COMUNIÓN ESPIRITUAL Y EN LA BOCA
AUTO Y JUEGO SACRAMENTAL EN PRIVADO

COMUNIÓN ESPIRITUAL EN LA BOCA: AUTO SACRAMENTAL Y JUEGO SAGRADO
«Querido Padre: He comulgado cómo me lo sugirió, escondiéndome para jugar espiritualmente a que la recibo en la boca. Me pongo de rodillas, junto las manos, cierro los ojos, y con todo mi deseo de recibirlo en mí, abro la boca y saco la lengua etc. Es un maravilloso “juego de niña” hecho en fe, esperanza y deseo de recibirlo. Lo vengo haciendo ya varias veces desde anteayer y me está dando inmenso alivio, me voy recuperando progresivamente»

UNA HIJA ESPIRITUAL ME ESCRIBE ESTO DESDE VENEZUELA:
Querido Padre […] Aunque el confesor me recomendó comunión y confesión frecuente, no he comulgado porque no quiero tocar el Cuerpo de Cristo con mis manos viniendo como vengo de la vida de pecados que Usted conoce y sabe cómo estaban mis manos, mi boca, mi lengua y todo mi cuerpo manchado ¿Qué me dice Usted Padre? ¿Se puede comulgar en la mano sin problema de conciencia?,
Esta primera comunión después de ocho años de mi vida de pecados y sin comulgar me la he imaginado algo así, casi místico de rodillas y en la boca, como si fuese de nuevo mi primera comunión. Pidiéndole que él purifique esta boca, esta lengua, este cuerpo entero que yo he usado para pecar y no es digno de recibirlo. Por eso hasta el momento he comulgado sólo espiritualmente.
Padre su ayuda ha sido providencial y gracias a usted y su ayuda logré salir de ese hoyo con el favor de Dios, pero ahora me hallo tan rara, el esclavo no extraña la libertad, y es lo que me sucede, parece que ni me conozco a mí misma. Me siento tan frágil, cuando debiera sentirme fuerte y feliz.

A LO CUAL YO LE SUGERÍ LO SIGUIENTE
Paso ahora a lo que me dices de que el confesor te aconsejó comulgar seguido, pero que tú no sientes que sea reverente recibir al Señor en la mano y no en la boca, sino que comulgas en deseo y en espíritu.

En esto estás bien inspirada por tu santo Ángel Custodio y el Espíritu Santo que te sugieren esos sentimientos humildes de indignidad tuya y de soberanía divina de Jesús sacramentado. A Jesús le agrada más que te dejes guiar dócilmente por esa evidencia interior. Espera pues. Espera a que puedas volver a recibirlo en la boca. Pero da gracias desde ahora por estar deseando recibirlo. Ya lo estás llamando y recibiendo en ese deseo. Eso es la «comunión espiritual». Y no es menos comunión amorosa que la comunión ritual en el sacramento.

Sólo corrige tu sensación que ese deseo amoroso fuese una comunión menos real que la comunión en el rito sacramental eucarístico. Pero voy a sugerirte una tercera forma que combina ambas en una forma que las asocia a ambas.

Mientras no te sea posible recibir la Comunión en la boca, es más grato al Señor y más santificador que lo recibas directamente por vía de ese vehemente deseo espiritual de recibirlo que su Espíritu te inspira. Así comulgaron los santos que vivían en lugares donde no había ni siquiera templos o sacerdotes. Y es así como el Señor dispone que lo recibas, no menos místicamente de lo que tú te imaginabas que lo recibirías. En tu deseo amoroso ya lo estás recibiendo y dándote a Él y en ese mismo deseo tuyo Él se te está dando a ti.

Tú dices: “Esta primera comunión después de ocho años me la he imaginado algo así casi místico de rodillas y en la boca”. Y continúas diciendo: “hasta el momento he comulgado sólo espiritualmente”.

¡No digasSólo espiritualmente” como si la comunión espiritual fuese menos comunión que recibirlo de rodillas y en la boca. No es menos. Es más. Porque sin ella, la comunión ritual es vana, es comunión sólo en apariencia exterior , por lo menos rito vacío e ineficaz o a veces sacrílego. La comunión ritual sacramental no es nada sin la comunión espiritual de amor de caridad.

En la Edad Media y en el Renacimiento español se realizaban obras teatrales llamadas Autos Sacramentales. Consistían en la representación escénica, (a menudo en las escalinatas y atrios de los templos y con actores y disfraces de Ángeles, de Santos), representando misterios de nuestra fe. En nuestros tiempos, la Comunidad de Convivencias con Dios heredó del jesuita Alberto Ibáñez, su fundador, una forma de Ejercicios Espirituales ignacianos que incluyen las contemplaciones grupales actuadas. 

Fiel a estas tradiciones, voy sugerirte un juego sagrado de comunión espiritual,  en  el cual, a la vez jugarás a recibirla de rodillas y en la boca y de mano del mismo Jesús, que se te la da en Hostia y Cáliz. Un juego jugado en fe y caridad empleando a la vez tu cuerpo y tu imaginación, como hacen los niños en sus juegos.

Vete a un lugar escondido jugando a que el Señor te llama a un lugar desierto, para consolarte, o para apartar de ti un pensa-monio que te entristece o tortura, o simplemente para decirte algo que es solamente para ti [La llevará al desierto y le hablaré al corazón» Oseas 2, 16]. Un lugar donde nadie te vea, para encontrarte a solas con Jesús, como si acudieses a una cita que te ha hecho para dársete en comunión allí «en lo secreto». Que te impulse la vehemencia de ese deseo tuyo al escondite  del encuentro y a la vez te prepare para recibirlo. Allí cae de arrodillas a los pies de Jesús. Y si se te inspira besar sus pies, o abrazarte a sus pies como una suplicante, o lavar su pies, secarlos con tu cabellos como la Magdalena, haz lo que el Espíritu del Amor te inspire. Y allí en el secreto donde nadie te ve, arrodillada abre tu boca y recibe de mano de Jesús-esposo el pan que es su cuerpo y el cáliz de su sangre.

Todo esto no se diferencia exteriormente de un juego de niños. Y es un verdadero juego, una verdadera actuación, pero inspirada por las virtudes teologales, principalmente por la Caridad. La diferencia está en que expresa exterior y corporalmente esas disposiciones espirituales de naturaleza divina que transforman tus disposiciones naturales humanas. Es una comunión espiritual actuada. Es un Acto o Auto sacramental. 

¿No es acaso, nuestra Misa un juego ritual sacro que se mimetiza con la Santa Cena de aquél Jueves Santo? ¿No dijo Jesús antes de esa Cena «ardientemente he deseado celebrar esta cena de Pascua con vosotros antes de mi muerte? Y no fue acaso esta Última Cena, a la vez una representación actuada de la Antigua Pascua y un «juego ritual sagrado», una mímesis o imitación en fe, de la entrega de sí mismo de Jesús, Cordero Pascual, en la Cruz?

No menos grandioso va a ser tu juego con Jesús a recibir de Él la comunión en la boca. Porque de la medida de tu caridad serán las dimensiones divinas de este «juego-orante» y llenarán de eternidad tu tiempo. Es un Auto sacramental representado «en lo secreto de un alma con su Esposo«.

Una comunión auténticamente espiritual que asocia la acción corporal con los actos teologales, asocia el cuerpo al actuar de las virtudes teologales. Prueba a hacerlo así. Escóndete para el encuentro. Tu deseo es la voz del Señor que te da cita, te llama, tu deseo y tu llamada son una misma cosa, como las dos caras de una medalla. Acude al encuentro. En su presencia humíllate y deja que tu amor te enseñe qué hacer, quizás orar en lenguas. Arrodillada abres tu boca y comulgas. Reproduces espiritual y corporalmente el rito en el que Él acude a ti con todo su poder y realidad en tu fe, que irá creciendo con esta práctica humilde y amorosa.

Lo que la fe, la esperanza y la caridad nos mueve a hacer con nuestra imaginación y nuestro cuerpo, Dios lo hace tan eficaz como en los juegos de niños en el que saltar una hilera de baldosas puede ser como cruzar un río. Así Jesús vendrá a ti en ese lugar secreto en que abres la boca para que venga a ti a saciar tu deseo de recibirlo en ti y de entregarte a él.

MI HIJA ME RESPONDE A LOS DOS DÍAS, CONTANDO LOS RESULTADOS DEL JUEGO SAGRADO:

Querido Padre Horacio:
Le estoy muy agradecida con sus palabras y Usted no se imagina que gran bien me han hecho, yo creo que Dios le ha dado poder de leer las almas y de saber con acierto lo que precisan, he seguido sus consejos, he comulgado cómo me lo sugirió, escondiéndome para jugar espiritualmente a que la recibo en la boca. Me pongo de rodillas, junto las manos, cierro los ojos, y con todo mi deseo de recibirlo en mí, abro la boca y saco la lengua etc. Es un maravilloso “juego de niña” hecho en fe, esperanza y deseo de recibirlo. Lo vengo haciendo ya varias veces y me da inmenso alivio, me voy recuperando progresivamente, aunque aún duele, pero estoy vigilante y destierro los pensamientos de tristeza y de odio, recitando la copla, cada vez que me acuerdo digo «hágase en mí» como Usted me lo ha recomendado, la Gracia hace cosas maravillosas Padre, aún en las circunstancias difíciles que estoy viviendo.  Se despide afectuosamente, su hija querida

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