
Esta serie de cinco entradas sobre Tristeza y Felicidad es reproducción del capitulo quinto de mi libro titulado «MUJER ¡POR QUÉ LLORAS» y subtitulado «Gozo y tristezas del creyente en la Civilización de la AcedIa» [1999], cuyo capítulo quinto se titula: «Tristeza y Felicidad en la Civilización de la Acedia». Dicho capítulo quinto es reproducción de una Conferencia pronunciada en la Universidad de Cuyo, Sede San Luis, Argentina, en mayo de 1999. En esta conferencia presenté un anterior libro mío titulado: «EN MI SED ME DIERON VINAGRE» subtitulado La Civilización de la Acedia, [1999] publicado en 1997. Ambos libros se encuentran aún a la venta en la editorial Lumen, Buenos Aires.
LA FELICIDAD COMO ASUNTO PROFÉTICO
PSEUDOPROFECÍAS DE LA MODERNIDAD
La Modernidad ha articulado sus propuestas de felicidad
en base al mito pseudo- profético del Progreso.
El Secretariado de la Santa Sede para los No Creyentes, centró su Asamblea plenaria anual de 1991 en el tema: «Búsqueda de la Felicidad y Fe cristiana» [1]. Aunque la terminología en que se plantea y se discute el tema con los no creyentes no siempre lo evidencie, el tema toca el corazón del problema de la acedia: tristeza opuesta al gozo de la caridad. Es comprensible que tratándose de un diálogo con no creyentes no fuese adecuado echar mano al lenguaje de la tradición teológica católica, como lo estamos haciendo en esta obra dirigida a creyentes.
La Modernidad se caracteriza por su rupturismo con el pasado católico. Ha presentado un ideal de felicidad humana opuesto al ideal cristiano, con el cual ha roto militantemente. Una reflexión acerca de ambas visiones es iluminadora. Saca a luz las razones últimas de la Civilización de la Acedia así como la naturaleza de las tentaciones a las que somete al creyente que debe vivir en ese mundo, organizado contra, o al margen, sus visiones de fe.
Este capítulo contiene una reflexión acerca de dos preguntas ¿Cómo habla de la felicidad la civilización depresiva? ¿Y por qué habla así?
2.1 Felicidad: tema actual, tema eterno
El cuestionario preparatorio para la discusión en la Asamblea plenaria del Secretariado para no Creyentes decía así:
1) El hombre buscó siempre la felicidad. ¿Qué características presenta hoy esta búsqueda, en qué formas se expresa, qué caminos siguen nuestros contemporáneos para buscar la felicidad en las diversas condiciones y situaciones del mundo actual?
2) Según las mentalidades dominantes hoy en día, las religiones, las creencias, las prácticas religiosas ¿ayudan a conseguir la felicidad o, por el contrario, la impiden, hasta el punto que el hombre se cree obligado a buscarla fuera de toda religión?
3) ¿Cómo perciben hoy los hombres la relación entre el Cristianismo, religión de la «Buena Nueva», y la felicidad? ¿Cómo aceptan la promesa cristiana de una felicidad eterna con Dios? ¿La consideran como una sustitución ilusoria de la felicidad terrestre o como respuesta auténtica a las aspiraciones a la felicidad, incluso en este mundo?
4) ¿Cómo debería presentar la Iglesia el mensaje evangélico para que sea percibido realmente como una «Buena Nueva» para el hombre de hoy, capaz de darle solamente la felicidad eterna sino también en esta vida, en la medida de lo posible? ¿Cómo habría que anunciar y vivir la fe en Cristo para que Este aparezca ante los ojos de la humanidad como la esperanza suprema del hombre?
Una respuesta teológica a estas preguntas implica encarar el misterio de la acedia de la Modernidad, tal como la hemos definido, como apercepción o dispercepción del bien
2.2 Intuición abstractiva
En ocasión de la consulta del Secretariado de la Santa Sede, ensayamos una respuesta desde el Uruguay, la cual, sin embargo, no por eso carece de validez universal [2]. Parecería, en efecto, que una pregunta general y universal como la del cuestionario, no admitiría una respuesta peculiarizada y emitida desde una situación particular como es la de un país concreto, y menos aún desde uno de los países más pequeños y por lo tanto más insignificantes en el concierto de las naciones. Sin embargo, en el Uruguay ha habido creyentes que se han planteado con profundidad el problema de la felicidad y lo han respondido con originalidad, ofreciendo visiones universalmente válidas. Voy a referirme aquí a Juan Zorrilla de San Martín (1855-1931) y a su pensamiento sobre el tema.
2.3 Una Profecía Católica en Uruguay: Juan Zorrilla de San Martín
Por otra parte, a veces se puede captar en el singular leyes, principios y verdades universalizables: ab uno disce omnes, dice el proverbio latino. Se trata por otra parte del principio que la filosofía del conocimiento llama ‘intuición abstractiva’, por el que se abstrae un concepto universal a partir de un ser individual. Ese es, precisamente, el principio que rige la genial obra de Zorrilla de San Martín El Sermón de la Paz (1924), una meditación que a partir de un hecho en apariencia nimio, sucedido en el jardín del pensador y poeta, remonta vuelo y se convierte en meditación sobre la paz social e internacional.
Como observa Julián Marías, la felicidad no es un problema que se plantee a nivel de individuos por un extremo y de lo universal por el otro, sino que es posible una reflexión sobre la felicidad a nivel de los pueblos y naciones:
Si se comparasen países y épocas, se descubriría que una misma nación pasa por fases enteramente distintas, que acaso ha tenido viva vocación de felicidad y la ha perdido, o se le ha despertado en un momento de su historia. Tal vez coincide la fase de pérdida con un aumento de sus recursos, de sus condiciones objetivas. Es probable que algunos países tengan actualmente las mejores condiciones, pero acaso no tienen la vocación de felicidad que tuvieron en momentos más difíciles. Stendhal sentía cierta antipatía por la Francia de su tiempo, mientras se le iban los ojos tras España y, sobre todo, Italia. Creo que lo que percibía […] en España e Italia era una fuerte vocación de felicidad que no encontraba en Francia, la cual estaba mucho mejor que ellas, en todos sentidos, pero con una vocación más pobre. En Francia veía Stendhal vanidad y ambición; en España e Italia encontraba pasión, (es su palabra predilecta, muy romántica, y es la que le sirve para nombrar, no muy exactamente, la vocación de felicidad) [3].
2.4 Felicidad: profecía, promesa, don
Zorrilla de San Martín, va a referirse a la felicidad de las personas y de las naciones con el bíblico nombre de Paz. Una visión, como se ve, opuesta a la de Stendhal. El pensamiento del autor uruguayo pone al lector sobre la pista que señalamos en nuestro título: que la felicidad es, como la paz bíblica, un don de Dios y por lo tanto, un asunto profético. No el fruto de esfuerzos humanos ni de dinamismos pasionales sino todo lo contrario: gracia. Por lo tanto, en el tratamiento de este asunto, el creyente, iluminado por la revelación, corre con la ventaja de saber mucho más que lo que alcanza la reflexión filosófica eudaimonológica, la cual no logra despegar de las viscosas pistas del esfuerzo humano. Sin embargo, no es ilusorio el peligro de caer en enfoques pelagianos sobre el asunto.
Por otra parte, bajo la apariencia puramente filosófica y mundana del abordaje al tema de la felicidad, se traicionan a veces promesas y utopías, ilusiones (como las llama Marías) que son también, si bien se las examina, promesas. Y por lo tanto pertenecen al género de la profecía. Por más que sea una profecía laica, de orden económico, político. Detrás de la futurología juegan todos esos mitos de las religiones laicas, émulas de la fe cristiana. Las fes secularistas plagian tanto la revelación, como el profetismo y el mesianismo bíblicos. Aún queriendo tomar distancia de la cultura de la fe, son sus subsidiarias por imitación.
2.5 Pseudo profecías de la Modernidad
Las principales tesis que vertebran nuestra exposición, son las siguientes:
1) La Modernidad ha articulado sus propuestas de felicidad en base al mito pseudo profético del Progreso.
2) El mito del Progreso tiene dos vertientes principales: una económica y la otra social.
3) El mito del Progreso, en sus dos vertientes, es una propuesta «profética».
4) La propuesta «profética» de la Modernidad, pertenece al género que la tradición bíblica llama pseudo profecía que fue la de los profetas de Baal o la de los falsos profetas, una profecía profesional, mercenaria, cortesana, al servicio del poder político, del rey religiosamente desobediente y por lo tanto antagónica de la profecía inspirada por Dios.
5) La propuesta pseudo profética de la Modernidad ha sido objeto de la contracrítica o refutación profética de los creyentes: ya sea del Magisterio por medio de su enseñanza; ya sea de los fieles por medio de su vida; ya sea de pensadores y profetas creyentes por medio de su enseñanza y su predicación escrita o hablada.
6) El mito del Progreso, como propuesta de felicidad pseudo profética, ha estado y sigue estando al servicio de gobiernos y políticas que lo usaron como utopía legitimadora o como ilusión colectiva, con el fin de poder imponer opresiones económicas y sociales en aras de un futuro mejor.
7) Juan Zorrilla de San Martín, pensador uruguayo que es una cumbre del pensamiento católico creyente latinoamericano, en su obra El Sermón de la Paz, contribuyó desde el Uruguay a la sensibilización del profetismo creyente y coincidió con otros pensadores católicos como, por ejemplo, Christopher Dawson [4] o Romano Guardini [5], en alertar contra la ambición desmedida del mito moderno del Progreso , y en abogar por una actitud de contento-continencia-contención, como fórmula de paz, es decir de felicidad, personal, social y universal.
Estas afirmaciones principales, ordenadas aquí en sucesión lógica, se entrelazarán libremente en la exposición que sigue, en un orden (o desorden) de tipo más bien coloquial o ensayístico.
NOTAS
[1]Véase los resultados en la Revista del Secretariado: Ateísmo y Diálogo (1992)
[2]Publicada en Gladius Nº 40 (1997) 91-114
[3] Julián Marías, La Felicidad Humana, Ed. Alianza, Madrid 1988, pp. 382-383
[4] Christopher Dawson, Progreso y Religión, Ed. La Espiga de Oro, Bs. As. 1943
[5] Romano Guardini, El ocaso de la Edad Moderna, Ed. Guadarrama, Madrid 1958
Muy bueno! Gracias!
La persecución a la cultura católica, que había puesto los cimientos a la conformación sólida de Occidente, en aras de los falsos profetas del Progreso, ha conducido a una sociedad marcada profundamente por lo paradójico, como se ha descrito en las páginas anteriores; un culto al progreso que va sumergiendo a la humanidad en un abismo de contradicciones con “el ocaso del deber”; “la caída de la norma “, “el imperio de la moda”, pero que, supuestamente, todo está bien porque el hombre es la medida y la referencia de todo, el que determina qué hace a su sentido de felicidad y qué no. Un mundo sin Dios y contra Dios, camina a su autodestrucción; lo confirman las palabras de Jesús “por sus frutos los conoceréis” y se deshace la perfecta armonía revelada a Pablo en Corintios: “Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios”
hermosa respuesta