LA PARÁBOLA DEL PERRO [5 de 7]
De los Sermones del Cura Cayetano [estrofas 39 al 45]

LA PARÁBOLA DEL PERRO

DIOS NO PRECISA QUE LE DEN LA LATA

39
¡Qué equivocado está el que se imagina
que Dios precise que le den la lata!

Nuestra oración es tanto más divina
y le resulta a Dios tanto más grata,
cuanto el orante, ahorrando peroratas,
confía en que Dios ya sabe y adivina
hasta sus pensamientos más secretos.
Y en que – Padre amoroso – en sus decretos,
todo lo que sucede lo encamina
hacia el bien de sus hijos predilectos.

40
Nadie piense que el Padre oiga mejor
o atienda más, al que es más hablador;
al que tenga más labia, más recursos,
más elocuencia y dotes de orador.

Orar, no es competir en un concurso
donde se gana a fuerza de discursos.

41
Todos sabemos que los perros no hablan
y sin embargo se hacen entender.

Viene el perro, rengueando de una pata,
y el dueño – ¡desde lejos! – dictamina
si es renguera de perro y son pamplinas;
o se hirió, con un vidrio o una lata
o si se hincó en la pata alguna espina
que de veras le duele y lo lastima.

¿No adivinamos lo que el perro quiere
cuando lo vemos acudir, callado,
y arrimarse a la rueda del asado?

Y Dios… ¿no va a entender, cuando nos viere
arrimarnos a él, necesitados?

42
Por esto es que Jesús nos pone en guardia
contra el funesto error y el espejismo
de los que aburren al Señor con cháchara
o rezan por un puro automatismo.

Hay quienes rezan como por deber
y hasta – quizás – por miedo a una sanción.
Yo dudo de que Dios pueda querer
que se rece por mera compulsión.

Me parece más bien una desgracia
porque transforma en ley lo que era gracia.

43
Atiendan bien a lo que aquí les digo
quienes sientan que están en ese estado:
deben saber que están siendo tentados
con una seducción del enemigo.

En esa seducción hay como un virus
que cambia el apetito de beber
y el gusto del sediento por el agua,
primero en obsesión, luego en deber,
y puede transformarse – al fin – en rabia.

44
Al principio ese mal, parece nada.
Pero he visto los daños que produce.
Conozco bien el fin al que conduce
a algunas almas bien intencionadas.

He visto almas, amantes como novias,
– de Dios completamente enamoradas –
que contagiadas por esa hidrofobia
se agarraron con Él a dentelladas.

Su amor primero era una cosa obvia
¿y cómo viven hoy? ¡amancebadas!

Hoy les da horror del Agua que da Vida.
La Presencia del Agua las asquea.
Esa Gloria, que ayer les fue querida,
hoy te la cambian por cualquier idea.

Como el perro rabioso, que enloquece,
y a su amo desconoce y no obedece,
acaban esas almas que apostatan,
y ni entienden, ni ven, ni se percatan
de cuán grave es el mal del cual padecen.

Porque – lo que es a ellas – les parece
que están sirviendo a Dios, mientras lo matan.

Sólo un suero de fe, y en altas dosis,
puede curar la rabia de la Gnosis.

45
Si no es por rabia – o sea por excepción –
los perros no hacen de la gracia: ley.
Ni de su amor al amo: obligación.
Trotan bajo su carro por placer
y lo siguen por pura diversión.

Ellos son – en su acción – contemplativos.
Y toda su oración es seguimiento.
Amar a su Señor es su motivo
y la oración de todos sus momentos.

Y aún si deben seguirlo – lengua afuera –
con esfuerzo, fatiga y sufrimiento
ellos siguen al amo dondequiera.
Y esa es la pauta sana y verdadera
de que su caridad no es puro cuento.

Que Dios nos haga fieles de ese modo
es la gracia que pido para todos.”

[Continuará los martes próximos]

Padre Horacio Bojorge Cervetti

1 comentario en «LA PARÁBOLA DEL PERRO [5 de 7]
De los Sermones del Cura Cayetano [estrofas 39 al 45]
»

  1. ¡ Qué lista de verdades! ¡ Cuánto nos enseña este animal doméstico!
    «No está la cosa ( el fruto de la oración) en pensar mucho, sino en amar mucho» S. Teresa de J.
    Y el Evangelio es claro, recogido por un bublista:
    «Sin ansias la oración, sin palabreo;
    decir sencillamente «falta el vino»
    «quien te quiere enfermó, Jesús no veo»
    «quisiera verte a Tí, que eres camino» …
    Y viene muy bien tenerlo presente día a día, por eso lo de la mirada y el silencio.

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