NUESTRA RELACIÓN DE AMOR CON DIOS¿DE AMANTE O DE ESPOSO?

r.p. JESÚS MARÍA SILVA CASTIGNANI
aRTÍCULO EN EL SITIO RELIGIÓN EN LIBERTAD
El artículo entero se puede ver en el enlace. Aquí solo un avance

«El esposo es aquel a quien amo para siempre, incondicionalmente. El amante es a quien amo cuando hay pasión, ocasional y temporalmente. El amante es alguien que no forma parte de mi día a día, y por eso cuando me encuentro con él se produce esa promesa de fusión que parece alcanzarse por un momento, pero en seguida se disuelve. 

El esposo es alguien que forma parte de mi día a día, y por eso me acostumbro a su presencia y toco la realidad de que esa promesa de fusión no se realiza solo en los momentos de clímax sino también en las adversidades y en las pequeñas cosas. 

El amante me abstrae de mi realidad y me introduce en una realidad diferente pero no permanente que dura un éxtasis pasajero. E
l esposo me confronta con mi realidad y forma parte de ella, desafiándome a buscar el éxtasis no solo en los momentos de pasión sino también en lo cotidiano.

Pues bien, la relación con Dios es la relación con el Esposo, no con un amante. Se vive, no en las “fiestas místicas” en las que vamos consumiendo experiencias espirituales intensas como arrobamientos de pasión espiritual, sino en el día a día, en la cotidianidad de las pequeñas cosas en las que Él se nos da y nosotros nos damos a Él sin aspavientos ni melodramas. La relación con el Esposo no se vive en encuentros esporádicos y no comprometedores que nos aíslan de nuestra realidad y nos llevan a un mundo místico paralelo, sino que se vive en ese encuentro diario de una oración sin grandes mociones y la fidelidad a nuestra vocación en los pequeños detalles, afrontando nuestra realidad con sencillez y alegría y aprendiendo a ver el rostro del Esposo detrás de cada cosa. 
Uno no acude al encuentro con el Esposo esperando grandes éxtasis y sorprendentes novedades que nos arrebatan a clímax inesperados, aunque esto puede suceder y sucede, lo cual nos colma de un gozo inesperado; más bien uno acude al encuentro con el Esposo esperando esa cotidianidad, esa complicidad en lo pequeño, ese cargar juntos las cargas de cada día y ese ser un consuelo y un apoyo cada uno para el otro, viviendo en comunión, con sencillez y alegría los cansancios y los éxitos de cada jornada»

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