LA PARÁBOLA DEL PERRO [2 de 7]
De los Sermones del Cura Cayetano [estrofas 13 al 23]

LA PARÁBOLA DEL PERRO

 

13
LA PRIMERA ORACION
ES DE PRESENCIA.
Lo primero es que un perro, no menea
su cola ante un concepto ni una idea.

Venera a un dueño real. Que, o bien lo mima
o, si cuadra, se enoja y lo patea.
Jamás confunde lo que se imagina
con lo que está presente y se olfatea.

14
¿Y saben lo que me hace pensar eso?
Que hay gente que no reza, o reza mal,
porque toma por dios al propio seso.
Y extraviada en sus modos de pensar
le pierde el rastro a la Presencia real
de Dios, que está en Jesús en carne y hueso.

Que nadie reza bien, mientras no crea;
y rece y sirva al ‘dios’ que él se imagina.
Porque Dios: es mayor que sus ideas
e independiente de lo que él opina.

A Dios nadie le pone la correa
ni puede atarlo a su opinión mezquina
como quien saca al perro y lo pasea
-¡de ida y vuelta no más!- hasta sú esquina.

15
¿Me pueden explicar qué ‘dios’ es ése
que el hombre pueda atar a la cadena
para que vele por sus intereses?

¿Qué ‘dios’, que si él lo llama y no obedece,
me lo reta y castiga; y lo condena
o lo perdona, cuando le parece?

¡Imaginen un cuzco que quisiera
hacer entrar al dueño en su casilla!
Así – ni más ni menos- lo encasilla
a Dios, el que lo mete en su mollera.

Por más que rece todo lo que quiera,
no será grato a Dios, si así lo humilla.

16
Por eso, tomo al perro como un test,
de si lo tomo a Dios por lo que Él es.
O de si rezo, puesto de rodillas
ante una idea de ‘dios’, de pacotilla,
mero producto de mi insensatez.
Pues si me inflara un ‘dios’
como inflo un globo
y ante mi idea de ‘dios’, orara ¡a solas!
me marearía, como el perro bobo
que gira persiguiéndose la cola.

17
El punto es capital. Por eso insisto.
El Dios vivo, el Dios real – no imaginado-
el Dios tal como Él es y se ha mostrado
y está presente hoy, es Jesucristo
en su existencia de resucitado.

18
Si Jesucristo es Dios, Dios en persona
y quiero ser su fiel – fiel como un perro –
el perro nuevamente me alecciona
y me permite examinar si yerro.
Óiganmé y no tendrán ninguna duda.

Y escúchemé también aquel que piensa
que se puede pasar sin esa ayuda
porque imitar a un perro lo avergüenza.


19
El perro de Jesús – si es que lo tuvo –

viéndolo muerto en cruz:
¿qué es lo que haría?
¿Verdad que allí, a sus pies, se tiraría
a morirse de pena? ¡No lo dudo!

¿Y yo?…Cuando contemplo el crucifijo
¿siento en mí más dolor?
¿siento más pena?
¿es tanta la aflicción con que me aflijo?
¿O estoy ante la Cruz como una hiena:
sin piedad, sin dolor, sin compromiso…?

Si su muerte – ¡por mí! –me deja frío,
¡el proceder de un perro me condena!

20
¿Alguien podrá alegar que ama a Jesús
si lo mata él también –¡a indiferencia!
y encima, contra el poste de la Cruz
-sin distinguir, sin ver la diferencia-
alza su pata con buena conciencia?
¿De un hombre así?:
¡los perros
se avergüenzan!

21
El perro de Jesús – si es que tenía –
me gana en esa penca de aflicción.

Pero también con la Resurrección
me saca varios cuerpos de alegría.

Yo lo contemplo en mi imaginación
y me hallo más chiquito todavía.

Yo lo tengo a Jesús , resucitado,
vivo y presente en esta Eucaristía.
En su presencia….¿estoy alborozado
como su perro se alborozaría
cuando, al amanecer del tercer día,
lo sorprendió el silbido de su amo?

— 22 —
La fe huele y escucha al ‘Dueño amado’,
al glorioso Jesús resucitado.
Y si el alma penaba, triste y sola,
le sale como perro alborotado,
brincándole y meneándole la cola.

O sale, si en su ausencia le ha faltado,
si ha desobedecido o sido ingrata,
de oreja gacha y con el lomo arqueado,
con el rabo metido entre las patas.

— 23 —

Pero el alma, culpable o inocente,
no menea la cola ante una idea.

Si es, de veras, un alma creyente,
sólo se alegra con Jesús presente
Y anhela estar con Él.
Sea como sea:

tanto si la acaricia tiernamente
y la saca a pasear de la correa,
como si la corrige y la reprende;
o, si cuadra, se enoja y la menea.

Aún airado es mejor que muerto… ausente…
y – no digamos nada – indiferente.

[Continuará los martes próximos]

Padre Horacio Bojorge Cervetti

3 comentarios en «LA PARÁBOLA DEL PERRO [2 de 7]
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  1. Padre: recuerdo una homilía en Dolores, donde nos contó de su perro – de cuando niño- que se le perdió; lo buscó por todo Montevideo y no lo encontró…Sabía de perros. Este animalito nos enseña de modo admirable cómo estar delante de Dios. Reconoce a su amo tal cual es; permanece a su lado en las buenas y en las malas; si el amo está contento, él toma parte; si está apenado, enfermo … se echa a sus pies o a su lado y de allí, nadie lo mueve. ¡Qué oportuno imaginar el comportamiento del perro de Jesús, si es que lo tuvo! Recorriendo con él el Evangelio, nos llevaría a una sincera oración de presencia: en silencio, mirándolo atentamente, prontos a lo que nos insinúe, como si nadie más existiera, escuchando al “Pastor, que con sus silbos amorosos” … como reza un himno.

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