
La conexión de las virtudes teologales con las morales
«La conexión de las virtudes se refiere a la relación intrínseca entre las diferentes virtudes, especialmente las cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y teologales (fe, esperanza y caridad). Implica que no se puede poseer plenamente una virtud sin poseer las demás, ya que todas están interrelacionadas y se complementan entre sí para alcanzar la excelencia moral». (IA)
1ª Corintios 13, 1 al 3
Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los Ángeles, sin no tengo Caridad, soy como bronce que resuena o címbalo que retiñe. Aunque tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitd de fe como para trasladar montañas, si no tengo Caridad, nada soy. Aunque repartiera mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo Caridad, nada me aprovccha.
Santo Tomás de Aquino. Summa Teologica, 1ª Parte, Cuestión 65, Artículo 2º
«De si puede haber virtudes morales sin Caridad [= o sea sin Amor a Dios]
Y parecería que pudiera haber virtudes morales sin caridad. […] Pero no, porque como dice San Juan en su primera carta 3, 14: El que no ama está muerto. Así es que no pueden existir sin la virtud del amor de Caridad a Dios. […] Por lo que ha de decirse (como se expuso en la cuestión 63 Art. 3) que aquéllas virtudes morales según que operan un bien que no exceda la facultad natural del hombre, pueden sí, adquirirse por medio de las obras humanas, y así adquiridas pueden existir sin la Caridad, como existieron en muchos gentiles.
Pero para operar el bien en orden al Último Fin, que es sobre-natural, no tienen perfecta ni verdaderamente razón de virtud (es decir de poder y capacidad); no pueden adquirirse por actos humanos, sino que son infundidas por Dios. Y las virtudes morales, sin la caridad, no pueden existir. Porque se ha dicho antes (en el artículo 1º de esta Cuestión y en la Cuastión 58, artículo 4) y que las virtudes morales no pueden existir sin la prudencia; y a su vez, la prudencia no puede existir sin las virtudes morales, en cuanto que estas virtudes disponen bien a ciertos fines, de los cuales procede la razón de la prudencia.
Pero para que puesto que la recta razón de prudencia se requiere muho más la buena disposición del hombre respecto de su Último Fin, lo cual se opera por la Caridad […] es manifiesto que ni la prudencia infusa puede existir sin la Caridad,, ni las demás virtudes morales sin la prudencia pueden existir.
Se ve pues, claramente, que solamente las virtues infusas son perfectas y merecen ser llamadas virtudes ( Virtus = Potencia, Poder, capacidad para poder obrar el bien). Ni son dignas de llamarse «poderes» en absoluto, porque no son capaces de ordenar al ser humano perfectamente a su Fin Último; Mas las demás llamadas ‘virtudes’ lo son en un sentido relativo, parcial, apresurado, porque ordenan al ser humano de un fin último en algún orde de cosas pero no son «poder» de alcanzar el Bien simplemente Último.
Así que sobre aquello de Romanos 14,23: «todo lo que no es según fe, es pecado» comenta san Agustín «Donde falta el conocimiento de la Verdad es falsa la virtud, aún en las buenas costumbres». (Ord. Cap. 106, Sent)