FALSA COMPASIÓN [2 de 20]
SIN DISCERNIMIENTO
LA CARIDAD SE CORROMPE»
San Ignacio de Loyola

«LA FALTA 
DE DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL
ES EL PEOR ENEMIGO 
DE LA CARIDAD VERDADERA»
Ignacio de Loyola
Esta entrada continúa el tema de la falsa compasión o moderna falsificación de la caridad . Señalada por Mons. Michel Schooyans.
El fenómeno era conocido ya por los Padres del 
desierto y se describe en escritos espirituales de los santos.

(Fragmento de la carta de san Ignacio de Loyola sobre la Perfección. Escrita desde Roma el 7 de mayo de 1547 y dirigida a los Padres y Hermanos de Coimbra, Portugal. Actualizo algo el texto escrito en castellano antiguo. El texto original completo puede verse en Obras Completas de San Ignacio de Loyola, BAC Madrid, 1963, págs. 679-689, el fragmento en la segunda parte de la carta, p. 685) 
Ilutración: el santo en la Cueva de Manresa.

«El demonio no tiene ningún arma tan eficaz

para quitar la verdadera caridad del corazón,
como hacer que se proceda en ella
incautamente, y no según razón espiritual»
[San Bernardo]
.            «Lo que
hasta aquí he dicho para despertar a quien durmiese, – escribe San Ignacio a los Padres y estudiantes jesuitas en Coimbra – y correr más a quien se
detuviese y parase en la vía, no ha de ser para que se tome ocasión de dar en
el extremo contrario del indiscreto fervor.
Porque no solamente vienen las
enfermedades espirituales de causas frías, como es la tibieza, sino también de de
calientes, como es el demasiado fervor. “Sea vuestra ofrenda razonable”, dice san
Pablo  [Romanos 12,1]. Porque sabía que
es verdad lo que decía el salmista: “La majestad del Rey ama el juicio” [Salmo
98,4]. Y lo que se prefiguraba en el Levítico diciendo: “en toda ofrenda tuya
ofrecerás sal” Lev. 2,13].
Y es así que, como dice Bernardo[1],
no tiene arma de guerra ninguna el enemigo, tan eficaz para quitar la verdadera
caridad del corazón, cuanto el hacer que incautamente, y no según razón
espiritual, en ella se proceda.
“Nada en demasía” dicho del
filósofo[2], se debe observar en todo, aún en la justicia misma, como leéis en el Eclesiástico:
“no quieras ser justo en demasía” [7,17].
Si no se tiene esta moderación,
el bien se convierte en mal y la virtud en vicio, y se siguen muchos inconvenientes
contrarios a la intención del que así camina.

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