
En el día de la Purísima
Poema de José María Pemán
diste ser, de tus carnes al Bien mío.
Así en la blanca altura
la limpia nieve se convierte en río
sin perder su limpieza y su blancura.
que redimió la tierra pecadora
atravesó, Señora,
tu carne de azucena,
como el cristal el rayo de la aurora.
Limpia, Madre, los cuerpos pecadores,
como limpian las aguas del riachuelo
los guijarros del suelo,
cuando van, entre jaras y entre flores,
cantando paz y reflejando cielo.
[José María Pemán]
María es la belleza suma, la virtud suma, el ideal de la gracia, de la pureza, del amor; criatura divina, inmaculada, inocente, resplandece en nuestra religión como astro de luz inextinguible; es nuestro constante consuelo y nuestra esperanza; nos admira y nos redime en la tierra y nos llama en el cielo; es la creación más bella de Dios y la personificación más hermosa de la virtud; todos la amamos y todos la invocamos con fe; su mirada penetra en nuestras almas siempre consoladora, inundada de paz y amor.
Benito Pérez Galdós
de Crónica de Madrid,
en Obras Completas II, p. 1.320