LA LUJURIA ES DEMONÍACA (14)ÁNGELES Y DEMONIOS
INFLUYEN LA PSIQUIS HUMANA

LA INFLUENCIA 
DE LOS ÁNGELES 
EN
EL PSIQUISMO
Lic.Fil. y Psic. MARIANA
VOGLIAZZO
Esta es una entrada especialmente útil a psicólogos, psiquiatras, consejeros, sacerdotes.


SUMARIO 
En síntesis podemos decir que los ángeles, buenos o malos, actúan diversamente sobre las potencias y facultades del hombre conforme a la diferente condición ontológica. 
Así, en aquellas facultades aprehensivas que dependen  de una condición orgánica, como ser los sentidos internos y externos, los ángeles pueden obrar tanto de manera intrínseca, a través del movimiento local de los espíritus y humores, o de manera extrínseca, ya sea presentando al sentido alguna forma sensible que corresponda con su objeto formal propio. 
      En cambio, en la voluntad y en el entendimiento, que son potencias espirituales, solo pueden influir de manera indirecta y exteriormente, siempre a través de la acción que los ángeles ejercen sobre las potencias orgánicas.
           De esta forma el ángel no tiene poder para penetrar y mover a las potencias espirituales desde dentro. Este rodeo en su inmutación sobre las potencias superiores lo realiza ‘solo y a través’ de su operación sobre el  psiquismo inferior, y por medio de la alteración o cambio local de los espíritus y humores. Solo de esta forma, repetimos,  pueden los ángeles influir sobre el entendimiento, únicamente a través de los sentidos, las pasiones o las alteraciones corporales, con todo no puede nunca el ángel doblegar completamente la voluntad.
         La acción interior [psíquica] del diablo  parece ser en torno a la fantasía y al apetito sensitivo; conmoviendo a cualquiera de los dos puede inducir al pecado, pues puede actuar de modo que se le representen a la imaginación algunas formas imaginarias; y puede hacer también que el apetito sensitivo se excite hacia alguna pasión.

El
tema que trataré a continuación  es
‘La  influencia de los ángeles sobre el
psiquismo’, para ello nos detendremos 
principalmente en el análisis  de
la  Cuestión 111 de la Primera Parte de la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, donde se trata de este hecho.
      Algunas
de las preguntas que motivaron en mí el desarrollo de este tema fueron las
siguientes:  
 ¿Pueden los ángeles
suscitar desequilibrios emocionales o afectivos?
  1. ¿Pueden los ángeles
    alterar la percepción y producir alucinaciones?
  2. ¿Pueden los ángeles
    iluminar el entendimiento con una luz falsa?
  3. ¿Pueden los ángeles
    provocar obsesiones, miedos, fobias, conductas compulsivas, delirios?
  4. ¿Pueden los ángeles
    producir una enfermedad corporal? 
  5. ¿Pueden los ángeles provocar
    una enfermedad psíquica o mental?
 Al
respecto,
  es verdad revelada que estamos
rodeados de ángeles, de día y de noche, por la mañana y por la tarde, ángeles
buenos y ángeles malos, que acechan muy cerca nuestro buscando incidir sobre
nosotros: sobre nuestro cuerpo, sobre nuestras potencias y, en definitiva,
sobre nuestro psiquismo [Nota 1ª 
‘Nos adormecemos sin pensar  que hay demonios permanentemente junto a nosotros queriendo hacernos  caer en el pecado y confundir nuestro entendimiento. Esto no es cosa que suceda en ocasiones raras, sino todos los días; no solo de mañana, sino también de tarde y de noche: en todo tiempo los demonios quieren influir en nuestro entendimiento’ Ver: Ignacio Andereggen, I; Experiencia espiritual, pg 735]
           Sabemos además que esta acción de
los ángeles sobre los hombres está custodiada muy de cerca por el Gobierno
que  Dios ejerce sobre todas sus
creaturas, y que la Divina  Providencia
dispone de ellos para el bien de sus elegidos.
           Tenemos entonces que Dios piensa y
gobierna al mundo a través de un orden existente en su mente: ‘El plan de la
providencia divina’.  Y según este orden
instituido por el Creador:
       ‘los seres
materiales
deben ser gobernados por los seres inmateriales’.                    
Así lo
expresa Santo Tomas de Aquino ( Iª Parte q.110 a.1):
«Por
consiguiente, como los ángeles inferiores, que tienen formas menos universales,
son regidos por los superiores, así todas las cosas corporales son regidas por
los ángeles (…)
La
criatura corpórea necesita ser movida por la espiritual»
[Nota 2ª 
‘Por consiguiente, como los ángeles inferiores que tienen formas menos universales, son regidos por los superiores, así todas las formas corporales son regidas por los ángeles. Y esto no es solo doctrina de los santos doctores, sino también de todos aquellos filósofos que admitieron substancias espirituales’
En efecto también Aristóteles sostenía que los cuerpos celestes son movidos por motores intermedios, formas puras, sustancias simples que, en el lenguaje medieval, cumplen la función de ángeles. Sin embargo Aristóteles no previo esta influencia de las sustancias simples sobre los cuerpos inferiores. En cambio, desde la mirada superadora del dato revelado, esta acción alcanza a toda la naturaleza creada y material].
Este  gobierno del mundo invisible sobre el mundo
visible alcanza a la creación en todos sus niveles. Así también Aristóteles
piensa los cuerpos celestes como movidos por 
substancias espirituales. De esta manera todo el cosmos – y no solamente
el hombre- está sabiamente gobernado por inteligencias puras, pues la
providencia de Dios se extiende a todo el orbe. 
           Sin embargo, esta acción de los ángeles sobre
la materia tiene sus límites. Por ejemplo los ángeles no pueden imprimir una
nueva forma en una materia, acción que le compete exclusivamente a Dios [Nota 3ª
 Así, pues, todo acto de recibir la materia nuevas formas viene, o inmediatamente de Dios, o de algún agente corpóreo; pero no inmediatamente del ángel’ Iª q.110 a.2].  
           Pero sí puede, la potencia activa del ángel,
incidir sobre todo el universo corpóreo a través del movimiento local  [Nota 
 ‘Pues radicando todas las potencias del alma en la única esencia de la misma, es necesario que, cuando una potencia se concentra en su acto, la otra afloje, o también se  vea totalmente  impedida en el propio. Ya porque toda la fuerza dispersada en muchas cosas deviene menor; de donde,  por el contrario, cuando se concentra  sobre una, se puede dispersar menos a otras cosas’  Iª-II q.77 a.1].  
         Esto significa que todo lo que naturalmente
cae bajo el alcance de este movimiento, cae bajo el dominio de los ángeles.
Podemos decir  entonces que no existe una
obediencia absoluta de la materia a la voluntad del ángel aunque sí una
obediencia relativa, en todo lo circunscripto al movimiento local y la
alteración corpórea.
          Ahora bien, en esta cuestión 111, Santo
tomas va a desarrollar propiamente el tema 
de la acción de los ángeles sobre los hombres, entrando de lleno en el
meollo de la materia de nuestro interés. 

          
Esta cuestión está dividida en la
Suma
  en cuatro artículos.
     
1) En
el primero
de ellos Santo Tomas se preguntará si el ángel puede iluminar de
alguna manera al hombre. Este temática debe entenderse en continuidad con
aquella otra donde el Aquinate desarrolla el tema de la comunicación y el
lenguaje de los ángeles entre sí. Cito a
 
Santo Tomas:
‘Perteneciendo
al orden de la divina providencia que los seres inferiores estén sometidos a la
acción de los superiores, como se ha dicho, los hombres, que son
  inferiores a los ángeles, son iluminados por
estos, como los mismos ángeles inferiores son iluminados por los superiores’ 
[Nota 5ª  
Iª q.111 a.1]
Esta
forma de iluminación, no obstante, debe entenderse en un sentido en parte igual
y en un sentido en parte distinto, es decir analógicamente. Así Santo Tomas
explica que entre los mismos ángeles, el ángel superior divide la verdad
universal o especie inteligible entendida por él para adaptarla al entendimiento
del ángel inferior [Nota 16ª
Esto se verifica en los Ángeles según que el ángel superior divide la verdad universal concebida por él, adaptándola a la capacidad  del ángel inferior. Pero el entendimiento humano no puede captar la verdad en la inteligibilidad pura de ésta, por serle connatural entender por medio de fantasma, según queda dicho’ Iª q.111 a.1].
Lo
que se efectúa entonces es una operación de análisis o división de una verdad
universal a una verdad con un mayor grado de particularidad. 
En
el hombre, en cambio, dado que  el
entender se realiza según el modo propio de ser del cognoscente, y como al
entendimiento humano le es connatural entender por medio de las imágenes
sensibles, esta forma de infusión directa de especies inteligibles en el
intelecto por medio de la virtud  angélica
no es posible, no por carecer el ángel del poder necesario para hacerlo, sino
por la debilidad de nuestro propio entendimiento, ‘Y por eso los
ángeles proponen a los hombres las verdades inteligibles bajo semejanzas de
cosas sensibles
[Nota 7ª 
Iª q.111 a.1],
y así actúan sobre el entendimiento humano, iluminándolo indirectamente y desde
afuera, por medio de formas sensibles accesibles por los sentidos internos.
Otra
forma de influjo exterior de los ángeles sobre el entendimiento se da, según el
Aquinate, en cuanto el ‘entendimiento inferior es confortado por la acción
del entendimiento superior’
[Nota 8ª 
Iª q.111 a.1],
de esta manera la potencialidad del ángel actúa sobre la razón natural de los
hombres fortaleciendo y aumentando su vigor intelectual y su capacidad de
penetración inteligible  de la verdad de
los entes. 
2) EN EL SEGUNDO ARTÍCULO de la misma cuestión 111, Santo Tomas va a analizar  la acción de los ángeles sobre la voluntad.
De esta forma el Aquinate comienza primeramente analizando las potencias de
orden espiritual – inteligencia y voluntad- para proceder luego con el análisis
de las potencias sensibles con base orgánica.
En
esta materia Santo Tomás insistirá en que la voluntad puede ser movida de dos
modos [Nota 9ª 
Ver Iª q.111 a.2]:
               a) Intrínsecamente, es decir
inclinándola interiormente a través de su propia tendencia natural que es la
posesión del fin último.
               b) Extrínsecamente, es decir
moviéndola desde afuera. Pues bien, sólo de este segundo modo pueden los
ángeles inmutar a la voluntad.
Esto significa que los ángeles sólo pueden mover
a la voluntad exteriormente
, ya sea por la persuasión del entendimiento
en tanto que los ángeles pueden presentarle un bien al entendimiento que está
fuera de él y de esa manera mover a la voluntad- ; o por la pasión del
apetito sensible
, de manera de arrastrar a la voluntad por el ardor de la
concupiscencia [Nota 
10ª ‘Pero así solo Dios es capaz de mover eficazmente a la voluntad; el ángel  y el hombre solo pueden moverlo por persuasión, según queda dicho. Más aún queda otro modo exterior por el que pueda la voluntad del hombre ser movida, que es por la pasión del apetito sensitivo; así se inclina la voluntad, por ejemplo, cuando quiere algo a impulsos de la concupiscencia o de la ira’ [ Iª q.111.a.2]. 
       Justamente el diablo, afirma santo Tomas, puede incitar a pecar moviendo la
voluntad, ‘ya sea ofreciendo algo apetecible a los sentidos, ya sea
persuadiendo a la razón’
[11ª  
Iª-IIae q.80 a. 1]
             Nos encontramos aquí frente a un
tema arduo, como ser la relación entre la voluntad y los apetitos sensibles,
problema que se remonta en su raíz  a la
perdida de la Justicia original por la cual los apetitos sensibles quedaron
destituidos de su orden propio, no sometiéndose al imperio de la voluntad y de
la razón por la cual se encaminaban naturalmente a la virtud,  ya que las pasiones, como explica Santo
Tomas, tienen cierta autonomía con respecto a las potencias superiores. [Nota 12ª 
I-II  q.85 a. 3] 
  
           Como consecuencia de esta herida
original, los apetitos pueden influir indirectamente sobre la voluntad  de dos maneras [Nota 13ª 
Ver I-II q.77 a.1].
          1-La primera desintegrando la fuerza
de la esencia del alma desviándola hacia múltiples objetos sensibles. Pues como
explica el doctor  angélico, la fuerza
del alma es una y está integrada hacia el Bien último de la naturaleza humana,
pero cuando los apetitos imperan con fuerza sobre la voluntad, pueden hacer que
el acto propio del apetito racional se debilite o se vea impedido, por la
descomposición de esa fuerza hacia diferentes bienes parciales [Nota
‘14ª ‘Pues radicando todas las potencias del alma en la única esencia de la misma, es necesario que, cuando una potencia se concentra en su acto, la otra afloje, o también se  vea totalmente  impedida en el propio. Ya porque toda la fuerza dispersada en muchas cosas deviene menor; de donde,  por el contrario, cuando se concentra  sobre una, se puede dispersar menos a otras cosas’ I-II q.77 a.1].

          2-La segunda porque el apetito
sensible, en vez de seguir el juicio de la cogitativa -dirigida a su vez por la
razón universal-, sigue la aprehensión de la imaginación y del sentido, las
cuales se encuentran más alejadas del influjo racional, y por esta razón
(sobretodo la imaginación) más propensa a extraviarse volviéndose autónoma
y  autorreferencial. En efecto podría
suceder que la imaginación, que es una potencia aprehensiva, le muestre al
apetito un objeto con cierta insistencia y vehemencia, haciendo que nuestras
tendencias sensitivas, que siguen siempre un conocimiento dado por los sentidos
internos, se vean fácilmente excitadas inclinándose desordenadamente hacia ese
objeto, y desligándose así del imperio de la cogitativa y de la razón universal [15ª 
‘Pues el apetito sensitivo no solo puede ser movido por la estimativa en los animales y por la cogitativa en el hombre, dirigida ésta por la razón universal, sino también por la imaginación y los sentidos. De ahí que experimentemos la resistencia que el apetito concupiscible e irascible oponen a la razón, al sentir o imaginar algo deleitable que la razón prohíbe o algo triste que la razón manda. I q.81.a.3].
           Por tanto, cuando este orden
racional se pierde, y es la imaginación como potencia aprehensiva quien impera
sobre las tendencias sensitivas, estas últimas comienzan a ejercen una especie
de ‘dominio irracional y antinatural’ sobre las potencias superiores,
desorganizando la vida psíquica y espiritual de la persona en su totalidad, por
la desviación del juicio de la inteligencia y concomitantemente de la
deliberación de la voluntad, pudiendo todo esto ser causado perfectamente por
el influjo de los ángeles. Contrariamente esto no sucede cuando ‘el apetito
sensitivo es naturalmente  movido en
primer lugar por la cogitativa ( y no por la imaginación
)’ [Nota 16ª 
Pero, como anteriormente hemos dicho, el hombre tiene, en lugar de la estimativa, la cogitativa, llamada por algunos razón particular, porque compara las representaciones individuales. Por eso de ella proviene en el hombre el movimiento del apetito sensitivo. Ahora bien, la razón particular es movida y dirigida en el hombre por la razón universal (…) por tanto es evidente que la razón universal impera el apetito sensitivo, que se divide en concupiscible e irascible’1q.81.a.3]
           Porque la cogitativa, como hemos dicho, es una cierta participación de la razón universal [17ª ‘La excelencia de la cogitativa y de la memoria en el hombre no estriba en lo que es propio de la parte sensitiva, sino en cierta afinidad y proximidad a la razón universal que de algún modo refluye sobre ellas’ 1.q.78, a. 4]

RESUMIENDO:
Podemos decir que solamente Dios puede mover
la voluntad directamente, por ser Dios el autor de la naturaleza intelectual en
sí misma, y por consiguiente de la inclinación natural de la voluntad hacia el
fin último [18ª 
‘La Voluntad del hombre puede ser movida de dos  modos. El uno, desde dentro de ella misma; y de este modo, como el movimiento de la voluntad  no es otra cosa que una inclinación de la misma hacia el objeto querido, solo Dios es capaz de moverla, por ser El quien da a la naturaleza intelectual la virtud de tal inclinación; pues, como la inclinación natural no procede sino de Dios, que da la naturaleza, así la inclinación voluntaria no viene  más  que de Dios, que es causa de la voluntad’ I q.111,a.2]. 
           En cambio, por medio de la persuasión o por los apetitos sensibles, la voluntad
puede ser movida tanto por el ángel como por los hombres 
[19ª  Iª q.111, a.2]. 
           Aún así el Aquinate insiste que la
voluntad permanece siempre libre para resistir o consentir a la pasión
[20ª
‘Los demonios no son capaces de infundir pensamientos causándolos interiormente, porque el uso de la capacidad cogitativa es cosa de la voluntad. Se dice, no obstante, que el diablo enciende los pensamientos en cuanto, por medio de la persuasión o excitando las pasiones, incita a pensar o a desear las cosas pensadas’ I q.111, a.2 ]


ARTÍULO TERCERO
          Siguiendo  con  la
cuestión 111, en el artículo tercero Santo Tomas desarrollará  el tema de 
la  influencia de los ángeles
sobre el psiquismo inferior: es decir sobre la imaginación y los sentidos.
Ciertamente aquí nos hallamos con el campo de acción propio y específico de los
ángeles sobre el psiquismo. 
          En relación a la imaginación, dirá
Santo Toma que los ángeles son capaces de excitar o alterar este sentido
interior del hombre con su virtud natural de manera directa  mediante el movimiento local de los
espíritus y humores’ 
[Nota 21ª 
‘El ángel altera la imaginación, no ciertamente imprimiendo en ella alguna forma imaginaria que antes no haya pasado por los sentidos, pues no puede el ángel hacer, por ejemplo que un ciego imagine los colores; sino que lo hace mediante el movimiento local de los espíritus y humores, según queda dicho’ ‘Ahora bien, es sabido que las apariciones imaginarias provienen a veces  en nosotros de la altercación local de ciertos espíritus y humores corporales’ I q.111, a.3 ] 
          Dicha inmutación  puede darse a veces con
enajenación de los sentidos internos y otras veces sin ello, imprimiendo una
gran variedad de visiones imaginarias.
          Estamos ante la presencia de dos
disposiciones fundamentales que según el Aquinate serán el nexo entre la
dimensión fisiológica y la dimensión psíquica del hombre.
1-     
La
primera es la disposición de los espíritus que -según Castellani- podrían  asimilarse a las ‘corrientes nerviosas’ [22ª 
Nota al pie página de Castellani, L. Comentando la Iª q.101 a.3 ad 2ª. Club de Lectores.]siendo una especie de vehículos orgánicos de las fuerzas orgánicas desde los
distintos miembros o partes del cuerpo [23ª 
Bitochi, Gustavo; La potencia orgánica del apetito sensible].
2-     
La
segunda, en cambio, es la disposición humoral que refiere más bien a las
secreciones endocrinas
 [24ª L. 
Castellani en una nota al pie de página comentando la q.101 a.3 ad 2ª. Club de Lectores.],
las cuales tienen un efecto directo sobre el sensible, pudiendo excitar o
inhibir determinadas pasiones.


EN CONCLUSIÓN, tanto los espíritus como los humores, pueden conmoverse y generar
alteraciones a nivel sensitivo, siendo instrumentos de las pasiones. [25ª 
‘El movimiento de la ira viene a ser causa de cierta efervescencia de la sangre y de los espíritus junto al corazón, que es el instrumento de las pasiones del alma’ I-II q.48 a2 ]  
        Y tan grande puede ser esta conmoción según
Santo Tomás, que, así como en el sueño por la acción de los sentidos internos
pueden generarse interiormente imágines, también, en los que se
encuentran en estado de vigilia, pueden darse apariciones imaginarias, tal como
acontece a los frenéticos–  [26ª 
‘Y tanta puede ser la conmoción  de los espíritus y humores, que acontezcan tales apariciones incluso a los despiertos, como sucede  en los frenéticos y otros casos semejantes’ I q.111, a.3], — como si en ese mismo
tiempo los órganos sensorios fuesen realmente excitados por determinados
objetos externos.
           Reiteramos una vez más, es a través
del movimiento local de estos espíritus y humores, vehículos no corpóreos, la
manera en que el ángel puede afectar la imaginación, haciendo que una imagen
aparezca o desaparezca. Sin embargo no puede provocar el ángel el surgimiento
de una imagen que todavía no haya pasado por los sentidos, es decir no puede
imprimir una forma nueva imaginaria, haciendo por ejemplo que un ciego de
nacimiento imagine los colores, puesto que la imaginación solo puede actualizar
formas sensibles previamente recibidas por los sentidos externos [27ª 
“No pueden, sin embargo, causar ninguna forma imaginaria sin seguir el proceso ordinario psicológico, es decir, sin que total o parcialmente tales formas o especies se reciban actualmente de los sentidos exteriores o sin que, recibidas previamente, se conversen en los centros sensoriales interno’
‘La comixtión del espíritu angélico y la imaginación humana no se hace a modo de unión por esencia, sino mediante los efectos que del modo dicho puede causar el ángel en la imaginación al sugerir las cosas que él conoce, aunque no del modo que él las conoce’1 q.111, a.3]
          Ahora bien, una vez que el ángel
genera estas visiones o imágenes en la potencia imaginativa, podría suceder que
la razón deje de ser iluminada por la luz de las veritas rerum y pase a
ser iluminada por imágenes cuyo valor de objetividad puede ser mínimo. Como
resultado el criterio de realidad de la persona puede verse seriamente
enturbiado u obscurecido, causando a su vez un desorden a nivel de las
potencias superiores del alma, y conduciendo al hombre a un estado de severa
perturbación mental en tanto que la inteligencia se aleja del orden de lo real.
           Así, el demonio, por ejemplo, puede
infundir imágenes y afectos que inducen a pensamientos falsos. Bajo la guía de
la imaginación puede infundir esquemas o categorías que atrofien y obscurezcan
la luz del entendimiento. Poco a poco la persona se va alejando de la realidad
y va construyendo una realidad ficticia.
         Por último, es evidente la importancia
que esta cuestión tiene para juzgar sobre la existencia de ciertos fenómenos
psíquicos, tales como visiones, alucinaciones, o ilusiones, ya que los ángeles
pueden con su virtud natural provocar dichos fenómenos  en el hombre a través de su acción sobre la
imaginación.

ARTÍCULO CUARTO
       Llegando al cuarto y último artículo de la
cuestión 111, Santo Tomas  tratará sobre
la influencia de los ángeles sobre los sentidos externos, y en este caso, al
igual sucede en los sentidos internos, la regla básica  a seguir 
va a ser  la misma, cito
nuevamente al Aquinate:
‘Mediante la conmoción interior
de los espíritus y humores, puede el ángel llegar a alterar el acto de la
potencia nutritiva. Esto mismo puede hacer también respecto de la potencia
apetitiva o sensitiva o de cualquier otra potencia en la que intervenga órgano
corporal”
[28ª 
I-II q.111, a. 4
Por
consiguiente los sentidos, al ser órganos corpóreos, también pueden ser
inmutados por los ángeles  de dos
maneras:
            a) exteriormente: cuando el ángel
presenta a los sentidos del hombre algún objeto sensible formándolo de la misma
naturaleza o de su propia virtud
[29ª  
I-II q.111, a. 4],  por ejemplo al tomar el ángel cuerpo. San
Juan de la Cruz, por ejemplo, nos dice que los demonios pueden  proponer 
exteriormente a los sentidos muchos objetos, ‘demostrando a la vista
figura de santos y resplandores hermosísimos, y palabras a los oídos harto
disimuladas, y olores muy suaves, y dulzuras en la boca, y en el tacto deleite,
para que, engolosinándolos por allí, los induzca en muchos males’
           b) Pero también los ángeles pueden
inmutar a los sentidos externos interiormente, 
conmoviendo los espíritus y humores como quedó dicho.[30ª 
I-II q.111, a. 4
          EN SÍNTESIS podemos decir que los
ángeles actúan diversamente sobre las potencias y facultades del hombre
conforme a su diferente condición ontológica. Así, en aquellas facultades
aprehensivas que dependen
  de una
condición orgánica, como ser los sentidos internos y externos, los ángeles
pueden obrar tanto de manera intrínseca, a través del movimiento local de los
espíritus y humores, o de manera extrínseca, ya sea presentando al sentido
alguna forma sensible que corresponda con su objeto formal propio.
 
            En cambio, en la voluntad y en el
entendimiento, que son potencias espirituales, solo pueden influir de manera
indirecta y exteriormente, siempre a través de la acción que los ángeles
ejercen sobre las potencias orgánicas.
           De esta forma el ángel no tiene
poder para penetrar y mover a las potencias espirituales desde dentro. Este
rodeo en su inmutación sobre las potencias superiores lo realiza ‘solo y a
través’ de su operación sobre el 
psiquismo inferior, y por medio de la alteración o cambio local de los
espíritus y humores. Solo de esta forma, repetimos,  pueden los ángeles influir sobre el
entendimiento, únicamente a través de los sentidos, las pasiones o las
alteraciones corporales, con todo no puede nunca el ángel doblegar
completamente la voluntad.
            Volviendo a las preguntas que nos
hicimos al comienzo de esta exposición, intentaremos aproximar de manera
general una respuesta.
 1) En primer lugar afirmamos
que, según los textos del Aquinate, los ángeles pueden suscitar cualquier tipo
de enfermedad corporal. Pues si los ángeles tienen un poder directo sobre la
materia, nada les impide perturbar el funcionamiento fisiológico de los órganos
corporales y producir una enfermedad orgánica [31ª 
‘Según Santo Tomas, las enfermedades corporales (con o sin síntomas psíquicos) pueden tener tres causas fundamentales: física, psíquica, y espiritual preternatural’  Echavarría, M.; La praxis de la Psicología; editorial UCALP; 2009; p. 381-383].
        2) En segundo lugar, no solamente los
ángeles pueden producir una enfermedad corporal sino también una enfermedad
psíquica que, a diferencia de las anteriores, tienen su causa en un desorden de
las potencias del alma y concomitantemente de las pasiones [32ª 
‘Las pasiones no se llaman enfermedades o perturbaciones del alma sino cuando les falta la regulación de la razón’ I – II q.24, a.3. Echavarría. M aclara que Santo Tomás entiende por enfermedad psíquica: ‘Un trastorno de la vida sensitiva interior y de la afectividad con  génesis anímica, en cuanto causado por las malas costumbres, que la indispone respecto a su inclinación natural.( La praxis de la Psicología, p. 389)]
        Efectivamente 
los ángeles pueden excitar o inhibir todo tipo de pasiones, a través de
su acción sobre el sistema endocrino y la alteración del estímulo nervioso que
es procesado a nivel cerebral. A modo de ejemplo, Santo Tomás nos dice que ‘el
movimiento de  la ira viene a ser
causa  de cierta efervescencia de la
sangre y de los espíritus junto al corazón, que es el instrumento de las
pasiones del alma’
[33ª 
I- II q.48, a.2]  
Al revés sucede con el temor, pasión que 
implica ‘
una contracción del calor y de los espíritus al interior [34ª‘En cambio, en los que temen, se produce el movimiento del calor interior y de los espíritus desde el corazón a las partes inferiores’ I- II q.44, a. 1].
           Por consiguiente los ángeles [malos] pueden
inmutar ‘el apetito sensitivo a algunas pasiones por determinados
movimientos del corazón y de los espíritus’
[35ª 
I-II q. 80, a.2] ,
y de esta manera suscitar todo tipo de desequilibrio afectivo o enfermedad
psíquica.              Así la depresión (tristitia) o
melancolía sería para el Aquinate un trastorno humoral de base orgánica, que se
caracteriza por una tristeza profunda, mientras que la manía sería un raptus de
agresividad que también nace de la tristeza, pero se diferencia de ella por la
prevalencia de la pasión de la ira, pudiendo ambas ser causadas por  el influjo angélico [36ª 
Krapf, E.; Tomás de Aquino y la Psicopatología. Contribución al conocimiento de la psiquiatría medieval, Index, Buenos Aires, 1943, pg 36-37 ].
          3) Tercero, por la inmutación de los ángeles
sobre la imaginación, pueden asociarse
determinadas imágenes con determinadas estados emocionales o pasiones, de modo
que, al evocar o producir una forma imaginaria, se suscita también, por una
especie de reflejo condicionado, una determinada pasión, y esto puede suceder
de manera automática y sin participación 
racional, como sucede en las impulsiones. 
         Larchet lo explica de esta
forma: 
Las memoria ( junto a la
imaginación) se vuelve en el hombre el principal camino por el cual los
pensamientos extraños penetran en el corazón y ocupan su espíritu (…) La
memoria produce especialmente tales pensamientos porque conserva los recuerdos
de las faltas anteriores ( de los pecados) y las marcas de la pasiones
establecidas anteriormente, y sobre todo las del placer que le estaban ligadas,
lo que da a sus representaciones (imaginarias) un fuerte poder de seducción.
Por lo tanto la memoria está activada y excitada por los demonios que buscan en
particular retrotraerla a esos recuerdos” 
[37ª Larchet, J. Terapéutica  de las Enfermedades Espirituales, Ediciones du cerf, Paris, 1997, p.50]
En esta doble relación de la imaginación con las pasiones, los demonios juegan un papel muy importante, ya sea que empujen al hombres a imaginar en respuesta a sus pasiones y por su intermedio, como acabamos de explicar, ya sea que susciten directamente en él imágenes y fantasmas, con el fin de activar sus pasiones’ [ 38ª Larchet, J. Terapéutica  de las Enfermedades Espirituales, Ediciones du cerf, Paris, 1997, p.54) ]
También
las obsesiones, que son ideas fijas, absurdas e intrusivos que asaltan la mente
de la persona más allá de su voluntad, pueden ser desencadenadas por el influjo
angélico, en tanto que están asociadas a la presencia de ciertas imágenes.
     4) Por último las tendencias sensitivas,
con sus correspondientes alteraciones corporales,  pueden debilitar o impedir en parte el juicio
de la razón, como sucede en los frenéticos y en los dementes [39ª
 ‘Como es evidente por los dementes, el juicio y la aprehensión de la razón, y también el juicio de la facultad estimativa, son impedidos por la aprehensión vehemente y desordenada de la imaginación’ I- II q.77 a.1].  
      A la manera de ejemplo, el irascible, actúa
como si no escuchase del todo a la razón por la conmoción del calor que la
mueve impetuosamente y que es el elemento material de la ira’ 
 [40ª 
I- II  q. 48, a.4].
         Pues si bien es cierto que nuestra
potencia intelectiva no necesita de órgano corporal para su acto propio, sin
embargo entiende a partir de las imágenes, de esta manera, por influjo de la
concupiscencia cuya incidencia sobre la imaginación es directa [41ª 
‘Por donde vemos que las personas  dominadas por una pasión  no apartan fácilmente su imaginación de aquellas cosa sobre las que están afectadas. De ahí que, en consecuencia, frecuentemente el juicio de la razón siga  a la pasión del apetito sensitivo y, consiguientemente, el movimiento de la voluntad,  a cuya naturaleza  corresponde  seguir el juicio de la razón’ I- II q.77 a.1].
     Por ese motivo la razón puede fácilmente ser arrastrada por el desorden pasional, juzgando de
manera falsa y errada sobre los hechos. Dentro de esta perdida del sentido de
realidad los  delirios serían una
consecuencia lógica, producto de la desviación del juicio de la razón que sigue
la idea delirante, alimentada por la imaginación y las pasiones [42ª 
Sabemos que toda idea delirante denota una carga emocional y afectiva que la hace hermética e irreductible a cualquier tipo de confrontación con la realidad].
        Por otro lado vimos que los ángeles,
por su incidencia en la imaginación, pueden suscitar una gran cantidad y
variedad de formas imaginarias, creadas a partir del material proveniente de
los sentidos, está profusión de imágenes asimiladas a las sensaciones tienen la
forma de auténticas ‘alucinaciones’ o ‘ilusiones’, las cuales también inciden
sobre la razón, arrastrándola en su juicio sobre la realidad. 
        Como dice Larchet: «El hombre caído, por su conocimiento que se ha hecho carnal, juzga las cosas según su sola apariencia sensible, ignorando lo que ellas son en sí mismas, en su esencia inteligible (…) El hombre, tomando por el ser verdadero las apariencias, introduce la confusión más radical en su percepción de la realidad; toma lo falso por  verdadero y lo verdadero por falso, el mal por bien y el bien por mal. (…) El hombre caído tiene así una visión completamente invertida de lo real, él conoce un mundo a la inversa, manifestación evidente de su delirio’  [43ªLarchet, J. Terapéutica  de las Enfermedades Espirituales, Ediciones du cerf, Paris, 1997, p.28].
       Todo esto puede ser de duración más o
menos variable, con menor o mayor intensidad, cuyo efecto no es otro, como
dijimos, que debilitar o impedir en parte o totalmente el juicio de la razón
sobre la realidad. Por eso afirma Larchet: 
‘El hombre caído vive de esta manera en un mundo  falso, irreal, creado por él, donde ignora la verdadera significación de los seres,  y ya no percibe las verdaderas relaciones que existen entre ellos. Esta confusión, por otra parte, es acrecentada por el diablo, padre de toda mentira’. [44ª Larchet, J. Terapéutica  de las Enfermedades Espirituales, Ediciones du cerf, Paris, 1997, p.2]
      Santo
Tomas explica este proceso de obscurecimiento de la razón por obra del ángel
malo de la siguiente forma:
 ‘La parte interior del alma es intelectiva
y sensitiva. La intelectiva contiene el entendimiento y la voluntad (…). Más
el entendimiento, de suyo, es movido por algo que le ilumina para conocer la
verdad, cosa que el diablo no puede pretender respecto del hombre, sino
más bien, entenebrecer su razón para que consienta en el pecado. Este
oscurecimiento proviene de la fantasía y del apetito sensitivo. Por
consiguiente la acción interior del diablo 
parece ser en torno a la fantasía y al apetito sensitivo; conmoviendo
a cualquiera de los dos puede inducir al pecado, pues puede actuar de modo
que se le representen a la imaginación algunas formas imaginarias; y puede
hacer también que el apetito sensitivo se excite hacia alguna pasión’ 
[45ª 
I-II q. 80, a. 2]    
Lic.Fil. y Psic. MARIANA VOGLIAZZO 
E-Mail <marianvogli@gmail.com>

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