LECCIÓN DE VIDA – JOSÉ MARÍA PEMÁN – Poema pascual:

 

MEDITACIÓN DE UN AMANECER EN TIEMPO DE SEMENTERA

Ya es tiempo de sementera
y en los surcos de mi arada,
se escucha ya la tonada
que ayer se escuchó en la era.

Ya el arroyo el ondulado
riega alegre y sosegado,
el prado, cuyos verdores
marchitaron los colores;
Y al calmar su sed el prado
se lo agradece con flores.

Ya va el gañán a sembrar
las tierras de sementera,
con la mano en la mancera
y en sus labios un cantar.

¡Tierra pródiga y jugosa
de mi fértil heredad!
¡En esta mañana hermosa
lección de fecundidad!

Toda esta tierra está henchida
de preñez de sementera…,
¿Y yo he de hacer de mi vida
rama estéril y podrida
digna sólo de la hoguera?

Dios me ha dado el poderío
del sentir hondo y con brío
y el pensar derecho y claro…,
¿He de sentirme yo avaro
de lo que, al cabo, no es mío?

¡No he de guardar mis ardores,
avaro, en el corazón;
he de seguir la lección
de los campos y las flores!

Jamás una flor sencilla
nos negó la maravilla
que en sus pétalos encierra,
jamás le negó la tierra
su calor a la semilla.

¿Y yo? ¿que deban, Señor,
un alma y un cuerpo, llenos
de fecundidad y amor…,
me resignaré a ser menos
que la tierra y que la flor?

La vida que no florece
y está estéril y escondida,
y ni fecunda ni crece…,
es vida que no merece
el santo nombre de vida.

La vida es campo que espera
que lo cruce la mancera,
y lo renueve la azada,
y el bregar de sementera….

La vida es cuesta empinada
de una montaña cimera…
¡Mas no temáis a la vida!
Que. si la cumbre es erguida
y es pedregoso el atajo….,
¡el cariño y el trabajo
hacen dulce la subida!

Por eso yo, con profunda
ansia de vida y de amor,
quiero regar con sudor
y hacer mi vida fecunda
como le place el Señor.

Quiero que la vida mía
no sea un germen enfermo
en tierra rasa y bravía;
quiero remover el yermo
y hacer fecunda la era;
y quiero darle en amores
cuanto mi espíritu encierra,
y deshacerme en sudores
para que, al darme en la tierra
produzca la tierra flores.

¡Cuerpo mezquino y cansado!
¡Espíritu amedrantado
basta de necio temor
de devolverle al Señor
cuanto el Señor nos ha dado!

¡Alma! ¡Da cuanto poseas
hasta las últimas sobras!
¡Tú, voluntad, date en obras!
¡Tú, inteligencia, en ideas!
¡Y tú, hirviendo de pasión,
cual deshace el ventarrón
las nieves sobre las cimas,
¡entrégate corazón
deshecho en cantos y rimas!

Esta alma mía, abrasada
en un anhelo encendido,
no ha de ser grano perdido
en los bordes de la arada.

Ha de ser como esas flores
que, en medio de esos rastrojos;
sin cuidado ni labores,
se ofrecen a nuestros ojos
y nos brindan sus olores.

Que este anhelo de poesía
de mi ser, que no se harta
jamás de luz y armonía
Dios, se lo dio al alma mía
para que yo lo reparta.

Por eso busco los modos
de cantar en mis poesías
pasiones que, siendo mías
son las pasiones de todos.

Allí sobre mis ardores
vuelvo mis ojos allí,
que allí he dejado unas flores…
¡y ellas te hablarán de mi!

Ya sonríe la alborada,
y en la llanura mojada,
la tierra abierta y partida,
ya está preñada de vida

En surcos de mi besana
ven a mí para aprender
lo que es vivir, corazón,
que es debida la lección
de este hermoso amanecer.

¡Corazón de vida espera!
¡Las manos en la mancera
y en los labios un cantar,
que es tiempo de comenzar,
corazón, las sementera!

¡Ven, te espero en la besana!
¡Verás mis surcos derechos,
pero no las obras mías
que quiero hacerlas barbecho
para hacerlas más queridas.

Quisiera yo conseguir
hacer a todos sentir
un mismo anhelo infinito
y, ante mis versos oír
a cada uno decir:
«¡Eso sólo hubiera escrito
si yo supiera escribir!».

Quiero hacer bien en mi vida
para sentir en mi pecho
esa dulzura escondida
que engendra la indefinida
satisfacción del bien hecho.

Que es verdad que, aunque haya quien
nunca lograra entenderlo,
hay un goce en hacer bien
por sólo el goce de hacerlo.

Y es que al que siembra este suelo
de rosas y de poesías, de esperanzas, 
de alegrías. de fortaleza y consuelo;
y al que le da a sus hermanos
rosas de consejos sanos
y palabras bondadosas…
¡les queda siempre en las manos
algún perfume de rosas!

Siento en mi pecho bullir
ansias de amar con fervor….
Que quien no derrocha amor
no sabe lo que es vivir.
Compartir quiero mis días
con otras almas hermanas,
y partir mis alegrías
que, en lo que tienen de humanas,
 tan suyas son como mías;
abrir a todos mis brazos
y consolar sus pesares,
y, entre rimas y cantares
darles la vida en pedazos.

Y al fin, rendido, quisiera
poder decir cuando muera;
¡Señor, yo no traigo nada
de cuanto amor tú me dieras!
¡Todo lo dejé en la arada
en tiempos de sementera!

¡Allí siempre mis ardores
vuelven sus ojos a Ti
que me has dejado unas flores
de consuelos y de amores
y ellas te hablarán de mí

Ya sonrie la alborada
y en la llanura mojada
la tierra abierta y partida
ya está preñada de vida
en los surcos de la arada

Venga la vida a aprender
lo que es vivir, corazón;
que es de vida la lección
de este hermoso amanecer.

¡Corazón! la vida espera
 las manos a la mancera
y los labios al cantar.
¡Ya es tiempo de comenzar,
corazón, la sementera!

JOSÉ MARÍA PEMÁN

3 comentarios en «LECCIÓN DE VIDA – JOSÉ MARÍA PEMÁN – Poema pascual: »

  1. Tanto para comentar sobre este bello poema, en este tiempo pascual.
    Es mañana de resurrección; la Vida del Resucitado regenera a todo hombre que lo acepta por la fe.
    Si las florecillas del campo, fieles a la ley del Creador, embellecen, alegran y dan vida, sin saberlo, cuánto más el creyente que se pregunta:
    ¿Y yo he de hacer de mi vida
    rama estéril y podrida
    digna sólo de la hoguera?
    No hay derecho a una vida estéril:
    …“al que le da a sus hermanos
    rosas de consejos sanos
    y palabras bondadosas…
    ¡les queda siempre en las manos
    algún perfume de rosas! “

  2. “POEMA PASCUAL” Su Su
    Su lectura reiterada parece evocar la enseñanza del Maestro: “si el grano de trigo cae en tierra y no muere, queda infecundo, pero si muere, da fruto abundante” Jn.11, 24. Con ella, una vez más el Señor anunciaba su misterio pascual, que los discípulos escuchaban -felizmente lo guardaban en su memoria- pero sin entender. Pemán nos lo reitera en varias estrofas, con vocablos definidos; con variedad de imágenes y comparaciones, para mostrar, con entusiasmo y ardor, el sentido pascual de la vida cristiana. “La vida que no florece
    y está estéril y escondida,
    y ni fecunda ni crece…,
    es vida que no merece
    el santo nombre de vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.