LA CRISTIANA MUERTE DE RUBEN DARÍO: 2 de febrero de 1916

LA CRISTIANA MUERTE DE RUBEN DARÍO
Los últimos momentos de Rubén Darío
Suplemento de El Bien Público Nº 36, 1º de febrero de 1942. Pág. 10
Recordando la cristiana muerte de un gran poeta americano
Los últimos momentos de Rubén Darío

El 2 de febrero de 1916, en León (Nicaragua) su patria, moría Rubén Darío De una revista americana de la época transmitimos esta emotiva nota relatada por un testigo ocular de los últimos momentos del poeta.

“El dos de febrero se había acentuado la gravedad del poeta. Creyente pidió los auxilios divinos; ya desde algún tiempo atrás, se notaba en Rubén un reverdecimiento de la fe. Así, en Barcelona, poco antes, escribía entristecido:

Mi pobre conciencia
Busca la alta ciencia
De la penitencia,
Mi sendero elijo
Y mis ansias fijo
En el Crucifijo

Y en reciente carta al arzobispo de Managua, decía: “Por lo que se refiere a mi religiosidad, en verdad he tenido que ir directamente a Dios, pues mi vida, bajo las apariencias de la gloria y de fugitivos bienestares humanos, ha sido repleta de aflicciones, posiblemente para mi bien, pues habrán sido correcciones divinas.

“Más aún, en medio de mis plegarias, he sido muy perseguido por tristezas y tentaciones, quedándome apenas el consuelo de que muy grandes santos también han padecido grandes congojas. Mi fe misma se siente a veces sacudida, y la poca frecuencia de los Sacramentos me ha causado seguramente mucho aumento de acedias y desesperanzas. ¡Qué lástima que no haya vivido, ni me sea dado vivir, entre verdaderos sacerdotes como usted, cuya cultura y cuya piedad van juntas [Nota de El Bien Público: En el mundo bohemio en el que vivía el poeta, difícil era que se encontrara con sacerdotes].  Pero cada cual está sujeto a su sino, el cual, para mí no es sino la voluntad de Dios”.

Le administró los sacramentos el arzobispo de León, amigo muy querido del poeta.

En el cuarto de Darío se había improvisado un altar lleno de flores.

El acto de la Comunión fue edificante: el poeta, conmovido y con voz firme, respondía a las exhortaciones del ilustre prelado: “Sí, creo”. Recibió la Sagrada Hostia con unción.

Después Darío dio gracias y permaneció tranquilo,. Se mostró satisfecho; horas más tarde decía a un amigo de él, que se felicitaba de haber recibido “el Pan de los Fuertes” de manos de Ilustrísimo Monseñor Pereira.

Sobre la almohada y cerca de la cabeza, donde ronda la muerte, se ve un crucifijo de plata; y en el pecho tiene otro de plata quemada de mayor tamaño, obsequio que le hizo su amigo Amado Nervo.

Su esposa reza las oraciones de los agonizantes, y llora. Es la esposa evangélica que esperó muchos años el regreso del amado con la paciencia de Penélope. Corrió él por el mundo y lo llenó con su fama. Herido de muerte por una enfermedad incurable, volvió a la patria para morir en brazos de aquella que sólo ha cosechado sacrificios.

Los instantes eran supremos y angustiosos. En un ángulo del dormitorio, dos o tres amigos íntimos, presenciaban adoloridos el espectáculo.

El jesuita P. Félix Pereira, sentado sobre un canapé a la orilla del lecho del enfermo, prodigaba a éste los postreros auxilios de la religión… hasta que exhaló el último suspiro.

El gran poeta americano había sentido al Ángel de las desventuras llamar als puertas de su corazón, e inició su retorno a Dios. Y Dios lo habrá consolado en la hora de la angustia suprema. El dolor es la semilla de la felicidad eterna”.

https://www.europapress.es/cultura/libros-00132/noticia-150-anos-nacimiento-ruben-dario-10-versos-inolvidables-20170118114525.html

2 comentarios en «LA CRISTIANA MUERTE DE RUBEN DARÍO: 2 de febrero de 1916»

  1. Dios, el Pastor de Israel, el Buen Pastor, que siempre ve en busca de la oveja descarriada, evferma, desnutrida., se acercó a este hombre ilustre entre los hombres, pero en su serena e iluminada conciencia cristiana, un necesitado de Dios. Con la gracia de reconocerlo humildemente. Y Dios que siempre se adelanta. Maravillosa página.

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