaciones interpersonales, familiares, laborales, eclesiales, ciudadanas. Parte principal de esta nueva cultura, que se instaura en el seno de la humanidad como un fermento nuevo, es una nueva manera de vivir el matrimonio: ¡la cultura esponsal cristiana! Pero no hay cultura posible ni duradera, si no nace de un culto. Si no tiene raíces bíblicas y teológicas que revelen su arquetipo celestial y divino. El máximo exponente de las ciencias de las religiones, Mircea Eliade, ha demostrado que el hombre, en todas las culturas y religiones, organiza su mundo y su vida teniendo como causa ejemplar el arquetipo celestial y divino.
                1.2.- Los primeros cristianos venían del mundo judío o del mundo pagano. Habían vivido su matrimonio a lo judío o a lo pagano. Ahora, con su conversión, empezaban un cambio de vida que englobaba todos los aspectos de su existencia de hombres nuevos, nacidos de lo alto. Los que habían vivido su matrimonio entre tinieblas recibían ahora la luz auroral de una nueva sabiduría evangélica acerca del cuerpo y de la sexualidad que iluminaba para adoptar una nueva manera de posicionarse, en su vida esponsal, frente a la corporeidad propia y ajena y frente a la vida sexualidad.
                1.3.- Entre tantos otros aspectos del cambio radical de vida ¿Cómo vivir ahora esposo y esposa, el matrimonio a lo cristiano? ¿Cuál es el horizonte divino del matrimonio?
                1.4.- Para san Pablo, como apóstol y maestro su ministerio implicaba una tarea doctrinal y pastoral: ¿cómo hacer, de repente, que esos paganos que estaban viviendo su unión a lo pagano fueran subiendo lentamente al nivel cristiano del matrimonio? ¿Qué cambiaba, también, para los cristianos venidos del judaísmo y que vivían su vida matrimonial según la ley judía, para que la llevaran a su cumplimiento en el reino filial, viviendo su matrimonio como hijos de Dios Padre, es decir, como hermanos? ¿Qué nueva perspectiva le ofrecía a un matrimonio judío, la reinterpretación que ofrecía Jesucristo presentándose como El Esposo y a la nueva comunidad como un porción de la humanidad llamada – que eso significa la palabra ekklesía, Iglesia – llamada a ser divinizada y desposada por el Dios humanado? Ciertamente le ofrecía una perspectiva revolucionaria.
                  1.5.- La común condición filial de los esposos cristianos fue introduciendo en las primeras iglesias locales de san Pablo esa nueva sabiduría de la vida matrimonial. Una consecuencia inmediata de vida cristiana como divina regeneración y condición filial de varón y mujer, fue la clara conciencia de la condición filial del varón y la mujer. La condición filial de ambos conlleva la evidencia correlativa de la fraternidad entre los esposos. Hermana mía, Esposa mía. De pronto el Cantar de los cantares cobraba para ellos significados imprevistos, totalmente nuevos, que el judaísmo no había podido ni siquiera vislumbrar: significados ahora aplicables al macro de toda la humanidad llamada por Dios al amor esponsal, y al micro de cada matrimonio sacramental donde se representa y se realiza el misterio.
                 1.6.- Los esposos, al reconocerse, por la fe, el uno al otro como hijo de Dios Padre, participante de la condición divina, tenían clara conciencia de ser hermano y hermana. La conciencia de fe en sí mismo como hijo de Dios en proceso de divinización, era condición necesaria para reconocer esa misma condición filial en el cónyuge.
                  1.7.- Una vez instalada en la conciencia creyente de ambos la compartida condición de filialidad divina, se hacía posible ser ministro, el uno para el otro, del amor del Verbo hecho hombre. “Lo que hiciste con uno de estos hermanitos míos más pequeños, conmigo lo hiciste”. Esta fe hacía posible que el varón-esposo-divinizado pudiera ser y comportarse como ministro del amor del Verbo (en-traducción-simultánea al amor de esposo) para ella. Y la esposa, divinizada pudiera ser y comportarse como ministra del amor del Verbo (en-traducción-simultánea al amor de esposa) para él. Ambos hijos, ambos hermanos, ambos esposos. Ambos ministros del amor de Cristo el uno para el otro. Creciendo en gracia a los ojos de sí mismo y del otro
                  1.8.- Esa divina regeneración es un proceso vital, se plasma en una biografía. Comienza en el bautismo pero luego es un proceso de toda la vida para los bautizados que decidan libremente vivir como hijo, vivir como el Hijo. Y por lo tanto si el proceso de filialización es progresivo, eso se reflejará en la calidad ministerial del cónyuge, que debe ir también creciendo y perfeccionándose paralelamente con el proceso de filialización. Volveré a hablar de ese proceso de perfección de los esposos en el tercer punto. Por ahora basta con dejarlo señalado.
                   1.9.- En ese proceso de divinización ambos esposos se nutren del pan de los hijos en la Eucaristía, que es, a la vez un rito nupcial de Cristo con el alma creyente. Considero que todos los sacramentos están al servicio de los esposos cristianos, para irlos transfigurando en ministros cada vez más experimentados y capaces, en el matrimonio sacramental.

                                       Imagen y a creciente semejanza del Verbo y del Espíritu santo
                 1.10.- El designio divino acerca del varón y la mujer, la razón de ser de varón y mujer, desde la creación, fue constituir sobre la tierra un Nosotros humano que fuera imagen y semejanza del Nosotros divino. Como veremos en esta primera parte, el varón fue creado a mayor imagen y semejanza del Hijo; y la mujer fue creada a mayor imagen y semejanza del Espíritu Santo. De este modo, cuando ambos se uniesen en un solo nosotros, resultaría de esta unión, la imagen y semejanza con la unión existente en el seno de la Trinidad, de las personas que proceden del Padre: o sea el Verbo por vía del conocimiento y el Espíritu por vía del Amor.
                 1.11.- Todos los sacramentos tienden a la santificación individual de cada esposo, es decir a asemejar al varón con el Verbo encarnado y a la mujer con el Espíritu santo.
                 1.12.- Esto debía ser así según la intención divina del principio expresada en el relato de la creación del primer capítulo del Génesis. Pero esta intención no era la intención divina última. Era sólo una realización inicial, concebida como un primer paso, un medio para otra intención, última y definitiva que sería el desposorio de Dios humanado con su creatura divinizada.
                 1.13.- La imagen y semejanza del Nosotros divino en el Nosotros humano, apuntaba a, otra cosa primera en la intención pero que sería la última en su realización. Apuntaba a las bodas del Cordero. Es decir a las bodas misteriosas del Verbo Dios hecho Hombre para divinizar – siglo tras siglo e individuo por individuo – a la Humanidad. A realizar esa intención divina se ordena el sacramento esponsal. Pero a este sacramento se ordenan los otros seis.

                1.14.- Si la Encarnación – la humanación de Dios – apuntaba a la divinización de la humanidad, ambos procesos, el de la Encarnación de Dios y el de la divinización de los humanos, apuntaban a una “Nueva Alianza”, el matrimonio de Dios humanado con la creatura divinizada.
                 1.15.- No puede haber matrimonio sino entre semejantes. La Encarnación del Verbo tuvo lugar en vistas a la divinización de los seres humanos para asemejarse a los humanos. Y Dios quiso asemejarse a la creatura humana, para divinizarla desde esa lograda semejanza.

                      La Samaritana representa a la humanidad caída requerida de amores por Dios
                 1.16.- Si queremos señalar alguna escena evangélica en la que esto se nos hace evidente, se nos ofrece de inmediato el encuentro nupcial de Jesucristo y la samaritana junto al pozo de Jacob. Los pozos son, en las Sagradas Escrituras, lugares de encuentro nupcial, lugar donde se encuentra y reconoce a la mujer que se elige como esposa. Junto a un pozo encuentra Eliezer el siervo de Abraham a Rebeca . Junto a un pozo encuentra Jacob a Raquel. Junto a un pozo encuentra Moisés a Tséfora.
                1.17.- En los escritos sapienciales, la Esposa es el pozo donde bebe el esposo un agua que no debería olvidar: “Bebe el agua de tu propio pozo, la vena de agua de tu fuente… Sea tu hontanar bendito y gózate con la mujer de tu juventud… de su amor estés siempre enamorado” (Proverbios 5, 15ss.).
                 1.18.- El Cantar de los cantares celebra a la mujer amada como “fuente sellada en jardín cercado”. Aquí el jardín alude al Paraíso, el Gan Edén. Gan, en hebreo significa un terreno rodeado de muralla y acceso por puerta cerrada. Por lo que por los caminos de asociación simbólica nos remite al principio, a la visión de la tierra sin vegetación y una única fuente en medio de esa tierra, los dos elementos constitutivos del hombre: la tierra y el agua. De nuevo los dos elementos de que se compone el cuerpo humano al que se le insufla el soplo divino. Tierra el Logos. Agua la Rúaj que la fecunda. Los símbolos, como reflejos de luz en el agua, centellean en los espejos de las Sagradas escrituras como reflejos de sol de la sabiduría divina revelada.

                   1.19.- Pero vuelvo al Dios-hombre Jesucristo fatigado junto al Pozo recibiendo y requiriendo de amores de alianza esponsal a la Samaritana. Esta mujer representa a toda la humanidad caída. De manera especial, la Samaritana representa a la Mujer caída, a toda hija de Eva. Desde el pecado original toda mujer padece de una insaciable sed de amor que el varón caído ya no le puede brindar, porque ha perdido la semejanza con su arquetipo divino. La mujer caída vive en el desierto de amor de un mundo de varones endemoniados de lujuria.
                    1.20.- La Samaritana es la mujer fracasada en su búsqueda de amor. Cinco maridos ha tenido y el que tiene ahora se lo ha quitado a otra. Cinco más una: seis veces. La cifra tiene que ver con los seis días de la creación, que son seis en razón de ser los preparatorios para la boda del primer par humano creado. La Samaritana ha fracasado seis veces. No ha llegado al séptimo día, es decir al día del reposo para su deseo insatisfecho de amor. Pero el encuentro junto al pozo de Jacob es el séptimo día. Es el día del encuentro con el amor de Dios hecho hombre para invitarla a la divinización y a las bodas eternas. Dios la está esperando en el Shabbat, junto al Pozo, para el descanso en la plenitud del amor que anhelaba.
                    1.21.- “Si conocieras el don que es Dios, tú le pedirías” (Juan 4, 10). Le pedirías a él lo que has venido en vano mendigando a cinco proyectos frustrados de imágenes del Verbo; descartables y descartados debido a su desemejanza, fracasados como varones por abdicadores de su misión creatural específica de varones, defraudadores del deseo de la mujer, rival caída de su rival caído. Varones incapaces de satisfacer el deseo natural de la mujer, de ser amada.
                     1.22.- Tu sexto varón se lo has robado a otra mujer, mujer ella, caída como tú, compitiendo ambas en el ruedo prohibido de la rivalidad erótica. Ahora, enemistada no sólo con los varones sino también con las mujeres de tu ciudad y pueblo. Ya no puedes venir al pozo en la alborada cuando vienen todas tus enemigas, te vienes al bochorno del mediodía, para no encontrarte con su bandada cruel.
                     1.23.- Esta es la situación de la humanidad a la que viene el Verbo a buscar y a requerir de amores en los pozos del encuentro, convertidos en pozos de engaño y desencuentros de esta tierra. Viene a hacer de la humanidad la novia, la Esposa del Cordero. Una Esposa que aguarde y clame por su llegada, al unísono con el Espíritu Santo, “Ven Señor Jesús”. Cuño e imagen, acuñada a su mayor semejanza, es decir a semejanza de la Rúaj. Rúaj se le dice en hebreo a la respiración y el suspiro. Cuando es el suspiro o el Espíritu de Dios, del deseo amoroso en su esencia divina es LA Rúaj, en femenino. Al unísono vibran ambos deseos. El de la Mujer divinizada y la del Espíritu Santo que la ha divinizado a su semejanza. La Revelación, la apo-kalypsis culmina con este llamado esponsal Ven Señor Jesús, ven Esposo. Resuenan ambas voces llamando y a ambas se le responde con voz divina y humana: “Sí vengo, vengo pronto”.
                      1.24.- En realidad el que viene, es el que está. Porque las bodas del fin de la historia se van realizando alma por alma, siglo tras siglo, con el que “Está con nosotros hasta el fin de los tiempos”.

                      1.25.- ¿Qué tiene que ver todo esto con el sacramento del matrimonio, con este varón y esta mujer que en este momento están intercambiando su sí en algún templo de este mundo y a esta misma hora? Es la revelación de la esencia de este hecho.

                      1.26.- El Catecismo de la Iglesia Católica, en el artículo 1602, que es el segundo artículo de su capítulo dedicado al sacramento del matrimonio, despliega, como veremos algo más adelante, una vista panorámica que abarca la creación y la historia y nos enseña que toda la creación lleva grabada la impronta esponsal. Con lo cual nos demuestra es que la vocación divina de cada matrimonio es la de realizar en un micro esponsal humano, nada menos que la imagen de un macro divino inconmensurable e inefable. Proclama que la Biblia empieza con el matrimonio del primer para humano y termina con las bodas del Cordero.
                   1,27.- Pero antes de leer el número del catecismo me detengo un momento en el significado de la palabra sacramento porque me importa mucho señalar que es traducción de la palabra griega misterio.
                  1.28.- San Pablo en su enseñanza a los esposos de Éfeso, dice del matrimonio entre dos cristianos: “El gran misterio es éste”, “to mysterion méga touton estin”. La versión latina vulgata traduce el término griego mysterion por el latino sacramentum: “sacramentum hoc, magnum est” . En castellano pues, cuando oímos hablar de sacramentos, debemos acordarnos de que son misterios. Son las siete formas misteriosas que tiene el Dios-hombre resucitado de seguir obrando en la tierra y en la historia, por medio de ministros.                     Se trata de hechos e intervenciones divinas, acciones del Señor resucitado mismo, valiéndose de ministros humanos y empleando materias, signos y palabras humanas pero a la vez canónicas, es decir “rituales”.
                   1.29.- Pablo, tras decir que “Este es el gran misterio”, acota a modo de pista – para dar a entender en qué sentido puede ir encerrado algo tan grande y divino en algo tan común y cotidiano como los matrimonios en todas las culturas – acota, decía, a modo de pista: “lo digo respecto de Cristo y de la Iglesia”. El macro está por entero contenido en el micro. A semejanza de la presencia de Cristo en el macro de la Hostia consagrada que está por igual entera en la más mínima miguita.
                   1,30.- Ante cada matrimonio entre bautizados celebrado en gracia por ambos, estamos ante un acontecer creado que es espejo de la unión en el seno de la Trinidad del matrimonio eterno entre el Verbo y el Espíritu Santo. Es cierto que esto sólo es visible para los ojos de la fe. Misterio es eso, lo que sólo los ojos de la fe son capaces de ver. Termino aquí este paréntesis algo extenso dedicado al término y concepto de sacramento.
                    1.31.- Retomo el hilo interrumpido repitiendo lo que venía diciendo. En cada tú y yo esponsal concreto, debería acuñarse, reflejarse, reproducirse, la imagen del connubio del Verbo con la Rúaj en el seno de la Trinidad. Ese matrimonio intra-divino – si podemos atrevernos a llamar así a la unión del Verbo de Dios con el Espíritu de Dios en la esencia divina — se pone de manifiesto a través de su acción conjunta en la obra creadora de los seis días. Ambos acuñan su imagen en la primera pareja humana con cuya boda coronan la obra de los seis días. El Verbo desempeña su rol y la Rúaj el suyo. Y por sus obras se hacen reconocibles en el relato de los seis días. Al crear y unir en matrimonio a varón y mujer, es como si el Verbo y la Rúaj “dispararan una foto creada”, de sí mismos o proyectaran su imagen en la pantalla de la creación.
                      1.32.- La boda judía duraba (y creo que aún puede durar) siete días. Por esa razón el autor del capítulo primero del Génesis completa la entera obra de la creación en seis días coronada por su shabbat de reposo contemplativo.
                    1.33.- Pero la primera boda humana, que es – como vengo diciendo – el clímax de los seis días, no es sólo introducción al primer libro de la Sagrada Escritura, sino a toda la Sagrada Escritura.
                    1.34.- Por eso, también, el Apocalipsis habla de siete Iglesias, que simbolizan los siete días, la semana de las Bodas del Cordero. Representan los siete días de la boda histórica del Verbo con la Humanidad caída, restaurada, reconciliada y divinizada. Esas siete Iglesias son también representadas simbólicamente como siete luces en el candelabro de siete brazos.
                     1.35.- Y este candelabro es un árbol de luz y de fuego sagrados. La luz simboliza el Verbo y el fuego simboliza el Espíritu. El Verbo, luz de conocimiento, la Rúaj el fuego del amor. Verbo y Espíritu Santo: son conocimiento y amor. Estamos ante el mismo candelabro judío, de los siete brazos que remite al árbol del jardín del Paraíso. A nosotros, cristianos, nos remite a los seis cirios con la cruz y el Crucificado en el ramo central que presiden nuestros altares. Así se hace presente sobre nuestros altares al árbol de los frutos prohibidos del Paraíso. Prohibidos entonces, son ofrecidos ahora al menosprecio de la humanidad hija de Eva. Pero han sido reservados como alimento de la vida divina para los bautizados que viven como tales y se nutren de sus frutos ante ese altar, hombres engendrados por Dios.

                                       Para ir concluyendo la primera parte de mi exposición,
                 1.36.- Escuchemos cuán hermosamente nos resume el Catecismo, en el número 1602 el gran misterio de la nupcialidad de la entera obra divina, de creación, encarnación y nupcias, y el carácter divino y divinizador del misterio del matrimonio entre bautizados creyentes:
“La sagrada Escritura se abre con el relato de la creación del hombre y de la mujer a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1,26- 27) y se cierra con la visión de las «bodas del Cordero» (Apocalipsis. 19,9 ; ver: Apocalipsis 19, 7 ).
“De un extremo a otro la Escritura habla del matrimonio y de su «misterio», de su institución y del sentido que Dios le dio, de su origen y de su fin, de sus realizaciones diversas a lo largo de la historia de la salvación, de sus dificultades nacidas del pecado y de su renovación «en el Señor» (1ª Corintios 7, 39 )
todo ello en la perspectiva de la Nueva Alianza de Cristo y de la Iglesia (Ver Efesios 5,31-32 ).
                 1.37.- He aquí el carácter sacramental, mistérico, de todo matrimonio entre bautizados que vivan y quieran vivir como hijos de Dios, como hermanos, como imagen y semejanza de Dios trino y uno. A posibilitarles y facilitarles el cumplimiento de su santo deseo, se dirigen todos los demás sacramentos. El matrimonio los corona a todos y todos sirven al designio divino de configurar cada matrimonio a imagen de las bodas del Verbo y de la Rúaj.
                    1.38.- Esta condición de imagen y semejanza del Nosotros esponsal creado con el Nosotros esponsal divino, se realiza si y cuando el esposo se configura activamente, como hijo de Dios, a mayor semejanza del Hijo, Verbo-Palabra del Padre, y si y cuando la esposa se configura como hija de Dios, a mayor semejanza con el Espíritu del Padre y del Hijo = la Rúaj Santa.
                    1.39.- Por fin, cuando ambos se unen por mutuo consentimiento para amarse y servirse, en calidad de ministros recíprocos de la acción santificadora de Cristo.
                    1.40.- Expresado lo mismo en lenguaje de psicología filosófica:
a) el varón y su cuño divino, (el Verbo, Palabra, Logos del Padre), es el conocimiento;
b) la mujer (y su cuño divino, el Espíritu santo o Rúaj divina) es el Amor.
                     1.41.- Expresado en lenguaje de metáfora o simbología bíblica, el Hijo,
a) el Verbo es el árbol divino del Paraíso en su aspecto de árbol del conocimiento del bien y del mal.
b) El Espíritu Santo, la Rúaj santa, es el mismo único árbol divino en el Paraíso en su aspecto de árbol de la Vida. Es decir la Vida divina y todo lo relativo a su comunicación, por divina regeneración.
                      1.42.- El fruto del árbol, es la sabiduría, en la que conocimiento y amor, Logos y Rúaj, van unidos, en uno solo, como esposo y esposa, como conocimiento amoroso y amor que contempla. Ese árbol del paraíso representa pues al Nosotros divino y no puede ser tomado, sino solamente puede ser recibido si y cuando sea dado.
                      1.43.- Esta es pues la meta a la que apunta Dios con la obra de la creación, sanación, salvación, re-creación, restauración que debe irse realizando hasta el fin de los tiempos.

                                                                 2.- SEGUNDO PUNTO
2.1.- Segundo la hostilidad de la serpiente hacia Dios se ceba en su imagen desde el principio al fin del plan divino. Desde el principio la imagen y semejanza del Nosotros divino es hostilizado por la secularización y naturalización de la relación matrimonial, que borra del horizonte de los esposos su esencial dimensión mística. Y el consiguiente desdibujamiento de la identidad del varón y la mujer como asalto contra su esencia, que es ser reflejo de sus respectivos arquetipos.
                     2.2.- Por un lado la serpiente quiere divinizar la foto de Dios que es el par humano (seréis como dioses). Por otro lado quiere naturalizar a Dios, tratando al árbol plantado en el centro del jardín, que lo representa, como si fuera un frutal cualquiera haciendo que la mujer intente servirse por sí misma, sin aguardar a que Dios le diese. Disponer del fruto del árbol del conocimiento y de la vida, es decir, de Dios mismo, como si fuese una fruta más para la ensalada,
                     2.3.- Lo que el episodio bíblico representa en forma de acción teatral, no es otra cosa que nuestros fenómenos contemporáneos que llamamos: naturalismo, desacralización, secularización, giro antropocéntrico. Todas ellas son variantes de la tentación de la serpiente a la Madre Eva. Y en nuestros días, con la más refinada de las sutilezas, procura que la Esposa del resucitado, como si fuese la viuda del Crucificado, se vuelva del Culto a Dios, al culto al mundo, a la cultura y a cuidarse a sí misma.
                     2.4.- Desde el Vaticano II, con sus dos grandes constituciones eclesio-céntricas, no sólo se corrió ese riesgo sino que se incurrió entusiastamente en él. La Iglesia de Laodicea en la que parecemos estar, habla y se ocupa más de sí misma que del Culto brindado a su Esposo. En el mismo culto eucarístico sacrifica su aspecto cultual para hacer de él una instancia de enseñanza o catequesis. En otras ocasiones una instancia de espectáculo, musical, lúdico, coreográfico, folklórico, etc. En vez de rendir culto al Padre como desde siempre, pone la celebración al servicio de fines secundarios a costa de la adoración directa.

                            La secularización elimina de su perspectiva todo el orden sacramental.
2.5.- Hace diez años, en octubre del año 2008 se celebró en Mendoza un Simposio en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cuyo en el que intervine con una conferencia en que traté justamente de Familia y desacralización. Retomo y resumo un pasaje de aquella conferencia.
                      2.6.- El santo evangelio que trae Jesucristo para el matrimonio revela la divinización de los esposos a imagen y semejanza de la unión divinamente nupcial que une en el seno de la Santísima Trinidad al Verbo y a la Rúaj santa. Más aún, a imagen y semejanza de las bodas del Verbo humanado con la humanidad divinizada y configurada con el Espíritu santo: la Iglesia y el Espíritu, juntas, llaman al Verbo para las bodas del Cordero.
                    2.7.- Porque el Nosotros humano no solamente se reduce a ser una imagen y semejanza creatural extrínseca a la divinidad, sino que es asumida, en las Bodas del Cordero, en la intimidad del Nosotros divino porque así lo predestinó Dios en su benevolencia desde antes de la Creación del Mundo, para que fuéramos santos e inmaculados en su presencia por el amor (Efesios 1, 1-14).
                     2.8.- Esta revelación evangélica va mucho más allá de lo revelado en el Cantar de los Cantares. El amor esponsal humano ya no se revela como un fuego divino, un rayo o una centella desprendida del fuego celestial, que incendia los corazones de ambos enamorados. Y no es un vestigio, es un único y mismo misterio, es un sacramento, que no sólo figura sino que opera lo que expresa. Los esposos son signo, materia y ministros recíprocos de una configuración real aunque misteriosa con la unión del matrimonio entre el Verbo y el Espíritu en el seno de la Trinidad “Es un misterio grande éste del sacramento – dice san Pablo – lo digo de Cristo y de la Iglesia”
2.9.- En este tipo nuevo de matrimonio, entre dos hijos de Dios, se funda un nuevo tipo ideal de familia: la familia católica.

                     2.10.- Lutero y la desacralización Y digo la familia católica, y no familia cristiana, porque Lutero no lo vio así, ni lo ve así su posteridad espiritual de cristianos no católicos . Y después de Lutero, católico y cristiano dejan de ser sinónimos, porque no todos los que se llaman cristianos son católicos.
                  2.11.- Lutero, por negarle carácter sacramental al matrimonio, abre el camino al proceso de desacralización y secularización del matrimonio y la familia que estamos viendo culminar en nuestros días. Así lo dice Claudio Risé: “Es con Lutero, y más en general, con la Reforma – se ha afirmado fundadamente – que, dos siglos antes del desencadenamiento de la furia de las revoluciones burguesas contra lo sagrado, comienza la desacralización y secularización de la familia. Las consecuencias jurídicas de la doctrina de Lutero acerca del matrimonio se han visto solamente 250 años más tarde. Es también con Lutero, – quien motejaba a su mujer como ‘la doctora Catita” –, que comienza la transferencia de las responsabilidades educativas de los hijos, de manos del padre a las manos de la madre”. En efecto, a partir de entonces reducirá su rol a lo económico [alimentación y provisión de servicios] y comenzará el progresivo debilitamiento de la cultura paterna y de la patria potestad.
                      2,12.- Ha señalado también el mismo Claudio Risé que: “La Reforma protestante tuvo un rol determinante en promover el debilitamiento conjunto de la figura paterna tanto humana como divina, y en preparar la deriva secularista de la familia. La Reforma introduce la separación entre el Reino de Cristo y la sociedad humana al relegar la institución matrimonial al ámbito de lo exclusivamente civil y terreno. Con Lutero, el matrimonio sale del ámbito jurídico del reino espiritual y es entregado al orden del mundo secular, sometido al ordenamiento jurídico civil” .
                      2.13.- Se puede afirmar que la doctrina de Lutero sobre el matrimonio abrió la puerta a la ulterior estatización de la patria potestad, que hasta entonces reposaba en la relación religiosa del padre terreno con el Celestial. Uno de los factores más fatales de la desacralización de la familia es el eclipse de la figura paterna, la desaparición del varón paterno, que es reflejo terreno de la figura del Padre celestial .
                       2.14.- Lutero afirma, que todo lo relativo al matrimonio y la familia es del resorte de los juristas y es de orden mundano y, en consecuencia, que el divorcio tampoco atañe a la Iglesia sino al estado. Puesto que el matrimonio es un asunto mundano, exterior, como lo son la mujer, la casa, los hijos, la hacienda y todo lo demás, está sujeto a las autoridades seculares y sujeto exclusivamente a la razón . El lógico resultado de esta visión secularizada de la institución matrimonial, cuyo carácter sacramental (mistérico y divino) es negado, es que, en nuestros días, la vemos librada a un derecho positivo independizado de la ley natural.
                       2.15.- Lutero perpetró pues un sacrílego desmentido de las palabras y el mensaje de Cristo, una abolición de la esencia del mensaje cristiano que es la humanación del Verbo en vistas a la divinización de la humanidad; birló el mensaje de la elevación del Nosotros esponsal humano a la comunión con el Nosotros intra-trinitario. Lutero cercenó por completo el contenido sobrenatural de la esperanza cristiana, pero también condenó la vida matrimonial terrena de los bautizados a una especie de ostracismo de su dimensión mistérica, divina y divinizadora y la banalizó.

                                                                      El sacramento del matrimonio
2.16.- Por el contrario, en la familia católica sacramental, sacra, es Dios mismo Quien ama a la esposa en el ministerio sacramental del esposo y lo configura con su imagen y mayor semejanza. Y es Dios mismo Quien ama al esposo en el amor ministerial de la esposa y la configura a mayor semejanza de la Rúaj santa. En el matrimonio sacramento, el ser mismo de los esposos, en cuerpo y alma, es materia de este sacramento. Y su asemejamiento es un proceso de transformación, elevación, glorificación y divinización.
                    2.17.- Su cotidiano y perpetuo consentimiento amoroso es su forma; y ambos cónyuges son asumidos en su íntegra realidad personal, como signo eficaz de la acción divina. El amor esponsal de los hijos de Dios está llamado ahora a algo más que a ser imagen y semejanza creatural; a ser algo más que Alianza análoga. Está llamado ahora a ser participación en la hoguera misma del amor divino. Es, como dice San Pablo, un misterio grande, comunión en el amor de Cristo a la Iglesia, de Dios a la Humanidad.

                                                                              3.- TERCER PUNTO
En junio de 1998 dediqué un seminario para alumnos de la licenciatura en teología, en la Facultad de Teología del Área San Miguel de la Universidad del Salvador (Colegio Máximo) con el tema: San Pablo fundador de la Cultura Matrimonial Católica. Cinco años más tarde, un 21 de junio de 2003, pude exponer las ideas centrales de aquél seminario, prescindiendo del aparato académico, a nivel de divulgación, en una nutrida reunión de matrimonios, en Bella Vista en casa de Rita Aguilar de Segura. La Sra. Clarita Mussabah, que siempre recuerdo con inmensa gratitud, desgrabó también aquella charla que aún conservo y algún día podrá publicarse.
A 20 años de aquél Seminario y 15 de aquella charla, la invitación a este Curso de Formación Cristiana trajo a mi memoria recuerdos de aquellas enseñanzas
                      3.1.- Tercero el sacramento del matrimonio como un proceso
Proceso de sanación y divinización de los esposos. Los que obran este proceso son el Verbo encarnado y el Espíritu. Pero quieren hacerlo por el ministerio recíproco de los esposos.
                    3.2.- El bautismo borra la culpa del pecado original, devuelve la imagen pero no sana las heridas de la naturaleza que son penas heredadas. El punto de partida de nuestra biografía es pues el de seres caídos. Y el matrimonio suele contraerse entre almas que no están purificadas por la gracia. Es que el matrimonio mismo es un sacramento de sanación y santificación. Y a eso me refiero cuando hablo de un proceso. Un proceso que no necesariamente es progresivo, sino que puede ser también ocasionalmente regresivo, o puede detenerse indefinidamente.
                    3.3.- Hablando del matrimonio dice el Eclesiastés:
“Es mejor ser dos que uno solo, porque ellos obtendrán mayores resultados en sus tareas.
Si uno cae, lo levanta su compañero; pero pobre del solo si cae y no tiene quién lo levante. También si dos se acuestan se dan calor uno al otro, pero al solo no hay quien le dé calor.
Y si alguien domina al solo, dos le harán frente. Pero la cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente” (Eclesiastés 4, 9-12).
                     3.4.- Aplicado al matrimonio esto significa que mientras los dos se casan por conveniencias comunes o por una alianza de intereses, la cuerda de dos hilos, puede durar lo que duran las conveniencias, o los inconvenientes superan las conveniencias. Pero que si ambas voluntades están entretejidas con la voluntad divina, difícilmente se cortará ese vínculo. Es una cuerda de tres hilos, dos voluntades humanas entretejidas con la divina.
                    3.5.- Y la voluntad divina es hacerlos partícipes de la naturaleza divina de modo que unidos en un solo nosotros esponsal, sean imagen y mayor semejanza de los desposorios divinos. En cambio si la motivación matrimonial es simplemente humana, puede durar poco.
                    3.6.- Ahora bien, sucede que el deseo de casarse tiene distinta motivación en el varón y la mujer. Cada uno busca en el matrimonio un complemento distinto, un objeto de deseos diferentes. Suele decirse que el varón quiere una casa para tener una mujer y que la mujer quiere un esposo para tener una casa. Y esto puede significar si se lo expresa con cierta crudeza, teniendo en cuenta lúcidamente cuáles son las heridas que el pecado original ha ocasionado en varón y mujer, que el varón suele ingresar al matrimonio con un fuerte componente de lujuria, y la mujer con un fuerte deseo de ternura, seguridad y un fuerte componente de posesividad.
                       3.7.- Si ambos se casan exclusivamente por esos impulsos, se trata de una cuerda de sólo dos hilos. Si quieren contraer un sacramento y ser el uno para el otro lo que Dios quiere que sean y ser ministros de esa voluntad del uno para el otro, si quieren ser con-figurados a mayor semejanza de la unión del Verbo con la Rúaj, esa unión puede llegar a ser tan eterna como la unión del Verbo y la Rúaj.
                       3.8.- San Pablo se encontró en Corinto una comunidad naciente que, por estar en una ciudad portuaria, comercial, deportiva y centro de peregrinación al Templo de la Venus Afrodita Porné, rodeado de las casitas de cinco mil prostitutas y prostitutos, era habitada por los demonios de la codicia, la lujuria y el apetito de gloria.
                      3.9.- A esos cristianos tuvo que enseñarles a vivir su matrimonio en un proceso de sanación y santificación. Enseñarles que el cuerpo no es para la lujuria, sino templo del Espíritu Santo. Enseñarles a renunciar a la vanagloria y a la codicia. A apreciar el cuerpo y a desear la resurrección. Le tocó en verdad, una parroquia difícil.
                     3.10.- Tuvo que empezar poniendo metas moderadas. Uno con una. Unión estable y duradera. Someter el sexo al gobierno del amor esponsal. Presentarles metas místicas quedaría para un futuro que la comunidad no parece haber alcanzado en vida de san Pablo, ni en la de su sucesor san Clemente, que la encontró dominada por los carnales y no por los espirituales.
                     3.11.- En Galacia, en cambio, san Pablo se encontró una comunidad dominada por mujeres de una aristocracia agraria, también imbuidas del deseo de gloria y prestigio, que las hacía más proclives a poder gloriarse de las obras de la ley que a aceptar la propia nada y ser salvados y sanados por la fe y la gracia. Cristo esposo estaba frente a esta Iglesia como un marido ante una mujer arrogante y dominadora. Y por lo tanto rebelde para la obediencia a la gracia de la fe. Para este tipo de mujer, el matrimonio estaba bajo el signo de la dominación.
                       3.12.- No puedo mostrar aquí por qué el problema en Galacia eran “ellas”. San Pablo y sus compañeros habían sido expulsados de la región a instancias de damas influidas por predicadores judíos. Y el argumento central en su carta toma como motivo dos mujeres (Sara y Agar) y dos tipos de motivos de relación varón – mujer. Sara y Agar y el tipo de relación distinto de Abraham con cada una de ellas.
                       3.13.- Detrás de estos dos modelos bíblicos de relacionamiento varón-mujer, el uno amoroso y el otro utilitario, es posible develar dos tipos distintos de relación con el Verbo y la Rúaj: primero uno con el Israel de la Alianza según la Ley y las obras y otro (Agar, la esclava), otro, después, con la Iglesia de la fe y la gracia.
                       3.14.- Las Gálatas, en su regresión a la Ley, teñían de su color a toda la comunidad eclesial de Galacia. También éste era un pantano para el varón y los engullía en su propio fango de pasiones humanas. Si no de la lujuria sí de la vanagloria y la soberbia. Tenían que ser liberados por la propuesta de la superioridad de la gracia sobre la Ley. Ser imagen y semejanza del Verbo y de la Rúaj, era una gracia desde el principio.
                       3.15.- En cuanto a la unión esponsal firme en un Nosotros semejante al Nosotros divino del connubio entre el Verbo y el Espíritu Santo, era una meta demasiado lejana para que Pablo pudiera presentarla tan prematuramente a Corintios y Gálatas. Para usar el lenguaje más propio de san Pedro, a unos cristianos aún bebitos, no se les podía presentar el manjar sólido de misterios para los cuales no eran aptos todavía ni su paladar ni sus mandíbulas. Sólo se les podía dar leche.
                       3.16.- Sólo en Éfeso, donde san Pablo pudo predicar diariamente y durante dos años, los cristianos habían ido siendo transfigurados y habían sido preparados para presentarle a los esposos ante los ojos, el Misterio grande, que revela la verdad del designio divino sobre varón y mujer, que prefigura la unión de Cristo y de la Iglesia. A esta unión apuntaba el designio del principio, cuando el Nosotros divino decreta “Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza”. Ellos tenían en vista las Bodas del Cordero. Pero esas Bodas son el arquetipo, el cuño, capaz de acuñar varones y mujeres capaces de ser, en el decurso de la historia, imagen y semejanza de los desposorios misteriosos que hay, en el seno de la Trinidad, entre el Hijo, el Vero o Palabra del Padre, y la Rúaj Santa que de ambos procede, sobrevuela todas sus obras y se reposa en su contemplación aprobatoria.

                                                                          4.- CONCLUSIONES
4.1.- El curso de formación católica san Bernardo de Claraval se ha dedicado a tratar de La Liturgia, como fuente y expresión de la Fe – El padre de la mentira lo sabe. El Catecismo de la Iglesia católica, engloba el Orden Sagrado y el Matrimonio sacramental bajo el nombre común de “Sacramentos al servicio de la Comunidad”.
                     4.2.- El Catecismo romano, dice que la palabra Sacramento “nada más significa que una cosa sagrada, escondida y oculta”. A eso he querido apuntar con mi exposición.
Si examinamos el actual ritual del sacramento del matrimonio post-vaticano segundo, despojado de varios de los ritos, signos y símbolos que tenía el anterior y por el que se destacan el ritual toledano o los de ritos orientales, la dimensión sagrada, escondida y oculta de lo que se celebra, no parece suficientemente aludida.
                      4.3.- Los ritos y signos litúrgicos son precisamente alusivos a cosas arcanas que los fieles iniciados en los ministerios entenderán pero los profanos o no iniciados pasarán por alto porque no es lícito revelarle las cosas santas sino a los santificados. Las cosas santas son para los santos. Es la disciplina del Arcano. Desgraciadamente hoy desaparecida y cuyo nombre sólo evoca algo arcaico o las arcadas de la náusea que aleja a no iniciados o apóstatas del tesoro de los misterios.
                      4.4.- La catequesis infantil suele reducirse a la preparación para la confesión y la primera comunión. Que yo sepa, no se les enseña a los niños una visión más amplia de los sacramentos, entre los cuales yo destacaría la importancia de la iniciación en el misterio de la esponsalidad, varón y mujer, a la luz del Génesis, creación, caída y elevación.
                      4.5.- El número 1602 de Catecismo de la Iglesia Católica remite muy aptamente al misterio del matrimonio histórico, a su arquetipo eterno y temporal. No debería faltar su explicación en la catequesis infantil. Debería impregnar de ritos y simbolismos alusivos el ritual litúrgico del matrimonio. Debería ser materia obligada y prioritaria en los cursos prematrimoniales que llegan tarde, cuando ya se han hecho las elecciones la mayor parte de las veces ignorando lo esencial de los misterios relativos al varón y la mujer y sus arquetipos divinos, el misterio de su virilidad y femineidad a la luz revelada por Dios.
                       4.6.- La luz del misterio de la destinación del varón y la mujer debería también iluminar la inteligencia desde niños y desde antes del despertar en la pubertad en forma adecuada, como lo hacían ciertos cuentos infantiles tradicionales católicos.
Los cuentos infantiles han quedado en manos de la contracultura anticristiana, con una parálisis de la creatividad católica.
                      4.7.- Todo lo que se haga para recuperar y difundir la iniciación en los misterios del designio divino sobre varón y mujer, su caída, su elevación, sanación y divinización será bienvenido. Y lo que existe al respecto debería ser mucho más aprovechado y difundido.

A.M.D.G.

 

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