GERTRUDIS VON LE FORT: LA MUJER ETERNA UN MISTERIO VELADO [2 de 6]

DE LA OBRA DE GERTRUDIS VON LE FORT  
*11 oct.1876;  † 1 de
nov 1971

LA MUJER ETERNA

En 1926 se convirtió en Roma al Catolicismo. Fue una de las más destacadas escritoras católicas del siglo XX. Estuvo en relación con Paul Claudel, Hermann Hesse, Reinhold Schneider, Carl Zuckmayer, Peter Wust, entre otros.

 “María, en su propio dogma de la Inmaculada no se eleva por Ella misma sino por el Hijo. Su imagen humana temporal en sus particularidades psicológicas no es accesible a ningún método histórico crítico, ni a ningún ensayo, por muy sutil e ingenioso que sea, ni a ningún amor por profundo que sea.

Se halla velada, por decirlo así, en el misterio de Dios para mostrarse precisamente por ello, en su significado religioso. El velo es el símbolo de lo metafísico en el mundo. Pero también es el símbolo de lo femenino. Todas las formas elevadas de la vida femenina, presentan la figura de la mujer velada.

Así se ve claro por qué los grandes misterios del Cristianismo se introdujeron en el mundo creado, no por medio del hombre sino de la mujer. La Anunciación del Mensaje de la Natividad de María se repite en el mensaje de Pascua a Magdalena; el misterio de Pentecostés representa al hombre en la posición tan femenina de recibir. La misma Iglesia expresa esta relación señalando a la mujer, en los oficios divinos – y también en la ceremonia del matrimonio – el lado del Evangelio” [La mujer eterna, Págs. 21-22]

“Allí donde la mujer es ella misma en toda su profundidad no es ya ella misma, sino un ser que se entrega; pero siempre que se ha entregado es también novia y madre. La religiosa consagrada a la adoración, a la caridad, a las misiones, lleva el título de madre; lo lleva como virgo materPartiendo del motivo del velo, resulta que a la mujer le es propia sobre todo la sencillez. Todo lo que pertenece a la jurisdicción de amor, de la bondad, de la compasión, el cuidado y la protección, o sea, lo realmente escondido y casi siempre traicionado por el mundo. Por eso también aquellas épocas que rechazan a la mujer de la vida pública no son perjudiciales a su significado metafísico; incluso es probable que, como suele ocurrir muchas veces, sean precisamente éstas las que ponen en el platillo de la balanza del mundo el inmenso peso de lo femenino”. [Págs. 23-25]

“En todas partes en donde hay entrega encontramos también un rayo del misterio de la Mujer Eterna; pero en donde la mujer se quiere a sí misma, allí se esfuma el misterio metafísico. Elevando su propia imagen, destruye la imagen eterna. Partiendo de esto se comprende la caída de la mujer. Se comprende a Eva. La caída de la mujer no es, en realidad la caída de la creatura a la tierra, sino que es, más bien, la caída de la tierra misma, por cuanto ésta también significa lo femenino, la disposición humilde [a recibir y a la entrega]. La caída en la escena del paraíso no está motivada por la tentación del dulce fruto, ni tampoco por una curiosidad intelectual, sino por el “seréis iguales a Dios” en contraposición al “fiat” [hágase en mí] de la Virgen. Por ello el auténtico pecado cae dentro de la esfera de lo religioso, por ello significa hasta lo más profundo, la caída de la mujer; y la significa, no porque Eva fuera la primera en tomar el fruto, sino porque siendo mujer lo tomó.

La creación cayó en su sustancia femenina, pues cayó en lo religioso; por eso la Biblia reconoce con razón la mayor culpa a Eva y no a Adán. Pero es falso decir que Eva cayó por ser la más débil. La historia de la tentación demuestra claramente que era la más fuerte y aventajaba al varón. El hombre considerado en sentido cósmico entra en primer término en cuanto a fuerza [vigor físico] la mujer reposa en su profundidad. Siempre que la mujer fue oprimida, no ocurrió porque fuera débil, sino porque habiéndola reconocido como fuerte se la temió, y con razón, pues en el instante en que el poder más fuerte no quiere ser la abnegación, sino la soberanía, surge naturalmente la catástrofe”. [Págs. 25-26]

“En un sentido profundo la mujer es culpable de toda caída, y no porque es la madre en cuyo regazo crecen los que caen, sino porque toda caída, también la del hombre, tiene lugar dentro de la esfera confiada a la mujer en sentido especial”. [Pág. 27]

“Si el signo de la mujer es el ‘hágase en mí’, es decir, el querer concebir, o expresado en sentido religioso, el ‘querer ser bendecida’, la desgracia siempre se hallará donde la mujer no quiera concebir, no quiera ser bendecida.

“Los apocalipsis de las diferentes edades y culturas preceden al gran apocalipsis final. Esto significa, respecto del tiempo presente, que la caída religiosa de nuestros días, inaudita en sus dimensiones, se percibe ya claramente en la aparición empírica de lo femenino, [o sea en cómo se auto-presenta hoy la mujer]. Como el velo, también la caída del velo es de un profundo simbolismo. Hemos dicho que todas las formas elevadas de la vida de la mujer la presentan velada: la novia, la viuda, la monja, todas llevan el mismo símbolo. El porte exterior nunca es vano; sino que tal como sobresale del objeto, lo representa. Visto así, muchas modas se convierten en terribles traiciones, en sentido auténtico de la palabra, comprometen a la mujer. El quitar el velo a la mujer significa el derrumbe de su misterio”. [Págs. 29-30]

 “Sólo Dios puede levantar el velo bajo el cual Él mismo ocultó a la mujer; pero esta revelación es sólo un velamiento aún más profundo. Si antes se trataba del valor de la persona desprendido de cada obra [pero oculto bajo su obra como por un velo] en la vocación carismática de la mujer se trata de la obra desprendida de la persona; el mismo carisma se convierte en velo”. [Págs. 55-56]

«La mujer como madre no fue distinguida con ningún acto de consagración, ni su apostolado [materno] tampoco. El apostolado de la mujer constituye sólo una parte del apostolado laico cuyo representante es todo cristiano. La madre nunca se consuma en sí misma, sino en el hijo. También aquí el sacramento grande [el matrimonio] se vierte sobre el hijo, no en la madre. Pero precisamente por esto la misión de  la mujer en la Iglesia se relaciona con la esencia de la Iglesia, constituye parte de su esencia.

La Iglesia misma, considerada como madre es un principio cooperante: el que obra en ella es Cristo. Este es el motivo profundo por el cual la Iglesia no pudo confiar nunca el sacerdocio a la mujer: es el mismo motivo que determinó a San Pablo a exigir que la mujer se cubriera con el velo en los oficios divinos. La Iglesia no podía dejar el sacerdocio en manos de la mujer, porque con ello hubiera destruido el verdadero significado de la mujer en la Iglesia; hubiera destruido una parte de su propia esencia, aquella cuya representación simbólica confió a la mujer. La exigencia de San Pablo no representaba una costumbre motivada por circunstancias de la época, sino que representa la exigencia de la Iglesia supra-temporal impuesta a la mujer intemporal por su significado religioso.

Igual que el nacimiento natural, el nacimiento religioso en el fondo también está velado […] la vida propiamente anímica de la Iglesia, está oculta. De ahí el error indefectible de todos aquellos que creen poder apreciar o juzgar la vida religiosa de la Iglesia por su exterior, [por ejemplo por las mediciones estadísticas de la sociología religiosa].

Decíamos que en la misión maternal de su apostolado la mujer se relaciona íntimamente con la esencia de la Iglesia, es decir, se relaciona con su esencia oculta. El apostolado de la mujer en la Iglesia es, en primer lugar, el apostolado del silencio. En el centro de lo verdaderamente sagrado, necesariamente es donde más intenso se acentúa el carácter religioso de la mujer. El apostolado del silencio significa que la mujer está llamada, sobre todo, a representar la vida oculta de Cristo en la Iglesia; así pues, como portadora de su misión religiosa en la Iglesia, es hija de María». [Págs. 60-62]

De la obra de Gertrudis von Le Fort: La mujer eterna, Ed. Rialp, Madrid, 1960.   Citamos según esa edición.

3 comentarios en «GERTRUDIS VON LE FORT: LA MUJER ETERNA UN MISTERIO VELADO [2 de 6]»

  1. Por ahora resalto tres expresiones, de este verdadero misterio «del velo» que intenta desarrollarse
    * «El porte exterior nunca es vano»
    * «El quitar el velo a la mujer, significa el derrumbe del misterio»
    *» La vida propiamente anímica de la Iglesia, está oculta» ( es inútil querer medirla desde la estadística)
    – El sacerdocio no puede ser confiado a la mujer porque desvirtuaría su verdadero papel en la Iglesia.

  2. Me ilumina, me consuela y me lleva a la gratitud:

    «la mujer está llamada, sobre todo, a representar la vida oculta de Cristo en la Iglesia; así pues, como portadora de su misión religiosa en la Iglesia, es hija de María».

    » Imita la vida oculta del Señor» fue el consejo que recibí del Padre Espiritual, al manifestar que ya no podía responder a los apostolados que tuve hasta el presente. Cuánto para ahondar en la riqueza de nuestra vida.

  3. Vuelvo hoy sobre estas páginas de Gertrudis von le Fort.
    – Al leer, reflexionaba acerca de esta verdadera revolución destructora que lleva consigo «la perspectiva de género» en cuanto a la vocación más profunda de la mujer.
    – Querer ser todo; querer hacer todo en igualdad con el varón… es desvirtuar la esencia de la mujer, ignorar, menospreciar su condición
    – Gertrudis murió en 1971.
    ¿Qué nos hubiera dicho si hubiera vivido en este tiempo?
    – Toda la riqueza de nuestra fe, incluyendo el misterio de María, se nos dio por la RE-VELACIÓN, cuando Dios decidió correr el velo y mostrársenos. Vivimos sumergidos en el Misterio y cuánto se nos revela, se nos da a sentir de Él, desde el sacramental del velo.

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