GETSEMANÍ – HUERTO DE LOS OLIVOS [5 de 5]
Para Meditar e Ingresar en los Divinos Misterios

GETSEMANÍ 

-V-

Getsemaní se traduce: “Valle de los Olivos” o “Lagar de las aceitunas” donde se las tritura para exprimir su aceite. El Huerto de los Olivos era una vega, campo o huerto, en la ladera del Valle del Cedrón y del Monte de los Olivos. Casi a los pies de los muros del Jerusalén. Según la tradición se sitúa a unos cincuenta metros del puente sobre el torrente Cedrón, torrente turbio o negro, según la etimología del nombre. Por este lugar huyó David de Jerusalén en su noche triste (2 Sam 15,23ss). El Valle del Cedrón se une con el de Jinom o Gehenna, valle de los sepulcros, y está, él mismo, sembrado de sepulcros desde muy antiguo (2 Re 23,6). Entre esos sepulcros están los de Absalón y Zacarías. El lugar era, ya en tiempos de Cristo, un antiquísimo cementerio.

Desde el Huerto de los Olivos, Cristo puede ver un cementerio donde yacen antepasados suyos. El Señor solía orar a menudo allí. En la noche de su agonía tiene a su vista la ciudad de Jerusalén y las tumbas del valle. Su descenso al Cedrón es como el descenso al valle de las sombras de la muerte (Salmo 23,4: ge’tsal-mávet en hebreo). Una tradición antigua le llama al valle del Cedrón “Valle de Josafat” y pone allí el juicio final anunciado por Joel 4,2.12.14. Joel lo llama también: Valle de la Decisión. Allí Jesús tomó, en efecto, decididamente la resolución de aceptar la Pasión que le asignaba el Padre.

Según el Salmo 22-23,4 es precisamente allí, en el valle “de las sombras” o el “valle tenebroso” donde Dios conforta el alma del Justo, lo guía por senderos de justicia por amor de su nombre, unge con aceite su cabeza y le sirve un cáliz desbordante.
En todos los detalles del escenario de este Salmo podemos rastrear los sentimientos de Jesús, abandonado de todo auxilio humano y que se vuelve hacia la intimidad con su Padre. La multitud de sus antepasados le habla también del Padre, como a verdadero hombre, y le ayuda a levantarse hacia él. Dios Padre, es aquél «de quien toda paternidad procede en los cielos y en la tierra» (Efesios 3,15).

El Huerto está asociado con la tribulación de su Padre David. La circunstancia de dejar aparte a los discípulos y la frase misma de Jesús «quedaos aquí» tal como la formula Mateo, recuerda la de Abraham a sus mozos (Génesis 22,5) y sugiere un paralelismo con la tribulación de su Padre Abraham y el sacrificio de Isaac, o, como se dice en la tradición judía: «la ligadura de Isaac», la Aquedáh.

El descenso de Jesús al Valle, es como una prefiguración del descenso a los infiernos. Un artículo del Credo frecuentemente olvidado hoy, según el cual, la primera obra de piedad de Cristo fue acudir en ayuda de sus antepasados. Y en la perspectiva de Lucas, el árbol genealógico de Jesús arranca de Adán, por lo que todos los hombres justos que habían existido hasta la noche del Huerto, podían estar pendientes del acto liberador de Cristo en su Pasión.

Los Santos Padres señalan y subrayan que lo que se entristece y sufre es el alma (néfesh en hebreo) de Jesús. Quizás ningún salmo refleje mejor ese estado de alma como el 42-43: «como jadea la cierva», «por qué desfalleces, alma mía, y te agitas en mí…? mi alma desfallece…de noche….por qué he de andar sombrío (hebreo: kóder, de la misma raíz de Kiddrón o Cedrón, el valle oscuro) por la opresión del enemigo?»

Lo que Jesús sufre es reflejo y revelación de un misterioso sufrimiento del Padre: «No puedo no morir lo que Tú mueres, abandonado por tus creaturas». Jesús era consciente de que quien lo rechazaba a él, rechazaba al Padre que lo había enviado (Lc 10,16 y par.). La identificación entre la voluntad de Cristo y la del Padre, entre los intereses de ambos, se refleja, maravillosamente, en el Salmo 68-69,10: «El celo de tu casa me consume, y el insulto de los que te vejan recae sobre mí».
Lo que dice el Salmo 87-88,9.19: «has alejado de mí compañeros y amigos, son mis compañías las tinieblas» y el eco que se desprende del Salmo 37- 38,12 «mis amigos y compañeros se alejan de mí, los míos se quedan a distancia», son reflejos, en la clave filial, de ese insondable misterio de la aversión de las creaturas frente a su Creador. El insondable misterio de la acedia, la tristeza demoníaca ante el Bien que es Dios.

Hay también múltiples lamentaciones del Salmo 87-88: «Señor, Dios mío, de día clamo, grito de noche ante ti», que se prestan muy bien para reflejar la situación de Cristo en la agonía del Huerto.

En el mismo valle del Cedrón, un poco más abajo, se encontraban los “Jardines del Rey”, precisamente en la confluencia con Hinnom o Gehenna. Nehemías 3, 15 menciona esos jardines. Jesús podía divisar desde donde estaba, o ubicarlos tras los recodos del valle, los sitios de la coronación de Salomón (1 RE 1,9.38ss). Pero también otros lugares tristemente célebres, como aquellos en los que el mismo Salomón erigió altares idolátricos (1 Re 11,7). Jesús estaba también muy cerca de donde sus antepasados Acaz y Manasés ofrendaron a sus propios hijos en holocausto a Molok (2 Re 7,31s; 2 Cron 28,3; 33,6; Jer 32,35). Desde la reforma de Josías esta Gehenna, tan próxima a los deleites edénicos y paradisíacos de los jardines regios, había pasado a ser un basural de horrores (2 Re 23,10.13s; cfr. Jer 7,31-32;19,1-13; 2 Cr 34,4s) y un escenario de la venidera cólera divina (Isa 30,33; 66,24), sinónimo de infierno.

Jesús baja a este valle como anticipación de su descenso al Hades. Baja al encuentro de sus antepasados para hacer de aquel Huerto, mirador triste de tanta historia triste, un nuevo Paraíso o Jardín del Rey: «he de salirles al encuentro y hacer un Paraíso de este Huerto».

La cercana fuente de Guijón, escenario de la coronación de Salomón, lleva el mismo nombre que uno de los ríos del Paraíso. Cercana está también la fuente de Roguel. Hoy la fuente de Gijón lleva el nombre de Fuente de María. De ahí la mención de la fuente: ¿No me dará volver hasta la fuente de su infinita y paternal ternura?».

Por fin, agonía viene del griego agón que significa combate. Y éste, el de Cristo, nos hacer recordar al guerrero de Isaías 63: «Quién es ese que viene de Bosrá con el vestido teñido de rojo?… Yo solo pisé el lagar… y salpicó su zumo mis vestidos».
La soledad del Huerto tiene como fin embretarnos en el cara a cara con Dios Padre y en ese cara a cara consumar nuestra filialización, nacer como hijos a la Vida eterna.

Horacio Bojorge Cervetti S.J.  

3 comentarios en «GETSEMANÍ – HUERTO DE LOS OLIVOS [5 de 5]
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  1. Gracias padre. Esta reflexión ayuda enormemente a ponernos en el momento y la situación que requiere el Jueves Santo. Y nos empuja a acompañar a Jesús en el huerto, a consolarlo desde aquí.

  2. Imperdible composición de lugar nos ofrece esta página densísima, que nos permite adentrarnos en la oración de este Jueves, sobre todo, para acompañarlo en su soledad, comprendiendo algo más de lo que el Señor vivió con tanto amor.
    Realmente, la persona de Jesús, atraviesa toda la Escritura, y sin Él, nada se comprende y todo es un vacío.

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