3.40 COMO LA MONA
Sonatina
A la manera de Rubén Darío

La monita está loca….¿Qué le pasa a la mona?
Bate un cócktel de hojas y de voces chillonas
que es más de lo que suele cuando pide atención.
La monita más mona de todo el Casiquiare,
a la que no hay monito que no se le declare,
da signos inequívocos de extrema turbación.
Se cuelga de una liana como araña del hilo;
bicha, se desespera, está en suspenso , en vilo;
con la mano en visera avizora el guadal.
La tiene su capricho al borde del desmayo,
de todos los colores, como los guacamayos
o como la irisada cola del pavorreal.
Masca con furia chicle de goma de siringa.
No concilia la siesta. Se desvela. Respinga
y se ve arrebatada, en vórtice veloz,
por la intriga que excita su ardiente fantasía,
con la cual lucha en vano, que raya en la manía
hipnótica, obsesiva, dominante y atroz.
¿Qué ha visto en la tranquila ribera del islote
o en la extensa planicie que cubre el camalote?
¿Qué presagio le traen los vuelos del tucán?
¿Por qué se ha trastornado la mona parlanchina
que retuerce sus manos y sus dientes rechina
y clama por un Valium o dos Dupli-Sedán?
No cabe duda alguna: ha entrevisto una cosa.
Y la monita es mona. Pero es, aún más, curiosa
y se muere de ganas por descolgarse a ver.
Pero, a la vez macaca, timorata, recela.
Es curiosa, no boba. Por eso se cautela
de casos y de cosas que “¡vaya una a saber!”.
El mato alberga fieras duchas para el engaño,
pumas, jaguares, boas, prestos a hacerle daño.
Sabe qué riesgos corre si baja hasta el talud.
Y aunque, por una parte, bajar a ver quisiera
y a examinar de cerca la fangosa ribera,
no sabe si arriesgarse o curarse en salud.
Aquel extraño objeto que divisa en el río
es para la curiosa un reto, un desafío
Le parece – de lejos – un reflejo de sol
sobre un tronco podrido que tumbó entre la lama
el hachazo del rayo, luego tiznó la llama
y hoy, entre musgo y algas, da pasto al caracol.
Puesto que no divisa peligros en la zona
[La monita es curiosa. La monita es muy mona]
cede, en un arrebato, dejando su lugar
para arrimarse al tronco, pisando cautelosa,
[La monita es muy mona. La monita es curiosa]
a sacarse las ganas de ver y de tocar.
Y ve y toca y comprueba, saliendo de su intriga,
Que aquél supuesto tronco tiene boca y barriga:
Su historia alcanza el clímax dentro de un yacaré.
MORALEJA
Y así – ¡como la mona! – las curiosas terminan
cantando, como ella, la triste sonatina:
es su palabra póstuma la palabra “¡soné!”.