LA PARÁBOLA DEL PERRO [1 de 7]
De los Sermones del Cura Cayetano [estrofas 1 al 12]

LA PARÁBOLA DEL PERRO

El dedo del anciano apunta al Cielo
y nos pone a sus perros por ejemplo
«¡Así hay que ser con Tata Dios, mis nietos!
¡Como son estos perros con su abuelo!»

Estrofas 1 a 12

Permítanme los oyentes
que reclame su atención.
Dejando su ocupación
-aunque sea por un momento-
¡levanten el pensamiento!
Y, escuchando mi canción
oigan con el corazón
y graben en su recuerdo
la parábola del perro,
porque es un cuento de Dios.

Pido al Cielo que me inspire
mientras templo la guitarra.
Que a mí no me falte garra
ni me oigan cantar al ñudo.
Más de un payador no pudo
cantar lo que aquí se narra.
Y al que no lo tome en farra
le va a servir. No lo dudo.

Y también le pido al Cielo
que a mi distinguida audiencia
le conceda fe y paciencia
para escucharme con gusto.
Y a mí, me dé el verso justo
para alumbrar las conciencias.

2
Quiero – para comenzar-
recordar la profecía
que por boca de Isaías
le dijo Dios a los hombres,
quejándose – y no se asombren-
de lo que el hombre le hacía:

3
«¡Que los cielos me presten atención
y que la tierra pare bien la oreja!
Porque ante el tribunal de la creación
viene Dios mismo a presentar su queja:

«Hijos crié. Les di una posición.
Pero salieron mal agradecidos.
Ellos me deben todo lo que son…..
¡y me tratan como a un desconocido!

Cuando hasta un buey conoce a su patrón
y un burro el comedero en que ha comido
mi pueblo desconoce a su Señor
y mis hijos me echaron al olvido».

4
Oyéndolo al profeta, me recuerdo
De aquel sermón del cura Cayetano,
basado en la parábola del perro
y en cómo se comporta con su amo.
Lo que aquel santo cura nos decía
parece completar la profecía
que acabo de mentar hace un momento.

Porque al burro y el buey de aquel ejemplo,
le añade Cayetano en su homilía,
la nueva luz de una sabiduría
que enseña la parábola del perro
y es más propia del Nuevo Testamento.

5
«Mis queridos hermanos – nos decía-
si queremos ser santos y perfectos
con una sola cosa bastaría….

No está la cosa en no tener defectos,
sino en tenerle a Dios el mismo afecto
que un cuzco fiel a su amo le tendría.

En salirle al encuentro, cada día,
agitando la cola en su presencia.
Y brincando, con saltos de alegría,
rendirle honor… y gloria… y reverencia.

6
Pongámonos la mano sobre el pecho:
Veamos – en materia de alabanza
y acción de gracias – si lo que hemos hecho,
pesa menos o más, en la balanza,
que lo que el can más flaco y más maltrecho
tributa a un dueño avaro, que le alcanza
las sobras de fideos, los desechos
que no le bastan a llenar la panza.

¡Díganmé – hermanos míos – ¿Si hay derecho?!
¡Si sólo con pensarlo, me entristezco!

¡Parece cosa que no tiene nombre!
Y corríjanme ustedes si le erro:
¿No es verdad que, con Dios, se porta el hombre,
a menudo, peor que lo que un perro?
7
Él nos da de comer. Nos alimenta.
Él nos permite hacerle compañía.
Por Él, tiene sentido la existencia
y no andamos perdidos por la vida.

Sin Él, el hombre es perro vagabundo.
La viva imagen de la desventura.
Perdido por las calles de este mundo
escarba su comida en la basura.

8
¡Por Dios! ¡Por Dios! – hermanos- ¡no seamos
una raza de perros malnacidos!
Que no menean la cola ante su amo
o le gruñen. ¡Como a un desconocido!

Un perro debe al amo la comida.
¿Y nosotros a Dios? ¡No sólo eso!
Sino ¡Todo! Empezando por la vida,
salud y amor, trabajo… ¡hasta los pesos!

¡Pero a cuántos se le hace cuesta arriba
venir a demostrarle su contento!
Cuántos gruñen a Dios porque: » los priva…»
¡Cuántos lo avanzan si les toca un hueso!

¿Así se trata a Dios? ¡Ya no hay respeto!

9
A un perro que tengamos… Al mejor:
¿le perdonamos que nos mate ovejas?
¿y si nos muerde al hijo?… ¿o al peón?

Pues nosotros, con Dios, ¿no hicimos peor?
¡Y no ligamos ni un tirón de orejas!

¿Se puede hacer con Dios, lo que hace el cerdo
al que el dueño la llena la batea
y él – después que se harta – la patea
y luego: «¡si te he visto no me acuerdo!»?

Así hacemos – hermanos – así somos,
si por los beneficios recibidos
– si cada vez que Dios nos rascó el lomo –
no nos supimos dar por aludidos
o hasta -¡pudo pasar! – lo hemos mordido.

10
Precisamente cuanto más decaen
la piedad y la fe del Hombre de Hoy…
Cuando uno ve que tantos buenos caen
a adorar de rodillas la Onza Troy….

ya que los perros – fieles y leales –
entre tantos infieles sobresalen
yo los tomo de ejemplo. Y se los doy.

11
Cuando quise saber cómo hay que orar,
recurrí en vano a libros y teorías.

Miré a mi perro. Y éste – sin hablar –
me enseñó, con su ejemplo, lo que haría
si Dios fuera mi dueño y yo, su can.

Y todo quedó claro como el día.

12
¡Cuánto nos pueden enseñar los canes,
con su llano, modesto, humilde ejemplo,
con sinceras posturas y ademanes
a adorar al Señor sin fingimientos;
a acudir a rogarle que nos sane
y a volcar ante El los sentimientos!

Si se repara en su comportamiento,
Muchos modos de orar enseña un can
que van directo al corazón del dueño
y aquí a continuación se explicarán
si a mis oyentes no los vence el sueño.

[Continuará los martes próximos]

Padre Horacio Bojorge Cervetti

3 comentarios en «LA PARÁBOLA DEL PERRO [1 de 7]
De los Sermones del Cura Cayetano [estrofas 1 al 12]
»

  1. Ojalá mucha gente lea estos sermones del cura Cayetano porque todo el mundo entendería que importante y fácil es mostrar con sencillez el auténtico amor a Dios!!!

  2. Entre tantas consideraciones que nos ofrecen estas primeras estrofas de la parábola, me llama particularmente la atención lo que alerta el Cura Cayetano: puede pasar con el hombre, lo que con el perro que no tiene amo -o no lo reconoce – que entonces se convierte en vagabundo: sin alimento, sin rumbo y sin guarida; así sucede al hombre cuando cegado por «la apariencia de este mundo que pasa» o creyendo que puede bastarse a sí mismo, termina desorientado, perdido y hundido en su propia miseria.
    Que sepamos corresponder a nuestro Amo y Señor, recibiéndolo, reconociéndolo como tal, con nuestra cercanía, gratitud y fidelidad en alegría filial.

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