Pasados los años,
ella, mi prima querida, les escribió a sus hijas
lo vivido en común con ellas,
convertido en cuento corto:
CLAROSCURO EN SETIEMBRE

Llovió, llovió y llovió todo el mes de agosto. Setiembre apareció diáfano y frío. La escuelita rural agazapada, como interrumpiendo el paisaje de suaves lomas; parecía más limpia entre el pasto verde, recién renovado. Numerosos charcos, tan comunes en la fisonomía de nuestro campo, se empozaban, aquí, allá, haciendo el placer de los ingenuos y la locura de las madres con hijos chicos.
Esta tarde la maestra daba clase a los alumnos de primero a sexto año. Una división por ahí, un problema por allá, una explicación de ciencias u otra de geografia. Y, como si esto fuera poco, un oído ultrasónico trascendiendo más allá de la puerta atento a las diabluras de sus pequeñas monstruas, capaces de cualquier desaguisado que pudieran inventar.
Pues bien, esa tarde en medio de la barahúnda de sus seis clases, comenzó a darse cuenta que ningún ruido llegaba de allende el aula. Prestó atención… Un silencio que presagiaba el temporal. Se llega a la puerta, la abre… Justo ahí en línea recta Susana (ingenio demoníaco de cinco años) baña en uno de los charcos un muñeca. Susana deja esa mu… ¡el pensamiento más rápido! …: ¿De dónde sacó esa muñeca, tan grande y tan blanca? No, la muñeca no es blanca, está lívida. ¡Es su hermana de tres años!… un grito desesperado quiebra la quietud de la tarde.
Al escándalo las cotorras salen despavoridas de sus nidos. Susana dispara al monte de eucaliptos… la madre borra a la maestra y corre. En un santiamén toma a la pequeña en brazos; le da calor, las fricciona, la viste, le da leche caliente y cuando ha entrado en calor, suavemente adormecida la deposita en la cuna.
Es entonces cuando se siente cansada . Se deja caer en su mecedora. Su hija mayor viene a sus brazos; en el momento de abrazarla, una angustia innarrable sube a su pecho. ¿Y Susi? ¿Dónde se metió Susi? Ya desde adentro, sin haber traspuesto el umbral de su casa grita: Susana, Susana, Susana… Se mete en el monte; recorre los alrededores; el frío del atardecer la envuelve.
Encierra a las dos pequeñas y corre despavorida a la casa del vecino próximo pidiendo auxilio… Recurre primero al presidente de la Comisión Fomento de la escuela, por ser donde la miman más a la pícara; ése monta a caballo, avisa a los demás vecinos que cooperan en la búsqueda. Nada. Por todos lados nada.
Los minutos corren, la noche llega. En una intuición salida de sus entrañas, no de su cerebro, a la madre se le dibujan claras netas, amenazadoras las barrancas que hay que atravesar para llegar al hogar de vecino más lejano, distante quince cuadras. Y se larga a correr, y corre, corre; corre como no lo ha hecho nunca, ni nunca más lo hará… En su imaginación la ve en el fondo del barranco, la ve y no la ve, porque la noche se cierne y ya los ojos no distinguen. Grita su nombre una y mil veces…
Mira, remira las profundidades, nada. A lo lejos las luces de los López se dibujan. Sin sentir el cansancio se llega a las casas. Su dueña, alertada por los perros, le abre. Ya no tiene voz, ni laprecisa, porque allí en el fondo de la espaciosa cocina Susana, entre sus amigos, paisanitos acogedores, está prendida a una torta frita.
Cuando el paisanaje se hubo tranquilizado, cuando agradeció a todo el mundo, cuando volvió a la calma; sin un rezongo, sin ganas y sin voz; la madre las acuesta. Nadie pía. como todas las noches, cree que va a lavar, ordenar y preparar las tareas de la próxima jornada. Qué ilusa. No puede.
Vuelve a la alcoba de sus hijas. de sus infiernos, de su tesoro. Las contempla dormidas. Los cabellos de oro de Laura, las mejillas de durazno enmarcadas de rulos caoba de Mariela; las guedejas renegridas, brillantes de la pequeña canalla, con pestañas que azulean los párpados de Susi, en sus inocentes sueños.
Deja la vela en el suelo, se sienta en el mismo agarrada de los barrotes de una de las camas, fluye un llanto manso, abindante, reparador.
Sobre el suelo frío de setiembre mientras siguen chirriando los ejes de los carros lecheros; duerme una mujer, una madre, una maestra…