¡QUÉ HERMOSAS SON TUS MORADAS
SEÑOR DE LOS EJÉRCITOS!

El cuerpo femenino 
templo de Dios
«¡Qué hermosas son tus 
moradas, Señor, Dios 
de los Ejércitos» Salmo 83,2: 



Querido Padre:
No le he escrito porque la semana pasada fue de terror,  con el cambio de empleada.
Con el reposo se me fueron las contracciones, gracias a Dios.  Viene otra alabadora, otra esposa de Jesús. La voy a grabar a mi niña que me sorprendió cuando la oi decir en su media lengua: «Jesús esposo de mi alma, te amo».

Oiga esto de mi varón de cuatro añitos: al ver un cartel con unas mujeres medias desnudas
bailando en carnaval:
-Mami, qué lindas mujeres!
-Sí mi amor, pero están casi desnudas.
-Ah… sí mami, es que son mujeres, NO SON DAMAS.

¡Dígame Padre!: ¿Si no es la gracia que le hace decir esto, qué es?! ¿De dónde pudo aprender la diferencia entre mujeres y damas? Tengo la vaga idea de que alguna vez le hablé de la diferencia entre una mujer y una dama. ¡PERO SOLO UNA VEZ!!, y el Espíritu Santo, la gracia del bautismo se lo grabó en su cabecita, porque él solito hizo la deducción de que son mujeres, NO damas.
Esto me llena el corazón y el alma de alegría porque su lógica, su pensamiento, está impregnado de gracia. Y con esto me despido
Su hija

Querida hija:

Vuelvo sobre el tuyo por lo de tu hijo, especialmente para comunicarte algunas reflexiones que me vinieron después a raíz de lo que me cuentas:

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