SUSANA SEEBER DE MIHURA
DE SU DIARIO PERSONAL [16] EL AMOR A LOS HIJOS

1936 – NOVIEMBRE
LO MARAVILLOSO del amor a los hijos es que no se gasta como los otros amores, no se pasa el «encantamiento». La pasión se fija. No ya los relámpagos de la pasión por un hombre, sino un día de sol permanente

DICIEMBRE
 Los momentos encantados de un día como todos: escuchar en el silencio del cuarto, junto a la ancha cama donde duermo, en una camita más chica, el respirar de mi bebito. Lo escucho: por una vez que yo respiro, dos veces respira mi hijo en el silencio de mi alma que sonríe. Y tenerlo acostado sobre mí, por la mañana antes de bañarlo, cuando lo llevo a jugar a mi cama. Lo sostengo con mis dos manos y cabe todo su pecho en una, toda su espalda en la otra. Y sentir cómo los dedos me duelen de felicidad, del deseo de apretarlo.

Todo a lo largo, mis dedos vibran. Y gozar del placer de negarme por unos instantes el deseo de besar su carita, donde tiene un hoyuelo; de besar su frente apenas cubierta de pelo y sonreír, sonreír perdida en un mundo de dulzura y de belleza, mientras siento sobre mis brazos, sobre mi pecho, sobre mi cuerpo, ese montoncito de carne caliente y blanda.

¡Oh, y yo sé que es terrible querer a un hijo! Terrible este encadenamiento, porque son cadenas de una felicidad  y un placer sin límites, y de un terror y de una angustia sin fondo.

En ningún momento de mi vida he sentido tan claramente la rapidez de la vida, lo efímero de todo. Tengo este bebito en mis brazos, y dentro de tan poco tiempo ya no volveré a sentir, nunca más, la infinita felicidad de apretarlo entre mis manos  sentir su calor. Hay otro lado. El cansancio físico. No se menciona eso cuando se habla de los hijos, y sin embargo es terriblemente importante. Nunca he estado cansada, antes, sin poder descansar a mi gusto. Ahora en cambio, cuando estoy cansada, enferma de sueño y de dolor en todo el cuerpo, tengo que seguir viaje.

En esto como en todo lo demás, la educación que se les da a las mujeres es un disparate. Las madres de antes eran distintas – y mejores probablemente – porque tenían más resistencia física.

Valor físico y moral, eso es lo que hay que enseñar, y todas esas cualidades viriles, que le hacen más falta a una mujer, en la vida de todos los días, que a un hombre. Y decisión, y un poco de esa inteligencia que no repara en los detalles, de los hombres.

***

Como un maravilloso hilo de seda, pero enhebrado en una aguja afilada, son los días de mi vida con mis hijos: así de resplandecientes y dolorosos.

***

Cómo las maneras de sentir y de pensar que creíamos nuestras -o heredadas -son en realidad el resultado de la obra lenta de otra inteligencia sobre la nuestra, cuando aún no teníamos conciencia de nuestra existencia: de eso, o de la asociación inconsciente de impresiones, no de ideas. Yo había pintado unas latas con pintura naranja mientras Jackie daba vueltas alrededor. Pasaron unos días. El sol se puso, una tarde, en un cielo verde y colorado. En cuanto se lo mostré, gritó: «¡Mirá, tiene pintura!». Ahora, un tajamar a la hora del sol, con el agua celeste, «tiene pintura», le llaman la atención todos los colores que ve en la naturaleza.

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1 comentario en «SUSANA SEEBER DE MIHURA
DE SU DIARIO PERSONAL [16] EL AMOR A LOS HIJOS
»

  1. Qué bella, detallada y profunda descripción que hace Susana Seeber de la relación maternal con sus hijos, particularmente con su hijo pequeño.
    Con una pincelada, denota cómo el hijo mayor va incorporando las enseñanzas, el estilo de vida que va inculcando la madre en el acontecer de cada día: la percepción de la naturaleza, los colores ( esa delicadeza de alma que la caracteriza y va legando a sus hijos en la educación de su espíritu).
    Qué mensaje alentador para las madres que están criando a sus hijos hoy, en un mundo muy distinto, pero no imposible. Y un llamado a las mujeres que renuncian a la maternidad por comodidad. En la entrega materna sacrificada, por amor, está la felicidad. ¡Lo que se pierden!

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