AMAR NUESTROS LIMITES [1 de 11]
PARA QUE EL SEÑOR NOS DILATE

AMAR NUESTROS LÍMITES 
«Dame  a conocer mi fin para que comprenda lo caduco
que soy 
y tenga un corazón sensato» 
(Salmo  38,5)
«He visto el límite de todo lo
perfecto: 
Tu mandato se derrama sin límite» 
(Salmo  118,96)
«Llega el día de reconstruir tus
muros
 y de ensanchar tus fronteras» 
(Miqueas 7,11)





Solemos
entristecernos por nuestras limitaciones. 
A veces con razón. 
Sobre todo si
somos culpables de ellas. 
Pero no siempre es así. 
Y no suele serlo en los que
se esfuerzan por avanzar en el camino del amor de Dios. Es bueno examinar si no
se esconde, en el rechazo de los límites puestos por Dios, una tentación de
acedia. 
De ahí que me ha parecido conveniente exponer algunas consideraciones.
Pueden
servir para aplicarlas a nivel personal y/o comunitario-eclesial.
Tras casi 25 años de escritas, a mis 86, las redescubro y las encuentro luminosas para lo que me toca vivir hoy.

Amar nuestros límites para que el Señor nos dilate
El
dicho de Jesús: «el que se humilla
será exaltado»
 [Mateo 23,12; Lucas 14,11] es una promesa.  Anuda en sí dos virtudes: la humildad con la
esperanza.  La esperanza, de alguna
manera funda y posibilita la humildad.  Lo
que sigue quiere ser sólo una exploración de esa misteriosa conexión y
gemelazgo entre humildad y esperanza.


Defino
aquí la Humildad como «amar los
propios lími­tes».  Amarlos es no
sólo aceptarlos resignadamente.   


Es
afirmar positivamente su bondad: «Bonum
mihi Domine, quia humiliasti me»
 Fue bueno para mí que me humillaras, Señor (Salmo 118,71).  «Me ha tocado en suerte un lotecito de
delicias,me encanta mi heredad» (
Salmo 15,6).
Así como soy:  soy «la obra de tus
manos» (Salmo 137,8).


La Esperanza se funda en la bondad del que
nos crea limitados con bondad ilimitada.  

El Señor ama ilimitadamente mi limitación.  Nos engrandece por la vía del amor de nuestra
pequeñez.  Nos engrandece en la
aceptación gozosa de nuestros límites.  Y
esto sucede principalmente de dos maneras: en nuestra obediencia y en nuestra
paciencia
.


 El texto de ésta y de las 10 entradas que la siguen, se publicó como folleto en el : Boletín Ignaciano, Suplemento Nº 17, 1993, 10 págs. 
Se republicó como artículo: 1º) en:  Gladius (Bs.As.) 10 (Abr. 1994) Nº 29, pp. 5-13;  
2º) en:  Boletín de Espiritualidad (Prov. Argentina de la Compañía de Jesús) Nº 165,(May-Jun 1997) pp. 16-27; 
3º) en:  Boletín de Espiritualidad  (Prov. Mexicana de la Compañía de Jesús) 13 (1998) Nº 54, pp. 15-22. 
Por fin, como parte del Capítulo 3º del libro Mujer ¿Por qué lloras? Gozo y tristezas del creyente en la Civilización de la Acedia, Ed. Lumen, Buenos Aires 1999, Págs. 94 a 105]   

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