NO DESCUBRIRÁS LA DESNUDEZ [2] LA DESNUDEZ SEGÚN LAS ESCRITURAS (1)

Leemos repetidamente esa frase en el así llamado «Código de Santidad» del libro del Levítico que va del capítulo 17 en adelante y en particular en el capítulo 18 que trata de la santidad sexual, en los versículos 18, 6 al 19:  «No descubrirás la desnudez»  . La frase se repite 23 veces veces en sólo 13 versículos. En la cultura que promueve la desnudez, el impudor y la Pornografía, conviene recordar que la Revelación Divina fundó otra cultura, antagónica, la del pudor y del recato. Pero que hasta los paganos conocieron el pudor

Ninguno de vosotros se acerque a una consanguínea suya para descubrir su desnudez. Yo, El Señor. 7 . No descubrirás la desnudez de tu padre ni la desnudez de tu madre. Es tu madre; no descubrirás su desnudez. 8 . No descubrirás la desnudez de la mujer de tu padre; es la misma desnudez de tu padre. 9 . No descubrirás la desnudez de tu hermana, hija de tu padre o hija de tu madre, nacida en casa o fuera de ella. 10 . No descubrirás la desnudez de la hija de tu hijo o de la hija de tu hija, pues es tu propia desnudez. 11 No descubrirás la desnudez de la hija de la mujer de tu padre, engendrada de tu padre, que es tu hermana. 12 No descubrirás la desnudez de la hermana de tu padre; es carne de tu padre. 13 No descubrirás la desnudez de la hermana de tu madre; es carne de tu madre. 14 No descubrirás la desnudez del hermano de tu padre; no te acercarás a su mujer; es la mujer de tu tío. 15 No descubrirás la desnudez de tu nuera, es la mujer de tu hijo; no descubrirás su desnudez. 16 No descubrirás la desnudez de la mujer de tu hermano; es la desnudez de tu hermano. 17 No descubrirás la desnudez de una mujer y la de su hija, ni tomarás la hija de su hijo ni la hija de su hija para descubrir su desnudez; son tu propia carne; sería un incesto. 18 No tomarás a una mujer juntamente con su hermana, haciéndola rival de ella y descubriendo su desnudez mientras viva la primera. 19 Tampoco te acercarás a una mujer durante la impureza menstrual, para descubrir su desnudez. 
La prohibición de desnudar, examinar, curiosear la desnudez se refiera tanto al cuerpo de la mujer como al del varón y al propio cuerpo. En el versículo 18,10 se fundamenta así la lista de prohibiciones enumerada «Es tu propia desnudez = tu propia carne». Con lo cual el propio cuerpo queda comprendido en el objeto de esta prohibición. Y hasta parece fundamentar o ser razón de las demás prohibiciones.

El ser humano puede perturbarse por verse a sí mismo o por ser visto por otros desnudo. El mito griego de Narciso que se enamora de su figura reflejada en el agua, persuade de que los griegos habían registrado el efecto perturbador del cuerpo humano también sobre quien se observa a sí mismo, como entre faunos y ninfas. Mientras las ninfas conservan íntegro su cuerpo de mujer, los faunos son hombres hasta la cintura. Los mitos, a su manera, expresan la experiencia, tanto la del Ser humano pre-cristiano como la actual, del ex-cristiano.

NARCISO ENCANDILADO CONSIGO MISMO
ENSIMISMAMIENTO EN LA PROPIA EXTERIORIDAD
A UN PASO DEL EXHIBICIONISMO

En la revelación contenida en las Sagradas Escrituras, el cuerpo del ser humano varón y mujer, por ser imagen y semejanza de Dios, participaban de la irradiación de la gloria divina. Verlos podría producir admiración y éxtasis por el destello de la gloria de la que participaban, nunca perturbación. Inmediatamente después de la caída original, ambos experimentan vergüenza ante su propio deterioro. Bien dice la Escritura que «descubrieron su propia desnudez» y se avergonzaron de ella tratando de cubrirse el uno frente al otro, y ambos ante la mirada divina que empiezan a evitar. Desde entonces el cuerpo humano tiene un efecto perturbador y de vergüenza ante sí mismo y ante quien lo observa. Le es necesario relacionarse con el cuerpo propio y ajeno de manera ascética. Le es necesario esconderse de miradas concupiscentes o críticas.

La caída produjo en el primer par humano el despertar de la concupiscencia y la curiosidad por el cuerpo. Puede suponerse que el primer «conflicto matrimonial» haya consistido en increparse el uno al otro: ¿»Por qué me miras así»? Es que se los supone a ambos alelados por la pérdida de la gloria corporal de su estado anterior y del despertar de sus concupiscencias. Además, su desemejanza con el estado de cuerpos gloriosos, los persuadía de evitar el encuentro con Dios, esconderse de su mirada y evitar su presencia.

En la tradición tanto judía como cristiana, se emplea pues el eufemismo «no descubrir la desnudez» para referirse a una relación de causa a efecto, existente entre la visión del cuerpo y la excitación de la concupiscencia. La mirada y la vista de la desnudez es causa de la fornicación o el adulterio.   Así lo explica el Señor cuando se refiere al adulterio que se comete ya desde que se «mira a una mujer deseándola en su interior». Pero es la mirada la que excita el deseo. Esa mirada es ya «descubrir» o «desnudar la desnudez».

En Levítico 18 se comienza no descubrir la desnudez de los consanguíneos; se sigue por los cónyuges de los consanguíneos y por los consanguíneos del cónyuge. La santidad tiene que ver, pues con la mirada impura y se pierde a causa de ella. De esto se deduce la gravedad de la pornografía impunemente permitida. 

Esta visión presupone que los vínculos de alianza matrimonial, excluyen los vínculos de sangre. Los lazos de sangre existen independientemene de una decisión amorosa. Viceversa la elección amorosa debe ser de alianza, o sea mutuamente libre. En eso está lo característicamente humano, para ser libre no debe ser de sangre. La identidad del pueblo elegido reposa en esta distinción entre vínculos de sangre y de alianza. De esta concepción se desprende que se desea mantener una separación clara entre la atracción amorosa que es libre, y la compulsión sexual que es instintiva y tiende a desordenarse.

Examinemos ahora el texto hebreo de la expresión «descubrir la desnudez»

EL TEXTO HEBREO
Leemos en Levítico 18, 6 la cláusula en la que aparece la expresión: «Ningún varón  se aproximará a ninguna consanguínea de su propia carne [y sangre] para descubrir la desnudez de ella» ‘ish ‘ish ‘el-kol-she‘ér besaró lo’ tiqrevú legallôt cerwáh.   Me detengo a continuación para explicar el sentido de 1) la desnudez 2) el no aproximarse o acercarse 3) para descubrir, es decir averiguar, conocer, desvelar, revelar

ANÁLISIS EXEGÉTICO 
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erwáhDesnudez
La desnudez es un lugar teológico y cultural bíblico judeo-cristiano de tal magnitud que aparece desde las primeras páginas de las Sagradas Escrituras, en Génesis 3,7  y 9, 22_24. Desnudez, en hebreo se dice: cerwáh ,  Designa no sólo los miembros genitales u otras partes pudendas, o sea las «vergüenzas», que han de ser cubiertas. Éste y los demás términos hebreos que se traducen por «desnudez» son portadores de matices diversos, que van desde la desnudez completa, a la de alguna parte del cuerpo que suscite reacción erótica, hasta la vestimenta deficiente o incluso los gestos corporales o el lenguaje de la mirada.

Así por ejemplo en el Talmud se encuentran estas sentencias rabínicas que dan una idea al respecto: «Rabi Itzjak dijo: la palma de la mano de una mujer constituye una desnudez (una incitación sexual)… Rab Jisda dijo: la pierna de la mujer constituye una desnudez… Shmuel dijo: la voz de la mujer constituye una desnudez (Kol Beisha Ervá)… Rab Sheshet dijo: el pelo de una mujer constituye una desnudez» (Talmud de Babilonia, Berajot 24a).

La expresión que emplea Moisés en Lev. 18 nos remite por lo tanto a la ascética de la castidad, o del dominio de la lujuria que aconsejará la cultura del pudor femenino para evitar despertar la concupiscencia del varón. De la mujer no habla Moisés ni tampoco el Señor. Pero es obvio que la mujer puede procurar atraer la mirada del varón con su vestido o con su conducta, sus gestos, sus miradas. También ella puede cometer adulterio en su corazón buscando ser mirada ASÍ por un varón. Aunque eso no está explícitamente escrito en las Sagradas Escrituras, San Ignacio de Loyola enseña que «Las Escrituras suponen que tenemos entendimiento». 

Antes de la caída, el ser humano no estaba vestido y no se avergonzaba de ello. Pero apenas sobreviene el pecado original, cambia su mirada y se fija ya no en la persona sino en su cuerpo. La diferencia entre el ser humano y el animal está en el rostro. lo genital es parte de lo que el ser humano tiene con el animal. 
Diríamos que en el ser humano lo corpóreo es accesorio y funcional. Lo esencial en el ser humano son sus facultades espirituales y en particular la libertad. En relación con ello todo lo corpóreo, lo alimenticio y lo reproductivo es instrumental y accesorio y no debe ser lo preeminente. Lo preeminente debe ser la atención a la persona rumbo al parentesco de alianza esponsal. La sexualidad sólo es lícita en un contexto de alianza, es decir de un pacto libre, ajeno a todo parentesco de sangre, al cual excluye.

lo’ tiqre No os acerquéis, aproximéis
No solamente se designa un acercamiento espacial y físico sino también de un previo entrar en conocimiento, un trato más cercano, familiar. Esto incluiría esa llamada telefónica primera o esa invitación a un café o a una cena, o empezar a frecuentar los lugares donde sea posible el encuentro cercano y el trato más frecuente. Se trata pues de todo el proceso de acercamiento entre varón y mujer, desde el primer «contacto» (lo primero en la ejecución sino también a lo primero en la intención también).
La consecuencia del pecado original, es que pasa a imponerse a la atención como preponderante. Diríase que distractivo de la comunicación que se expresa por el cruce de las miradas y el lenguaje facial. Lo físico también participa como los ademanes, las posturas etc. Sólo lo genital se convierte en vergonzoso a consecuencia del pecado. Y por lo tanto tiene un efecto perturbador sobre el que mira y sobre el que es mirado, de modo que debe ser cubierto para no impedir la comunicación.

La desnudez, por lo tanto, es distractiva y el vestido tiene la función de distraer de «las vergüenzas» ocultándolas a la vista. En su mínima expresión es «el taparrabos» o «la tanga». Y para que en su misma rudimentariedad no distraiga lo suficiente, el vestido se expande y se pone también al servicio de aspectos de la persona: varón o mujer, niño o adolescente o adulto o anciano, oficio, profesión, dignidad, ocupación, fiesta o luto, etc.

Para internarse en el sentido teológico del pudor y de la evitación y convención social de no cubrir descubrir o de exponer «las vergüenzas» parece conveniente tomar en cuenta lo que puede llamarse el sentido teológico y espiritual de las prendas de vestir: La teología del vestido, o el sentido religiosa de las prendas, más allá de las conveniencias de la utilidad y la higiene que gobiernan su elaboración y su uso.

 

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