LA VERDADERA COMPASIÓN [10 de 20]
Jesucristo Maestro de verdadera misericordia


«Bienaventurados los misericordiosos 
porque ellos alcanzarán misericordia»
Es decir, el Padre los tratará con misericordia.
La Sagrada Escritura se refiere a varios aspectos de la
misericordia de Jesús.
No todos ellos son la misericordia específica a la que
se refiere la quinta bienaventuranza.
a.- Está, en primer lugar, la compasión o misericordia
pasión, como conmoción de las entrañas (en griego: splagjnús) por el mal físico
o espiritual de alguien. Por ejemplo la compasión, que siente Jesús por la
enfermedad del leproso: «Compadecido (conmovido en sus entrañas) de él,
Jesús extendió la mano, lo tocó y dijo:
>quiero, queda limpio’. Y al instante quedó limpio de su lepra»  (Marcos 1, 41). Jesús se siente igualmente
conmovido por la ignorancia y abandono en que estaba la muchedumbre, como
ovejas sin pastor: «Y saliendo, vio la gran muchedumbre, y se compadeció
(esplagjnusthe = se le conmovieron las entrañas) de ellos porque eran como
ovejas sin pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas» (Marcos 6,34)



b.- Se habla también, en segundo lugar, de que Jesús es un
Sumo Sacerdote misericordioso, refiriéndose a su capacidad de comprensión y de
participación solidaria en los mismos sufrimientos y debilidades humanas, que,
por haberse hecho hombre, él conoció por experiencia propia: «debía ser
hecho en todo semejante a sus hermanos, para hacerse misericordioso (eleemón
génetai) y Sumo sacerdote fiel (pistós) en lo que a Dios se refiere, para
expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado,
es poderoso para socorrer a los que son tentados» (Hebreos 2, 17-18).
«No tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras
flaquezas (sumpathésai tais asthenéiais hemón), sino probado en todo igual que
nosotros, excepto en el pecado» 
(Hebreos 4, 15). Pero la bienaventuranza sin excluir estos aspectos se
refiere principalmente a otro aspecto de la misericordia.
4) La misericordia a que se refiere la bienaventuranza, es la
bondad perdonadora del Padre, que lo mueve a tomar la iniciativa de sanar y
salvar a los malos y enemigos: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo
único para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para
que el mundo se salve por Él» (Juan 3, 16-17)
5) Jesús, el enviado con esa misión, hace visible la
misericordia del Padre. El viene por los que tienen necesidad de salvación y
esa es la suprema misericordia, porque es la compasión por el mal supremo:
«no tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No he venido
a llamar a justos, sino a pecadores» (Marcos 2,17). Celebrando la
conversión del publicano Zaqueo, Jesús afirma: «El Hijo del Hombre ha
venido a buscar y salvar lo que estaba perdido» (Lucas 19,10). En otras
palabras, la misión del Hijo del Hombre es una misión de misericordia
salvífica; «Nuestro Salvador quiere que todos los hombres se salven y
lleguen al conocimiento de la verdad plena» (1 Tim 2, 3). 

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