AMAR NUESTROS LIMITES [9 de 11]
JESÚS MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN

El modelo de amor a a nuestra limitada  condición humana es Jesús. 

Él es el maestro que nos enseña a amarnos según verdad y por los motivos que nos hacen amables a Dios.  El camino de una humildad libre de masoquismos o insanias morbosas.  Libre de los lazos de la soberbia.


Jesús, como lo canta el himno de Pablo: 
«no se aferró a su condición divina…sino que se anonadó, se vació…se despojó de su gloria…tomando forma de siervo».  En griego se lee «sjema», forma, o también «vestido». Sjema era el vestido que caracterizaba a un personaje en la escena delteatro griego.  Es el vestido que singulariza, individualiza, distingue y aparta, para un rol y no otro, y que en el anfiteatro griego. Permitía distinguir desde lejos a los actores. Vestido de esclavo.


Jesús, verdadero hombre, asumió un destino humano, asumió límites. Dejó la gloria divina de la ilimitación y se revistió por amor (ilimitado) de nuestra condición limitada.  Sometió su libertad humana al límite de la voluntad divina, obedeciendo hasta la muerte y muerte de Cruz. Por eso, Dios lo exaltó.  


Porque Jesús se limitó, Dios lo dilató y le dio un nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos y en la tierra y en los infiernos y toda lengua proclame que Cristo Jesús es Señor (Filipenses 2,9-11). Jesús recibe una gloria eterna y sin límites porque abrazó sus límites.  


Y todos los seres, sin limitaciones, proclamarán su nombre y «se declararán chiquitos» ante él. No otra cosa es doblar la rodilla que achicarse voluntariamente: confesarse pequeño y estar dispuesto a disminuirse más aún.  


En el decir de Juan Bautista; conviene que él crezca y que yo disminuya.  Por eso no hay otro mayor que el Bautista entre los nacidos de mujer.  El que se humilla será exaltado.  Quien ama sus límites será dilatado.


Yo andaba pordiosero en mis caminos
Tú me entraste en la sala del banquete
Tú lavaste mis pies de peregrino
¡Dios postrado a sus pies ¿quién lo merece?!
y te me diste en pan y en dulce vino.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *