EL VARÓN CAÍDO [2] ZAFÉ DEL LAZO DE LALO (2)

COMENCÉ A VER
Y ZAFÉ DEL LAZO DE LALO

En casa de la familia de Lalo, se hablaba mucho de ética y moral. Y ellos tenían unos conceptos bastante rígidos. Digamos que eran muy moralistas. Después de unos cuantos años de haber tomado distancia de Lalo, puedo darme cuenta de que fue la gracia de Dios la que me salvó. Con todo lo que venía viviendo, y sin darme cuenta de nada, de a poco, ¡comencé a ver! Comencé a ver, pero todavía no a entender. Comencé a darme cuenta de que Lalo era conmigo de una manera en casa, y de otra fuera de casa. 

En ese ¨despertar¨ que tuve, por gracia de Dios, comencé a ver que esa rigidez de pensamiento era aplicable a todos, menos a ellos. Ellos podían mentir, engañar y no se les movía un pelo. Eso sí, siempre estaba el dedo acusador para hacerle ver a una lo inmoral que era. Eso me hacía mucho ruido, pero no lo podía entender. Es que encima, cuando le quería hacer ver eso, Lalo me enmarañaba en sus peroratas y argumentos. Él, en vez de centrarse en el tema del que estábamos hablando, se iba por las ramas, y terminaba su discurso recalcándome que mis argumentos no tenían ningún sustento; y que si era que yo no me daba cuenta de que ¡¡¡estaba calumniándolo nada menos que a él!!! ¡Cómo osaba yo hacer eso!

Obvio de ahí en adelante yo era una mala esposa, una soberbia; pero fundamentalmente, que yo no estaba bien de la cabeza, que no tenía coherencia en lo que pensaba y que veía la realidad distorsionada. En poco tiempo yo era una loca que estaba perdiendo mis capacidades mentales. Y en un comienzo hasta comencé a creérmelo. Por eso fue que entonces se me ocurrió ir a terapia. Si estaba mal, entonces era lo más lógico ir a un terapeuta.

CAE LA VENDA DE LOS OJOS

¡Gran sorpresa la mía, cuando fui a la primera sesión de terapia! Ahí me enteré del abuso que estábamos sufriendo, no sólo yo, sino también mis hijos DE PARTE DE UNA PERSONALIDAD PERVERSA. Al principio fue un shock. Es muy difícil cuando a uno lo golpea la realidad de esa manera. ¡Pero siempre, siempre — ¡por más que duela! – es preferible la verdad a la mentira! No me quedé con esa sola consulta sino, desconfiada, consulté a otros más: psicólogos, amistades, sacerdotes. Y… ¡vaya mi sorpresa cuando otros diagnósticos confirmaban el de la terapia! Ya no podía negar la realidad, ahí estaría mal yo. Entonces, comencé la terapia.

Una vez que decidí ir a terapia, a Lalo no le pareció nada bien, pero, como yo «estaba loca», Lalo lo justificaba y de paso me denigraba, como de costumbre. Yo había intentado ¨arreglar¨ mi matrimonio, y le había pedido a Lalo, ¡tres veces! hacer terapia de pareja, a lo cual, todas las veces me contestó que él no necesitaba terapia, que la loca era yo, que él no iba a ir a contarle sus problemas a ningún idiota que se decía psicólogo.

Igualmente le insistí diciéndole que yo estaba yendo para ver si seguía con él o me separaba. Y a él, supuestamente, «le dio igual». .  Digo «supuestamente», porque Lalo, en realidad había fingió esta vez, una vez más; pero de ahí en adelante arreció con su maltrato. Empezó a volver a veces del gimnasio con las nudillos de los puños todos lastimados. Después me fui enterando de que andaba golpeando paredes o entrenando box sin guantes ni nada. Lo hacía para que yo lo viera y llegara algo a mis oídos.

Cuando le pregunté directamente, me dijo que «se descargaba en el gimnasio, de toda la bronca que yo le daba…  así evitaba descargarse conmigo en casa».  Ante semejante amenaza dada por «vía diplomática»  se me erizaron todos los pelos del cuerpo y mi pensamiento fue: ¡vete ya de esta casa! Así que, le propuse que se fuera de casa un tiempo, porque él me daba miedo (¡encima se lo dije!). Por supuesto Lalo se negó rotundamente.

Para esa época yo ya venía durmiendo en la habitación de los niños. Y él muy fresco, como si nada. Pero otra vez fingía que no le importaba la «veda de sexo» Desde ese entonces, desde que le dije que le tenía miedo, fue como darle un caramelo a un niño. Estaba feliz. ¡Pero es que todo en él denotaba que estaba feliz! ¡Tenía una alegría que no le había visto nunca!

A pesar de que yo ya había comenzado terapia, al no tener tiempo yo de nada y seguir viviendo con él, no podía ver que había hecho muy mal. Pero fue muy chocante, insultante, ver la cara de placer de este hombre, que yo nunca antes había visto. Y eso me daba más miedo. Así que tomé valor, y le dije que si no se iba él, me iba yo. Creo que él no me creyó capaz de hacer eso. Ya me venía taladrando los oídos con que yo era «una destructora de la familia», que «no lo quería a él ni a los niños», que era «mala madre, esposa, hija». Todo, todo lo que podía estar mal en una persona, eso era yo.

Pero fue entonces cuando Lalo me propuso ir a terapia de pareja. (¿Quéee??) Ya hacía tiempo yo se lo había pedido, pero él se había negado y cuando ve que se queda sin renta y sin empleada, porque cae en la cuenta de que es verdad de me estoy por ir, ¿me viene con la propuesta para iniciar un proceso elástico que le permita retenerme? Pues le dije que ya no. Y el Señor, en su infinita misericordia me iluminó y me dio el valor para irme. Llegó un día en que llamé a mis amigos y mis padres, les pedí que se prepararan a ayudarme y recibirme y preparé todo para irme.

La noche anterior a irme, Lalo se iba de fiesta con sus amigos de las motos, y me hizo la peor escena de teatro que vi en mi vida. Yo le anuncié que me iba y él me pidió disculpas, intentó llorar, pero tenía una euforia dentro que la alegría no lo dejaba actuar. Hizo el intento de besarme, de abrazarme… Pero yo quería tenerlo a mil metros de distancia como mínimo.  Lo dejé que hiciera su numerito patético y se fue muy contento de fiesta.

Al día siguiente, en la mañana me desperté, hice el desayuno para los dos, y me puse a guardar mis cosas en bolsas de basura. Y él, para mi sorpresa, se puso a ayudarme.  Más tarde llegaron mis hermanos y amigos a ayudarme con la mudanza, y tampoco ellos podían entender qué hacía este hombre ayudándome alegremente a mudarme. [Nota del editor: Visto a la distancia demuestra que Lalo, había vivido el matrimonio como un tormento a la vez que como una ganga y vivía sentimientos encontrados de pérdida y de liberación]

Una de mis hermanas buscó a los niños y los llevó a casa de mis padres mientras con el resto de la tropa seguíamos con la mudanza. Mientras yo no estaba, Lalo les decía a mis hermanos y amigos, que yo lo estaba abandonando y que él no entendía por qué. Que él siempre había sido bueno conmigo y que yo estaba mal de la cabeza, que encima, no había hecho el menor esfuerzo por salvar el matrimonio, porque no quise ir a terapia de pareja.

Afortunadamente, ellos lo dejaban hablar y no hicieron ningún comentario. Me llevé todo. Hice todo en un mismo día. Y Lalo todo el tiempo estuvo tratando de convencer a los demás de que él era mi víctima. Pero su actuar fue tan ilógico y tan contradictorio con su hablar, que nadie entendió nada.

Cuando terminó ese día me fui a dormir con una sensación de haberme sacado una mochila muy, pero muy pesada de encima. Al día siguiente, yo pensé que Lalo iría por casa de mis padres a ver a los niños. Pero para mi sorpresa, se fue a misa y se quedó todo el día con el sacerdote. Solo me pidió que le enviara una foto de los niños y que les dijera que los amaba. Recién los fue a ver cuatro días después y – como de costumbre cuando hacía algo a disgusto – llegó tarde. Por supuesto, la culpa de que él no pudiera estar más tiempo ni más a menudo con los niños era mía.

Mientras yo buscaba asesoramiento jurídico de cara al divorcio, los chicos permanecían conmigo. Ellos también comenzaron terapia. Porque, lógicamente, si era difícil para mí lidiar con toda la situación, para los niños también lo fue. Los primeros meses, su padre iba a verlos dos o tres veces por semana, luego, se desapareció.

Desde que me separé, los primeros seis a nueve meses fueron terribles para mí. Le seguía teniendo un miedo casi irracional a Lalo. Sus malos tratos me habían programado. Me costaba mucho hacer cualquier cosa sin pensar en que a él lo podría enojar, o molestar, o cómo se desquitaría o vengaría de mí. De hecho, tenía terror por mis hijos, porque él sabía que mis hijos son mi punto débil. Y era muy capaz de infligirles algún daño por dañarme a mí en ellos. 

Y se cumplieron mis peores presentimientos. Voy a contar  ahora otra de las causas que me llevaron al quiebre definitivo de la relación. Es algo muy triste y doloroso, pero suele suceder más a menudo de lo que imaginamos: el abuso sexual.

Desde que mis hijos nacieron, siempre oré por ellos. Y cada vez que rezaba el rosario un oscuro presentimiento me hacía pedir por la pureza de mis hijos, le pedía a Dios que por favor no pusiera a mis hijos en una situación de abuso sexual. Yo sabía lo que eso era porque había sufrido ataques a mis seis y mis nueve años. Lalo escuchaba esas peticiones mías. Y cuando una persona quiere hacer daño, herir en lo más profundo, ataca donde más duele, en mi caso, en mis hijos, en su inocencia. El padre de mis hijos abusó sexualmente de ellos.

Quizás debí haberlo previsto, porque él abusaba sexualmente de mí durante el matrimonio. Él llegó a masturbarse a mi lado en la cama. Y si no, cuando teníamos relaciones, me obligaba a mí a que me masturbara previamente porque él ya estaba listo y yo era la que demoraba en excitarse.. Pero el causante de esa «frigidez» no era yo. Por más que yo le rogaba, él nunca «preparaba» el ambiente amoroso, afectivo, previo a una relación amorosa de mutua entrega. Nunca hacía algo para que yo estuviera motivada a entregarme a una comunión de amor. Su móvil no era amoroso sino groseramente lujurioso. Y no hacía nada de lo que yo le suplicaba porque su impotencia era impotencia de amar.

Aún durante mis dos embarazos, él me alegaba que él tenía aún la vía libre  para tener relaciones conmigo aún estando embarazada, y que yo no podía negarme porque si lo hacía, lo obligaba a él a buscar sexo por otro lado y si yo me negaba, la culpa de que me fuera infiel, era mía. ¡Tantas veces  me sentí violada por Él! Ese hombre, adicto sexual, que a veces pretendía someterme a concederle relaciones cuatro y cinco veces en un día, sin tener en cuenta mi rechazo de ese «sexo sin amor».

De hecho yo, muchas veces, terminaba llorando en el baño, sintiéndome sucia, violada por el ¨hombre que supuestamente debía amarme y no me amaba».  El sexo fue siempre su motivo principal. Conociendo su perversidad lujuriosa y su sevicia conmigo, yo temía porque lo sabía capaz de abusar sexualmente hasta de los niños y después dármelo a entender, para herirme en lo más profundo. Y ése fue uno de los hechos que precipitó mi huida de mi casa con mis niños.

Cuando abusó de la beba, él, para que y me enterara, ni siquiera se tomó el trabajo de limpiar su semen del piso. Tuve que hacerlo yo. Y él diciéndome que era leche del biberón de los niños, que yo estaba alucinando. ¡No! ¡No iba a permitir que dañara a mis hijos de esa manera! ¡Esto sigue siendo para mí una herida tan grande!! Como aceptar que el propio padre de mis hijos hiciera algo semejante??? No me entraba en la cabeza!!  Y por supuesto lo denuncié. Por lo cual mis hijos tienen restricción de acercamiento contra su padre.

Por su parte, Lalo no perdió tiempo en ensuciarme y hacerme quedar como una loca que miente para sacarle a sus hijos. Yo soy la loca que, de un momento a otro, inventó todo. Tiene tal poder de convencimiento que muchos de nuestros familiares, conocidos y amigos, le siguen creyendo. Es más, a los pocos días de separarme, me invitó a que lo denunciara por abuso sexual, que nadie me iba a creer.  Afortunadamente, la justicia y la psicología, me dan la razón.

Desde mi separación y posterior divorcio civil, Lalo sigue dedicado a difamarme y calumniarme. Yo ya no pude frecuentar más la parroquia ni a mis amigas, ya que todas fueron siendo convencidas por él. De hecho, algunas de ellas hasta me quisieron convencer de que no me divorciara, otras trataron de convencerme de que me aguantara todo porque «yo estaría siendo guiada por el demonio y el divorcio era del maligno».

¿Pero es que no tienen en cuenta que me piden que siga viviendo bajo un mismo techo con el abusador mío y de mis hijos? Y, ¿es por amor a Dios que tengo que quedarme y dejar a mis hijos en manos de su abusador? ¡No me parece!! Pero ¿vaya uno a saber qué es lo que les dijo Lalo sobre mí! Digamos que, por un lado, me aisló de mis amistades y me obligó a cambiar de parroquia, ya que ni el mismo sacerdote me creía. 

De todas maneras, he podido comprobar cómo tan pocos sacerdotes tienen verdadero conocimiento de este tipo de varones perversos y el clero está desinformado al respecto. Muchos no tienen ni idea, y cuando los enfrentaba con mi problema, no hacían ni el menor esfuerzo por indagar y enterarse de qué les estaba yo hablando. Afortunadamente, unos pocos que sí conocen el tema, me dieron los mejores consejos. Un canonista de mi Diócesis que conocía perfectamente estos hechos, me ayudó bastante en el tema de la nulidad matrimonial. Su postura – coincidente en todo con la de mi abogado – fue y se sigue confirmando con nuevas evidencias – totalmente distinta a la de la mayoría de los sacerdotes.

Lalo ha seguido, y me consta que sigue hasta el día de hoy, hablando mal de mí y posando de santo. Las veces que me llegaron noticias de él, siempre son de cómo yo le he arruinado su vida. Él alardea de su fidelidad a mí, exhibiendo el anillo matrimonial y actuando como un varón fiel al sacramento indisoluble pero víctima sufriente de un loca ladrona de sus  hijos. ¡Un pobre Santo!! Eso le brota de su lado perverso. Es muy retorcido hacer creer a la gente que él es víctima de sus víctimas. Porque por supuesto, él dice que yo me inventé el abuso para quitarle a unos hijos que él y su madre adoran.

Doy gracias a Dios, que me alejó de ese hombre a tiempo y me puso al alcance gente con los conocimientos suficientes para ayudarme a salir adelante con mis niños a mi lado. Y que mis niños ahora están bien, sin mayores problemas, siendo niños normales. Y eso me da una gran alegría, el saber que se puedan desenvolver como niños normales a pesar de los abusos que sufrieron en el lugar que más debió haberlos protegido: su padre y familia.

2 comentarios en «EL VARÓN CAÍDO [2] ZAFÉ DEL LAZO DE LALO (2)»

  1. Una historia muy similar a la mía… pero creo que me demoré bastante en darme cuenta con quién estaba!!…

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