GETSEMANÍ – HUERTO DE LOS OLIVOS [1 de 5]

GETSEMANI
I
Pues todo auxilio humano ha claudicado
en esta soledad de los olivos;
y puesto que remedio entre los vivos
en vano a mis quebrantos he buscado,

vengo a invocar a mis antepasados,
esos que todos tratan como muertos
mas Tú dejaste en mi interior despiertos,
velándome en el Huerto desolado.

Si a muerte los vivientes me condenan
y de mis muertos recibí la vida:
¿por qué no he de bajar a la Gehenna
para buscar en mi raíz perdida
aquella comprensión para mi pena
que me explique la causa de esta herida?

Horacio Bojorge Cervetti

5 comentarios en «GETSEMANÍ – HUERTO DE LOS OLIVOS [1 de 5]»

  1. Un sabio poema que nos invita a beber del manantial interior, de la memoria y del agradecimiento.
    La clave está en llevar la mirada a ese interior, lugar de Dios y los suyos, y entre «los suyos» están «los nuestros» que iluminan desde el testimonio de sus vidas.
    La Escritura nos habla de los retoños del tronco «un retoño del tronco de Jesé» fue, nada menos, que el Salvador. También nosotros somos retoños de nuestro tronco y a mayor conciencia, más consistencia.
    En Getsemaní, en plena soledad, «un ángel lo confortaba».

    1. Queridas comentadoras. Adjunto al Huerto de los Olivos, estaban las sepultura de David y de otros antepasados del Mesías. Por eso Jesús el Mesías ungido «desciende» al valle de Cedrón y pasa su agonía a un tiro de piedra de los sepulcros donde yacen los restos de sus ancestros. La oración de Jesús al Padre versa sobre su paso por la muerte. La muerte es consecuendia de los seres humanos herederos del Pecado Original y Cristo no adeudaba la muerte por ser hijo de una Madre Inmaculada, exenta del pecado original y Cristo fue concebido sin semen de varón, puesto que el pacado original lo contraemos todos por vía del nuestro padre y no de nuestra madre. Sus amigos, se duermen de pesar bajo la luna. Era una luna llena. Y al mediodía siguiente sería una luna de sangre y un eclipse total con una invasión de la noche en pleno mediodía. Es que Dios obra en las noches como nos enseñan las Escrituras. Y Jesús debía morir en medio de una noche, Con un grande grito, como lo anuncia el libro de la Sabiduría, en la mitad de la noche de Pascua en que Dios opera la huida de Egipto de su pueblo elegido

  2. Gracias, Padre,por esta mesa servida, que nos harta y consuela, ilumina y enseña.
    Es parte de esa luz de aquella luna llena, la única que acompañaba paradógicamente la noche por la que comenzaba la travesía del mar rojo de su sangre, nuestro inocente e inmaculado Cordero, inmolándose ya, para una Pascua, una Alianza nueva.
    Para nosotros, Pastor, por nosotros, Cordero…

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