SUSANA SEEBER DE MIHURA
DE SU DIARIO PERSONAL [15] MIS HIJOS SEAN VALIENTES

                           De noche en la estancia

SE NECESITA VALOR PARA VIVIR

OCTUBRE  (en el Campo)

He comprendido, de golpe, la necesidad del valor físico. Y moral (porque estoy viendo que marchan juntos). Esto, después del terror que tuve las otras noches, cuando entró un ladrón y lo baleó a C. [Nota: Hermano del marido, con cuya familia compartía la casa en los primeros años e matrimonio. Era, conjunta, también, la administración de la estancia]. El miedo que tuve fue, en el momento, miedo, sin razonar. Pero después, una especie de horror y de angustia. Me recordó a otra impresión de hace años, cuando recibí un anónimo: algo así como haber tocado o que me tocara, algo sucio y espantoso, indefinible. Me he dado cuenta de que una vive rodeada de eso. Y al día siguiente el perfume de los paraísos, la belleza de las rosas, todo me era indiferente y me parecía falso y superfluo. Recién desde ayer me he puesto normal y he vuelto a tener placer en las cosas.

Se necesita valor para vivir. Valor para contemplar una vida de angustia, no de angustia por mí sino por mis hijos. Recién empieza la vida con ellos, y ya he sufrido, y he temblado en cuanto se enferman, o pensando en lo que puede suceder. Del mal que puede venirles de afuera y del que pueden tener ellos adentro.

Por eso comprendo ahora. recién, la importancia del valor  la necesidad de hacer valientes a mis hijos. No sé cómo habrá sido antes el mundo: pero ahora, con toda esa preocupación del comunismo y de la criminalidad, vivimos rodeados de odios y de amenazas. Y hay que saber no tener miedo. Hay un valor del momento: físico, y otro después: y ese es moral.

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2 comentarios en «SUSANA SEEBER DE MIHURA
DE SU DIARIO PERSONAL [15] MIS HIJOS SEAN VALIENTES
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  1. El miedo es inherente a nuestra condición humana, acecha a nuestra puerta continuamente, con sus variados matices; nos paraliza y es como un registro que rápidamente nos hace ver distinto el entorno, porque cambia la perspectiva que teníamos de las cosas, personas, etc. Sin embargo no puede ser determinante: hace falta valor, fortaleza, para vencerlo.
    Volvía mi mirada a la pasión de Cristo: «¡Abbá! ¡Padre!: tú lo puedes todo, aparta de mí este trago, pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.» Mc. 14, 36; «El… ofreció oraciones y súplicas a gritos y con lágrimas, en los días de su vida mortal al que podía salvarlo de la muerte y Dios lo escuchó, pero después de aquella angustia, Hijo y todo como era» Heb. 5, 7-8. Ante el miedo, el valor, la fortaleza para hacerle frente nos viene de Dios y hemos de suplicarle, además del ejercicio de nuestra voluntad.
    ¿Cómo educar a los hijos, formarlos para ser fuetes ante lo que les toque vivir en un mundo más agresivo aún que el de Susana Seeber?. Comprendemos la necesidad, la fuerza de la familia, del hogar como primera escuela.
    Qué verdad lo que nos dice al final: «Y hay que saber no tener miedo. Hay un valor del momento: físico, y otro después: y ese es moral». El miedo lo pasamos, pero no nos puede vencer.

  2. Solamente agregar que al pensar en la importancia de la familia, recordé tres libros del P. Bojorge que realmente ayudan, enseñan y forman sobre el tema: «La casa sobre roca»; El buen amor en el noviazgo» y «El buen amor en el matrimonio». Enseñan con su sabiduría de Padre y Pastor; con el testimonios de personas concretas y con la doctrina de la Iglesia, que como viene del Señor, es imperdible.

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