EUTANASIA ¿HIPÓCRATAS CONTRA HIPOCRATES?

EUTANASIA 

Dr. BERNARDINO MONTEJANO – JURISTA ARGENTINO
PRESIDENTE DEL INFIP: INSTITUTO DE FILOSOFÍA PRÁCTICA

En la República Oriental del Uruguay han aprobado la eutanasia y cuando veas a tu vecino la barbas cortar pon la tuyas a remojar. Ella figura en “La noche de Cefas”, de nuestro poeta franciscano AntonioVallejo en unos versos que dicen:

“Pan, higiene, analgesia y eutanasia
para el salaz pitecántropo técnico,
feliz de no tener alma ni deudas,
dichoso de aceptar con poco esfuerzo
que el serafín de Asís y un proxeneta
cumplan todo su ser aquí en el tiempo:
Que sus llagas no trueque en gozo, el uno,
ni llague el otro su gozado infierno;
contento de morir con la científica persuasión
De que Dios está bien muerto”. (Itinerarium, Buenos Aires, 1963).

Es interesante destacar la noticia que conocimos gracias a Médias-Presse-Info, del 7 de mayo de este año, acerca del trámite sobre el trámite de la nueva norma en Francia, que tiene por título: “Este proyecto de ley es un síntoma de una sociedad que va mal, que prefiere la muerte a la vida”.

Detrás del proyecto está la masonería y en nombre del Gran Oriente de Francia,  Georges Sérignac afirmó que “votar por la eutanasia sería la culminación del proyecto republicano”.
                   Las cosas no han cambiado con el tiempo porque en Francia, la República es la muerte, “lo sabemos desde las guerras de Vendée; ahora ha cambiado el método, más técnico, indoloro e incoloro”.
                    Como comenta Francesca de Villasmundo “la eutanasia es un asesinato
legalizado, la contraparte final del aborto en etapas tempranas de la vida. El
círculo se completa: el espíritu de esta ley es eugenésico; deshacerse de los
pobres, los enfermos, los discapacitados y los ancianos”.

¿Qué dirá el famoso partidario de la eutanasia Jacques Attali, hoy octogenario, que hace más de cuatro décadas escribió: “Cuando el hombre sobrepasa los 60 o 65 años vive más allá de la sociedad productiva y cuesta   demasiado a la sociedad… La eutanasia será uno de los instrumentos esenciales de las sociedades del futuro” y con ella se ahorrarán jubilaciones y prestaciones médicas.
            Agrega Villasmundo que el proyecto de ley, con Macron en el
poder, “abre las compuertas de la cultura de la muerte en todo su horror, síntoma de una sociedad que nunca ha hablado tanto de ‘solidaridad’ y que nunca ha vivido tan sin esperanza y sin amor hacia los demás, sobre todo si son débiles”.

EL JURAMENTO HIPOCRÁTICO

Una sociedad en la cual ha desaparecido la caridad. Y también la tradición de Hipócrates, quien nos legó en su juramento: “A nadie suministraré una sustancia mortífera, ni, aunque me lo pidan, y tampoco tomaré la iniciativa de sugerir tal cosa”.

Con la nueva normativa se esperan ahorros de 1.400 millones de euros al año y aumenta la mercantilización de los seres humanos, pues la salud se ha convertido en una mercancía.
               Contra el proyecto se manifestó el obispo de Chartres, Philipe Christory, a través de una carta pública a los senadores de su región Fure-et-Loir, en la cual frente al sufrimiento se pregunta: “¿Cuál debería ser nuestra respuesta? ¿Eutanasia? ¿Suicidio asistido? No lo creo. El sello distintivo de una civilización avanzada es promover la vida y apoyar a los que están sufriendo; la promoción del suicidio asistido y de la eutanasia
contradice una ley inmemorial: no matarás”.

Destaca que nuestro tiempo se destaca por un “mayor individualismo y la indiferencia ante el destino de los demás” y defiende la objeción de conciencia de los médicos y agentes sanitarios puntualizando que “el propósito mismo de su profesión es cuidar y apoyar a los pacientes” (Info católica 21/10/2025).

Un caso repugnante de eutanasia es cuando se aplica a los recién nacidos que padecen males índole genética como el síndrome de Down, la hemofilia, la ceguera hereditaria, a los que nacen con la “espina bífida”, a los afectados de mielomenigocele (falta de cerramiento de los huesos del

La idea de una pretendida justificación para matar a minusválidos es ya centenaria, porque ya en 1920, el prestigioso penalista alemán Karl Binding y el
profesor de psiquiatría Alfred Hoche publicaron un resonante opúsculo
titulado: “La autorización para exterminar a los seres humanos desprovistos de
valor vital”.
                 En los últimos tiempos, con el desarrollo de las técnicas de diagnóstico
prenatal que permiten conocer anormalidades del feto, ha multiplicado los
abortos para eliminarlos.
                  Pero la ley de nuestros vecinos califica a la eutanasia como “muerte
digna”, extraña “dignidad” que muestra hasta dónde llega la soberbia
antropocéntrica de esos legisladores, quienes promueven que sean los
hombres, y no Dios, quien determine la hora de su muerte en ciertos casos y
en otros, que lo haga respecto a seres humanos “desprovistos de valor vital”.
                   Debemos rechazar la eutanasia, pero también el ensañamiento
terapéutico, o sea la prolongación de la vida por medios terapéuticos
desproporcionados. El término medio superador de los extremos
viciosos aparece con la medicina paliativa, que como señala Camilo Tale, “tiene
por materias las técnicas terapéuticas para vencer el dolor físico, sin dejar de
lado los aspectos psíquicos y espirituales, como son la ansiedad y el temor a la
muerte. Esto se corresponde con un imperativo antiguo de la profesión médica:
el alivio del dolor y aun la consolación del enfermo” (La eutanasia y la
superación de los medios terapéuticos desproporcionados” en “Bioética y
derecho”, Universidad Católica de Cuyo, San Luis, 1998, p.156).

 Ante la desolación en la cual vivimos, que Dios nos ampare.
Buenos Aires, octubre 22 de 2025.   Bernardino Montejano

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