LIDIA: PEREGRINA HACIA EL ESPOSO RESUCITADO [2]
DE CAPILLA EN CAPILLA
CADA VEZ MÁS CERCA

Su peregrinación de capilla en capilla de adoración
culminó con un encuentro con el Esposo.


«El Señor en su sabiduría dejó que hiciera esa peregrinación, ese caminar de un año, para llevarme poco a poco más cerca de él, siento en mi corazón que Él me dice, solo quería ver cuánto estabas dispuesta a caminar por mí, y me lo dice con dulzura no con reproche le agrado que yo caminara tanto por Él».


SEGUNDA PARTE
Padre: 
Quiero contarle algo de lo cual hasta hace de lo cual sólo recientemente he venido a darme cuenta:
    Hace más o menos un año empecé a ir a una Capilla de Adoración Perpetua. La visitaba con la mayor frecuencia que podía ya que me queda a una hora treinta minutos de mi casa.
    Luego recordé que mi abuelo siempre me decía que iría a la Catedral los Jueves pues Jesús Sacramentado está expuesto todo el día, empecé a ir a ella. Eso me representaba  ya una hora de camino.
     Luego me enteré de que en una iglesia de la misma zona donde vivo lo exponían también todo el día,  así que empecé a ir a ella. Eso me representaba ya media hora de camino.
      Un día iba a empezar a caminar esa media hora para ir al encuentro con JESÚS. Pero era verano en un día de sol agobiante. Llevaba ya recorrida la mitad del camino y me detuve a descansar justo en el atrio de la iglesia María Auxiliadora. 
      Siempre había visto que al costado de esa iglesia un cartelito decía: Capilla de Adoración Perpetua, pero no entiendo por qué nunca había entrado a ella. Tal vez porque yo pensaba que allí sería diferente y solo aceptarían adoradores con turnos programados.
      Pero era tal mi sofoco que decidí entrar. Esta vez, en la entrada no estaba el guardia  que siempre había visto. Quizá eso era también algo que me había cohibido pensando que él me negaría el acceso por no figurar en su lista.


      Cuando entré vi que se ingresaba por un pasillo largo y muy oscuro y empecé a caminar arrastrada por una extraña fuerza y certeza yendo hacia donde iba sin miedo alguno por no  conocer el lugar, 
      Cuando llegué y Lo vi al Señor allí, ese encuentro quedó grabado en mi corazón. Nunca había visto una custodia con el Señor tan esplendorosa y radiante como aquella vez. Fue algo increíblemente majestuoso. Había demasiada luz pero me sentía atraída y no molestaba mis ojos. 
      Fue como si me dijera sin palabras pero dándomelo a sentir con una evidencia interior que era más elocuente que si hubiese oído sus palabras:  “Aquí te he estado esperando siempre a tan solo quince minutos de casa”. 
      Esa capilla lleva siete años y hasta este año jamás había ido. ¿Cómo había ignorado yo, durante todos estos años, ese remanso de paz, ese lugar de presencia tan evidente?
      Pero el Señor en su sabiduría dejó que hiciera esa peregrinación, ese caminar de un año, para llevarme poco a poco más cerca de él, siento en mi corazón que Él me dice, solo quería ver cuánto estabas dispuesta a caminar por mí, y me lo dice con dulzura no con reproche le agrado que yo caminara tanto por él.


      Ésta es una de esas tantas experiencias que me hacen saber que Él está conmigo. Sin embargo el enemigo me ataca con días de tristeza con ideas obsesivas que yo, como una niña incauta, dejo crecer y creer.  
      Ahora sé que eso era desolación y se me permite experimentar estos consuelos ahora  para que sepa discernir lo que me está apartando del camino que mi esposo me muestra.
      En estoy últimos días ha habido más consolaciones que desolaciones. Mucha gente se ha acercado para hablarme de JESÚS. Yo sé, cuando esto sucede,  que es Él mismo quien se me hace el encontradizo en mis idas y venidas diarias. 
       Incluso la semana pasada fui a la iglesia a ver a la Virgen del Rosario. Yo salía de allí triste, y he aquí que en el atrio se me acerca un caballero desconocido y me dice: 

— Soy miembro de la Congregación de la SANTÍSIMA TRINIDAD. Me señaló al grupo y añadió: ¿Me permite orar por usted? Fue algo tan inesperado y tan reconfortante a la vez, y que me cambió la tristeza en mucha paz. El caballero me regaló una estampa con una oración que le adjunto.La he rezado y encuentro paz.



Bendígame Padre Horacio. 
Le agradezco a Dios su presencia activa en mi vida. Que Dios lo fortalezca en su ministerio de Amigo del Esposo. Lidia. 

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