ENAMORAMIENTO Y NOVIAZGO
CARISMA Y ESCUELA para el MATRIMONIO

EL AMOR ES LA UNIÓN DE DOS VOLUNTADES QUE PROCURAN EL BIEN DEL OTRO Y EL BIEN DE AMBOS Y DA SENTIDO AL SACRIFICIO PROPIO Y DE AMBOS. ESO ES GRACIA DEL ENAMORAMIENTO. LO DEMÁS SON IGNORANCIA, ERRORES O MENTIRAS PRE Y POST-CATÓLICAS

ENAMORAMIENTO Y NOVIAZGO
Cimiento y escuela de la amistad matrimonial

Comienzo mi exposición postulando una tesis y contiene tres definciones: “El enamoramiento es un carisma, el noviazgo es una escuela y el matrimonio un ministerio”.
Mi exposición, sin embargo, no apuntará a probar ni demostrar la tesis ante adversarios, ni a defender la verdad de sus errores, ni la norma de las anormalidades dominantes.

Simplemente aspiro a mostrar su contenido exponiéndolo ante los bien 0dispuestos y deseosos de profundizar en el misterio divino revelado acerca de ella.
0.1.- Una primera explicación del significado de la tesis, es que el carisma del enamoramiento es un carisma que dispone al ejercicio del ministerio y cuya memoria lo acompaña, posibilitando vivirlo como misterio divino, es decir, sobrenatural. Ambos, carisma y ministerio, son pues gracias, dones sobrenaturales, divinos, que sanan y perfeccionan la herida del pecado original en el varón y la mujer y el principal obstáculo al amor entre ambos, que es la concupiscencia, las pasiones desordenadas.
0.2.- La tesis consta de dos partes que se corresponden con las del tema propuesto, por lo cual, divido mi exposición también en dos partes:
1) Enamoramiento y Noviazgo como cimiento de la amistad matrimonial y
2) La Amistad esponsal como amistad de caridad

0.3.- Esta división se fundamenta en una experiencia histórica. En ocasión de presentar en Paraná un nueve de marzo de 2012 mis dos libros “El Buen Amor en el Noviazgo” y “El Buen Amor en el Matrimonio”, tuve oportunidad de detenerme a exponer, más allá de las ventajas editoriales para publicarlos por separado, las razones mucho más profundas, de naturaleza teológica, es decir “divina”, que aconsejaban publicar ambos libros por separado. Los hechos confirman, pues, la conveniencia de mostrar por partes el contenido de la tesis. En la primera parte tratar de la naturaleza del Enamoramiento y el Noviazgo. En la segunda tratar de la naturaleza de la amistad matrimonial como misterio y ministerio.
0.4.- En la consideración del enamoramiento y el noviazgo respectivamente como cimiento y escuela de la amistad matrimonial me ocuparé hacia el final de esta exposición de precisar a qué tipo especial de amistad corresponde la amistad matrimonial cristiana, o sea cual es la diferencia de la amistad de Caridad con otras formas de amistad.

PRIMERA PARTE 
NATURALEZA DIVERSA DEL ENAMORAMIENTO Y EL NOVIAZGO

1.1.- El noviazgo supone un comienzo: el enamoramiento.
Éste consiste en a) reconocerse y b) en apegarse, dos aspectos de un solo carisma al que llamo enamoramiento.
Es conveniente, pues, comenzar por tratar de ese momento inicial y binario al que habitualmente se engloba como bajo un mismo nombre como: Noviazgo.
1.2.- Ese momento inicial es UN CARISMA. Está compuesto por dos aspectos inseparables: un acto de conocimiento y otro de la voluntad. El acto de conocimiento es un acto de atención. Y el acto de voluntad es un acto de elección, vinculación y apego.
El carisma es un don divino. para ambos, aunque sea recibido y vivido por él y por ella de manera diferente. Lo que se recibe se recibe según quien lo recibe. El varón a su manera y la mujer a la suya. Cada uno, a su manera, percibe al otro como un bien y cada uno aprueba al otro y lo afirma como un bien.
Si buscamos de dónde proviene este doble aspecto del carisma, descubrimos que es un don que conceden en común el Verbo de Dios y el Espíritu Santo. El aspecto cognoscitivo (atención y elección) es atribuible a la acción del Verbo de Dios Padre. El aspecto volitivo el elegir y el apegarse es atribuible a la acción del Espíritu Santo.

De la conjunción a) del conocimiento y el amor, b) de la co-operación del Verbo y del Espíritu santo, c)  consta lo que llamamos “sabiduría” del Padre. En Dios, Conocimiento y Amor están unidos inseparablemente, son uno solo. Son conocimiento que mueve al amor, y amor que aprueba y lo conocido y perfecciona el conocimiento.

Considero, por eso, al carisma del enamoramiento como un don infuso de sabiduría: de conocimiento amoroso y de amor que permite darse a conocer y conocerse. Conocerse cada uno a sí mismo y entre sí. Cuando el primer ser humano varón es puesto frente al primer ser humano mujer, se reconoce a sí mismo con un nuevo nombre “ish” y la designa a ella como “isháh” porque fue tomada del “ish”

1.3.- Sabiduría no es cualquier conocimiento sino aquél conocimiento que ama y aquél amor que por amar conoce. No podríamos amar lo que no conocemos ni podríamos conocemos plenamente sino lo que amamos. El re-conocimiento y el enamoramiento recíproco son pues un reflejo, en la creatura humana varón y mujer, del misterio escondido en el Dios Trino y Uno. Y no sólo un reflejo, sino un argumento que convence del origen divino y de la esencia sobrenatural del enamoramiento: de su estrecha relación con el don de sabiduría.
1.4.- No puede haber divorcio en Dios, entre conocimiento y amor. La separación del conocimiento es propiamente lo demoníaco. Es la inspiración demoníaca sugerida a la primera mujer de aspirar al conocimiento del bien y del mal por el camino de la desobediencia. San Pablo nos lo advierte en el prólogo al himno de la caridad en Primera Corintios 13: “Aunque conociera todos los misterios y tuviera toda la ciencia… si no tengo caridad, nada me aprovecha”. Sin Caridad, sin amor, las mayores maravillas del pensamiento, la palabra y la obra, son vanas, ilusorias y por ser distractivas, son demoníacas.

Aplicando esto a nuestro asunto se deduce que sin la inicial infusión divina de la gracia del enamoramiento, toda otra clase de atracción entre varón y mujer que no sea amorosa, no puede alcanzar su destinación divina. A la corta o a la larga se enfanga en los “malos entendidos”, el “desconocimiento del otro”, el uso y el abuso, la dominación, la manipulación etc.

1.5.- Dejo así suficientemente distinguido el enamoramiento (reconocimiento y apego mutuo) del noviazgo, como otra fase derivada y subsiguiente que nace de ese consenso y que se nutre de la savia del carisma inicial. Esa fase que llamamos noviazgo, profluye del carisma y es, propiamente una escuela de ejercicio del carisma. En esa escuela ambos deben aprender a dejarse conducir por la gracia inicial. Esta distinción entre un antes inicial y su después, importa; y mucho, porque el momento propiamente carismático, es el primero. Durante el noviazgo, el ejercicio del carisma enseñará a configurar la relación entre ambos rigiéndola por la gracia inicial. Esa gracia es como el alma o la médula del noviazgo y del futuro matrimonio.

1.6.- RESUMIENDO:
A) RECONOCIMIENTO y APEGO consensuado son, juntos, un carisma, un don de Dios. Se puede comparar con la programación inicial de un GPS para que vaya dictando, durante todo el viaje, las instrucciones para el camino del noviazgo y el matrimonio.
B) NOVIAZGO es el lapso, de duración variable, en que ambos novios, son movidos, enseñados, guiados por el carisma. El carisma inicial es propiamente una llamada o vocación divina a ingresar y ser asumidos en el misterio esponsal. Durante el noviazgo, como durante un viaje, es posible que uno de los dos, o ambos, desoigan la voz del GPS
C) MATRIMONIO es un ministerio misterioso. Es la realización del carisma en el ejercicio del ministerio esponsal divino o mistérico.

CARISMAS Y MINISTERIOS SEGÚN SAN PABLO
1.7.- San Pablo nos enseña a distinguir entre carismas, ministerios y operaciones según un criterio trinitario:
“Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu [Santo]; diversidad de ministerios, pero un mismo Señor [Hijo]; diversidad de operaciones (es decir carismas y ministerios), pero un mismo Dios [Padre] que obra todo en todos”. [1ª Corintios 12, 4-11].
1.8.- La acción de conferir los carismas se atribuye al Espíritu Santo. Conferir ministerios se le atribuye, como más conveniente, al Verbo Encarnado, Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo. Y todas las operaciones del Espíritu Santo y del Verbo son atribuidas a Dios Padre, que las opera a través de su Palabra y de su Amor.

Enamoramiento como carisma
1.9.- Me detengo algo más en la consideración del enamoramiento como carisma. ¿Qué es un carisma? Un carisma es lo que llaman los teólogos una gracia “gratis data”. Una gracia conferida por el Padre por vía del Espíritu Santo.
1.10.- Gratis data, quiere decir que es conferida gratuitamente. Es una gracia que no se da en atención a mérito o demérito alguno del beneficiado y está destinada, sobre todo, al bien de los demás o de otro.
Se confiere independientemente de merecimientos y del estado espiritual de la persona. Como lo fue, por ejemplo la vocación de san Pablo.
1.11.- En el pasaje de 1ª Corintios 12 antes citado, san Pablo, refiriéndose a los carismas que confiere el Espíritu, afirma:
12,7 A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común. 8 Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; 9 a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carisma de curaciones, en el único Espíritu; 10 a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas. 11 Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad. [1ª Corintios 12, 7-11]
1.12.- La enumeración que hace San Pablo no es exhaustiva. En el caso del carisma del enamoramiento, el carisma se da para la utilidad recíproca de ese varón y esa mujer llamados al recíproco ministerio esponsal (y derivadamente para utilidad de la prole y de la gran familia). El enamoramiento es, pues, un don gratuito obrado por el Espíritu Santo que reciben él y ella, cada uno a su manera propia, para el bien del otro, para la sanación y santificación. Pero de tal manera que alcancen la propia santidad procurando santificar al otro. De modo que la santidad propia sobreviene como añadidura.
1.13.- Como mostraré con mayor detención en la segunda parte, el ministerio esponsal apunta a re-con-figurar y trans-figurar a los esposos a imagen y semejanza de la unión que existe en la Trinidad entre el Conocimiento y el Amor del Padre, entre el Hijo y el Espíritu santo (Rúaj) que proceden del Padre.

Hecho sobrenatural, divino
1.14.- El Cantar de los Cantares considera el enamoramiento como una centella o rayo caído del cielo, una llamarada, fogonazo o rayo divino, que incendia, desde el cielo, el corazón humano con un fuego divino, sobrenatural. Un incendio que no podrían extinguir todas las aguas del mar ni las de todos los ríos. Algo que, por ser un don divino, sería necio y se haría despreciable el mortal que quisiera manejarlo como algo puramente humano, y quedarse, solamente, con lo que pueden decir de ellos las neurociencias, la etología, la psicología, la autoayuda y/o la consejería matrimonial, con sus respectivos discursos, mayoritariamente desenchufados de la visión y la ciencia de la fe.
1.15.- Recordemos el texto sagrado del Cantar:
“Grábame como un sello en tu brazo, como un sello en tu corazón, porque es fuerte el amor más que la muerte, es cruel la pasión como el Abismo; es centella de fuego; llamarada divina; las aguas torrenciales no podrían extinguir el amor ni anegarlo los ríos. Si alguien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, se haría despreciable” [Cantar de los Cantares 8, 6-7].

Un ejemplo entre mil
1.16.- “El Señor me hizo descubrir y re-conocer, en mayo de 1948, a quien sería, conmigo ‘una sola carne’, en el estado nuevo del matrimonio. Encontré a Celia, mi mujer, egresada como yo de Filosofía, en la biblioteca de la Facultad donde hacía poco había comenzado a trabajar. Después de una larga conversación que mantuvimos, me despedí, bajé por el ascensor, salí a la calle y, caminando lentamente, sentí una especie de estupor, mientras me decía a mí mismo: he conocido a mi mujer. Se trató de una suerte de intuición llena de un temor expectante e inexplicable y de una certeza: yo no la merecía y sigo sin merecerla después de cincuenta años”. Así narra su encuentro con su esposa Celia, el Dr. Alberto Caturelli, en sus memorias.

El arquetipo bíblico del reconocimiento
1.17.- Dios es quien da mujer al varón. Así sucedió al principio y ese hecho tiene vigencia arquetípica.
Pensemos en el momento en que Dios le presenta, al primer varón que despierta de su sueño, a la mujer que ha formado de su costado, y contemplemos cómo el varón la reconoce inmediatamente como parte suya. Estaba incompleto sin ella y ahora reconoce que ella es carne de su carne y hueso de sus huesos. Podemos imaginar igualmente la reacción de la mujer recién creada, cuando percibe esa mirada del varón sobre sí misma, y reconoce que está siendo reconocida y admirada.
1.18.- Los invito a contemplar conmigo es momento arquetípico, porque es la causa ejemplar del carisma del reconocimiento y el apego. Se entrecruzaron, en aquél momento inicial arquetípico de la humanidad, dos miradas. La del varón como del todo a la parte. La de la Mujer como de la parte a su todo. Ella reconoce en la mirada y la admiración del varón, a quien la considera como su bien adecuado y perfecto. Y en la convergencia de ambas miradas se constituyó el “ser humano” el Adam bifronte que, bíblicamente considerado, consta de dos en uno. Ellos son constituidos, así, a imagen y semejanza de la Palabra del Padre, El Verbo y el Amor entre ambos: el Espíritu. Conocimiento y el Amor del Padre, son uno en el seno de la Trinidad, son la Sabiduría del Padre.
1.19.- En el intercambio de esas dos primeras miradas del que reconoce y de la que se siente reconocida, se da un primer encuentro que es, en ambos, el carisma que los une, imprimiendo en ellos una especie de sello divino. Y esto parece ser un bien tan hereditario, como es hereditario el pecado original. Felizmente no hemos heredado el pecado y la deformación, hemos recibido y conservamos el ser imagen del Verbo y la Rúaj.
1.20.- Al mismo tiempo, esa llamada o vocación recíproca a ser dos en uno, es una vocación al matrimonio misterio, o sea imagen y semejanza sobre la tierra, de lo que son, en el seno de la Trinidad, los dos que proceden del Padre: el Verbo y la Rúaj. Porque esa es la dimensión divina y mistérica del ministerio esponsal del que trataré en la segunda parte.

La desacralización del amor humano
1.21.- El primer acto de desacralización se nos narra en el relato de la tentación de la primera mujer, cuando la serpiente la persuade de que el fruto del Árbol de la Vida y del Conocimiento era apetecible, y ella lo percibe como sabroso para “darle un toque de sabor” a la ensalada de fruta. Algo así pasa con la desacralización del amor humano, reducido a bienes de concupiscencia, lujuria o dominación, conveniencias humanas, carne que muere con la carne, al decir de san Pablo. O al decir de Dimas Antuña, “no nos bastaba caer en los pecados que ahora caemos en las virtudes”. Es decir, desde las virtudes teologales se cae en las morales secularizadas.
1.22.- La desacralización del amor consiste en el silenciamiento de su verdad sobrenatural, divina y mistérica para entregarlo al microscopio de la sexología, la etología, las neurociencias, autoayudas y consejerías.
1.23.- El etólogo premio nobel Konrad Lorenz se ha ocupado de esa primera mirada de reconocimiento que ya en aves y mamíferos produce lo que él llamó un imprinting cerebral, creando un vínculo, un apego. Como científico reconoce el hecho y llega hasta su naturaleza neurológica. Pero sería un error pensar que esta es la explicación última de la mirada entre varón y mujer, o entre el recién nacido y su mamá.
1.24.- Ese primer intercambio o entrecruce de las miradas ha de entenderse, según el Cantar de los Cantares, como la centella o el fuego del cielo que despierta la atención y el interés recíproco, enciende el enamoramiento. Ata u vincula.

EL NOVIAZGO
CIMIENTO O PANTANO

1.25.- La gracia inicial debe ser reconocida, pues, en su esencia divina, como gracia, es decir, no como un chispazo causal producto del azar y puramente natural. Por vivir de espaldas al orden sobrenatural habitualmente, puede, el habitualmente distraído, no reparar en el origen divino de un enamoramiento. Tan sumergido en lo natural, puede ser sordo a lo que tiene de llamada de atención, de invitación, de vocación divina al Buen Amor.
1.26.- El carisma es, por lo tanto, una llamada a la santidad. Pero no se impone ni suprime la libertad, ni necesariamente transforma como por arte de magia al invitado. Sansón recibe el carisma de ser juez y salvador de su pueblo, pero su lujuria y su inconversión, impiden que cumpla cabalmente con el ministerio de juez al que está llamado. Paralelamente, si el novio varón no aprende la castidad en el noviazgo, difícilmente podrá cumplir cabalmente con su ministerio de esposo, que implica vivir al servicio de la santificación de la esposa. Y si la joven no actúa como maestra de la amistad puede resultar la corruptora del varón por incitación a la lujuria. Incitación que no por inadvertida por ella, es menos perniciosa para él.
1.27.- El noviazgo es tiempo escolar, tiempo de aprendizaje. Mientras se cursa la carrera de novios, ellos han de ser instruidos y han de tener presente el desorden de las pasiones introducido por la pena del pecado original. En La Casa sobre Roca y más pormenorizadamente en “Qué le pasó a nuestro amor” he resumido la sabiduría católica y lo que dicta a los novios la recta razón iluminada por la fe. Lo que reclama la prudencia. Porque el noviazgo no asegura nada y puede ser un tiempo demoledor del que sólo quedan ruinas de los dos. El noviazgo puede ser el cimiento del matrimonio, o el mar agitado de pasiones donde naufraga la nave del don divino.
1.28.- San Agustín, que conoció los abismos fangosos de la lujuria, resume, en su libro De Nuptiis, sus enseñanzas sobre los dramáticos efectos de las pasiones desordenadas en los cónyuges: “Lo repito: si ambos son así, y si se juntaron desde el principio con tal intención, no son cónyuges, no han celebrado un matrimonio, sino que han pactado un concubinato. Si los dos son así, digo sin miedo que ella es una prostituta del varón y él es un adúltero de la mujer” (De Nuptiis, Del Matrimonio y la Concupiscencia XV, 17).

La receta judía: La Ketuváh
1.29.- En el pueblo judío se ha reconocido que conforme avanza el noviazgo se hace cada vez más difícil mantener la castidad. Por eso, una vez tomada la decisión de casarse, sin tener todavía la posibilidad material de casa y medios económicos convenientes, los novios dejan de verse. El varón toma distancia, firma para ella y delante de los padres de ella, un compromiso [Ketuvá] garantizando que volverá a buscar a la novia para la boda. Le deja en garantía respaldando su promesa una suma importante de dinero o valores. Ella deja de importunarlo con continuos reclamos de atención y mensajitos. Y el espíritu y toda la atención y el esfuerzo del varón se centran en su estudio, la profesión, los negocios. Recién después que se dan las condiciones para la convivencia matrimonial, vuelve a buscarla y se celebra la boda.
1.30.- Si también a nuestra juventud católica se la inicia en el secreto de la eficacia sobrenatural de la llamada divina al misterio del matrimonio por el carisma del enamoramiento, y al mismo tiempo se lo alerta acerca de los riesgos de un noviazgo que se prolongue imprudentemente hasta la fecha misma de la boda, se les enseña sabiduría amorosa y señorío sobre lo sentimental y afectivo. Cuando no se puede mantener la pureza en el noviazgo, el verdadero y sabio amor, aconseja e impone imitar la sabiduría de los judíos.

1.31.- Porque si bien es cierto que el noviazgo es un tiempo para conocerse y adecuarse el uno al otro, de irle haciendo lugar al otro en la propia vida, también es cierto que durante el noviazgo también hay que aprender a renunciar al otro. Aprenderán que tanto el noviazgo como luego el matrimonio exige vivirse en situación de abstención del trato frecuente; que exige aprender a renunciar a los propios apetitos sentimentales y afectivos. A abstenerse del otro por el bien del otro y de esa manera, unidos por la voluntad de ausencia, contribuir juntos al bien de ambos.
1.32.- Lograda esa adecuación que obra la gracia divina y esa comunión del buen amor, se confiere el ministerio sacramental del matrimonio. Es decir, los novios se convierten ahora, el uno para el otro en ministros de un amor que no es exclusivamente propio, sino que es ministerial. Cada uno ha de asumir que Dios le ha asignado un ministerio. Cada uno ya no debe vivir para sí, sino para el otro. Ha de ser ministro del amor de Cristo para el otro, El carisma amoroso inicial del enamoramiento se seguirá desplegando en el ejercicio del ministerio.
1.33.- Esta era pues la razón teológica que aconsejaba tratar en libros separados “El buen amor en el matrimonio” y “El buen amor en el noviazgo” (Ed. Lumen, Buenos Aires).
1.34.- Conviene advertir que el carisma del enamoramiento no queda abolido en el subsiguiente noviazgo y matrimonio, sino que, por el contrario, tanto el carisma inicial como lo aprendido y ejercitado en el noviazgo son la roca y el cimiento sobre el que se edifica el matrimonio sacramental. Sin ellos, se derrumbará como casa sobre arena.
1.35.- Lo cierto es que el Buen Amor es un asunto de gracia, en toda su duración histórica, desde su comienzo en el enamoramiento hasta que la muerte separa a los esposos

SEGUNDA PARTE
ENAMORAMIENTO Y NOVIAZGO CIMIENTOS DEL MATRIMONIO
AMISTAD DE CARIDAD

2.1.-  La amistad matrimonial infundida por Dios en los llamados al matrimonio-misterio o sacramento, no es cualquier clase de amistad, es amistad de Caridad. Comienza con la infusión del carisma del enamoramiento que, en el matrimonio irá ejercitándose como ministerio. Esa caridad sobrenatural que imbuye la amistad del matrimonio cristiano, es en sí misma lo misterioso de este matrimonio. Esa caridad es la que operará el perfeccionamiento de la amistad entre los esposos llevándola a su plenitud y perfección.

2.2.- A la amistad entre esposos debe aplicársele lo que San Pablo describe en el himno a la caridad en 1ª Corintios 13: «Si estuviésemos persuadidos de ser perfectos amigos el uno del otro, y si todo el mundo nos considerara como vivos ejemplos de amistad matrimonial, pero no tuviésemos caridad esponsal nada somos”. Quiero tratar, por lo tanto, de la amistad matrimonial como una forma específica de amistad que se caracteriza por estar informada por la caridad divina. El ministerio de los esposos cristianos es un ministerio mutuo de caridad divina, sobrenatural. Con esto estamos ya pisando los umbrales de la materia de la segunda parte de esta exposición “El misterio del matrimonio cristiano”.
2.3.- San Pablo aplica al matrimonio entre creyentes el arquetipo de la unión esponsal de Cristo con la Iglesia: “misterio grande es éste, lo digo respecto de Cristo y la Iglesia” (Efesios 5,32). Grande por lo profundo, porque por ser de origen divino e infuso, la caridad es misterio. Y el matrimonio cristiano por ser amor de caridad, es obra del Espíritu santo y por eso es gracia y misterio.
2.4.- La amistad considerada en general la definen Aristóteles – y Santo Tomás de acuerdo con él – como amor a) de benevolencia y b) recíproca. Benevolencia se opone a concupiscencia. El amor de concupiscencia es el amor ego-ísta que se apodera del otro como un bien para sí, sin consideración al bien del otro, sólo por lo que tiene para uno mismo de útil o deleitable. El amor de benevolencia es el que tiene como bien propio el bien del otro, por lo cual procura el bien del otro como un bien tan estimable, que merece sacrificarse a sí mismo por lograrlo, sin faltar a la caridad consigo mismo. Y no se falta a la caridad consigo mismo sacrificándose por el otro, explica santo Tomás, porque el bien que se desea para el otro, es el mismo bien que uno ama por caridad: Dios, por el cual se puede entregar la vida por caridad.
2.5.- La amistad matrimonial, amistad de Caridad, comienza con la infusión del carisma del enamoramiento, que, en el matrimonio, ha de transformarse en ministerio.

El bien que es el cónyuge
y el bien del cónyuge
2.6.- La Caridad, virtud teologal, es amor de amistad con Dios y con el prójimo por amor a Dios. En el caso del matrimonio mistérico, místico, el prójimo es el cónyuge. Si queremos definir en qué consiste el bien del cónyuge diremos que es, en primer lugar, el cónyuge mismo. Y en segundo lugar la santidad del cónyuge santidad.
2.7.- Y si queremos definir la santidad, diremos que es la cercanía entre los distantes que opera el amor de caridad. Santidad es la cercanía que crea la condescendencia de Dios, Él y la creatura. Él de poder y grandeza inalcanzables y la criatura insignificante. Ambos cónyuges, pues, procurando cada uno la santificación del otro, resultan santificados por el otro. Pero esto sólo es posible si ambos están unidos a Dios, y si sus voluntades están entrelazadas entre sí porque lo están con la divina. Esto lo tenemos revelado en un pasaje del Eclesiastés.

La cuerda triple difícilmente se rompe
2.8.- El libro del Eclesiastés 4, 9 al 12 pone en guardia contra la moneda falsa del amor que es el egoísmo de una o de ambas partes, la unión esponsal que reposa en conveniencias. El matrimonio por conveniencia.
Al mismo tiempo sugiere una salida de esta posible trampa que aprisiona a las parejas en las mazmorras de la utilidad carnal y mortal como la carne.
2.9.- Leemos en el Eclesiastés:9 Es mejor ser dos que uno solo, pues obtienen mayores resultados de sus trabajos. 10 Porque si uno de ellos se cae, el otro levantará a su compañero; pero ¡ay del solo que cae!, pero no tiene quien lo levante. 11 También, si dos se acuestan, se dan calor; pero el solo ¿cómo se calentará? 12 Si atacan a uno de ellos, los dos juntos se resistirán. Pero la cuerda de tres hilos no se romperá fácilmente” (Eclesiastés 4, 9-12).
2.10.- El matrimonio por conveniencia de uno o de ambos dura lo duran que las conveniencias pero cuando prevalecen los inconvenientes sobreviene el divorcio o la separación. Lo que puede mantener unidos es la unión de ambas voluntades con la voluntad divina. En esa adhesión al misterio se esconde el secreto de la fortaleza del vínculo, la capacidad de tolerar las cruces de la convivencia, el gozo de un bien que excede los bienes de los que se alimenta el amor propio, y aún la búsqueda del bien del otro más allá o contra la voluntad del otro.

Ministerio de sanación y santificación
2.11.- Estamos ya abordando el misterio del que los cónyuges son ministros recíprocos por elección y vocación divina. Ese tercer hilo divino y sobrenatural, del designio eterno sobre el varón y la mujer, es lo que fortalece a las dos voluntades uniéndolas a la divina en una alianza triple, cuerda de tres hilos.
2.12.- Y lo que llevamos dicho de la amistad matrimonial como amistad de caridad, nos pone en el corazón de nuestra materia porque la distingue claramente del matrimonio puramente natural, sea civil o no, carente de misterio sobrenatural. Dice San Pablo: “Si sólo para esta vida hemos creído, somos los más infelices de los hombres” (1ª Corintios 15, 19). Si aplicamos este dicho a los esposos, si sólo para lograr bienes de esta vida se han unido en matrimonio, son los más infelices de los matrimonios.
2.13.- La naturaleza sobrenatural de la amistad de caridad ministerial del matrimonio católico se manifiesta en sus efectos de gracia. El sacramento del matrimonio vivido plenamente es un misterio de sanación y de santificación. Es decir de conversión por la vía purgativa, de iluminación por la vía iluminativa y de santificación por la vía unitiva. He tratado del matrimonio en estos dos aspectos, en el libro “¿Qué le pasó a nuestro amor? Respuestas divinas a preguntas humanas” .
¿Cuáles son pues esos bienes mistéricos que los esposos bautizados están llamados a administrarse mutuamente? Es la materia de la próxima exposición.

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