DICHOS DE BICHOS [7] BALADA PÓSTUMA A UN CORDERITO

3,41 BALADA PÓSTUMA
PARA UN CORDERITO

Para engañar a un cándido cordero
Se hizo pasar por perro un lobo artero:
Soy el perro ovejero del pastor
de un rebaño vecino
– se presentó a sí mismo el seductor –
Y vengo de camino
por las majadas del alrededor.

¡He visto mil y una!.¡En todo el mundo!
Comparada con todas, la mejor,
¡de lejos! ¡sin rivales ni segundos!
Es aquella majada de mi flor. . .

¡Qué ovejas! ¡Qué corderos! ¡Qué pastor!
En vano buscarás otros iguales.
¡Y si vieras aquellos pastizales
y aquellas fuentes puras
que hacen la dicha de mis animales!”

“Pues si es como dices tu dehesa
– Interpuso el ingenuo corderito –
es la realización de la Promesa
y justamente lo que necesito. . .!

¡Aquélla sí, es majada!
– Prosiguió el lobo, como quien no oyó nada –
¡Aquélla sí, es majada! ¡Y qué pastor!
Es un cordero más. No un superior.
Es – en vez de pastor –un camarada.
Nunca le oirás una palabra airada
ni levantar la voz.
Nos tratamos con él de che por vos.
Porque, con ser persona preparada,
uno se maravilla
der verla tan modesta y tan sencilla.
No necesita urgir la disciplina.
Con decirte que junto a las ovejas
les permite pastar a los leones. . .

Lo que es aquello. . . ¡no te lo imaginas!
Jamás ha habido un roce, ni una queja.
El nuestro, ¡es un pastor con pantalones!
¿Y me podrás creer que hasta los lobos
comen pasto y cesaron sus malones?
Ya ves. . . que a mí, me han dado vacaciones
Y he podido pasear por todo el Globo
¿Creerás que te exagero?
¡No hay nada igual en todo el extranjero!

¡Allá!
¡En el hato donde yo me alojo
son todos por igual vegetarianos:
las fieras, el pastor,
un servidor, los amos. . .
No hay zarzas, no hay espinas, no hay abrojos.
Y como no hay inverno, no esquilamos”!.

Quedóse embelecado nuestro ingenuo
con los cuentos del lobo.
Y se alistó para emigrar al sueño
en el primer convoy de corderitos bobos.

Viendo tan embalado al indiscreto
y que ya estaba listo para el viaje.
Fingió encontrar un “¡último!” pasaje.
Y en letra chica – al dorso del boleto –
le aconsejó secreto
para lacrar en forma su embalaje.

“Te llevaré conmigo a mi majada
si me prometes no decirle nada
ni al pastor ni a tus perros ovejeros,
ni a las demás ovejas ni al carnero.

Te llevo sólo a ti, por ser mi amigo.
Pero te darás cuenta
que si quisiera yo emigrar contigo
vas a ponerme en situación violenta.

Por lo demás, si a ti no te gustara,
Te doy la más completa garantía
— y se la dio jurada –
¡yo te traigo de vuelta el mismo día!

¿Se irá el cordero a la majada clandestina?
¿Será sangriento el fin que se avecina?
¿Tendrá el cordero ese final terrible,
escalofriante pero previsible?

Diferamos, al menos, su final
para que salga vivo de este lance
echando mano a un corte comercial:

«No hay realidad parangonable al mito
Ni que resista la comparación.
Si se siente infeliz en su mundito
cambie la realidad por la ficción”
. . . . . . .
Cambió en el entreacto el mal agüero.
y desenrollaremos la madeja:
Si el lector ya sacó la moraleja
¿qué gana con la muerte del cordero?
Lo que la compasión nos aconseja
es rescatarlo del atolladero.

Digamos que: llegados al andén,
Ya estando a punto de partir el tren,
casi sobre el estribo de vagón,
un perro policía olió al ladrón.

Y todo se arregló en un santiamén:
El lobo fue a podrirse en la prisión,
El corderito tuvo un happy end
y la experiencia le sirvió un montón.

—oOo—

 

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