RADIOGRAFÍAS DE LA CONDUCTA SEXUAL RIOPLATENSE

CHACARERA –  Países del virreinato hispano criollo bailada por parejas que danzan libremente en grupo con rondas y vueltas..

RADIOGRAFÍAS DE LA CONDUCTA SEXUAL RIOPLATENSE

EL GRAN DIVORCIO
El Sexo Separándose del Amor

Un Ensayo

  MILONGA  Protectorado Franco-sajón garibaldino. Nace hacia 1870 en los puertos del Río de la Plata en clases urbanas más pobres de la sociedad y los inmigrantes europeos y africanos.

 Ezequiel Martínez Estrada describe en su obra «Radiografía de la Pampa» algunas raíces históricas de ciertas costumbres y prejuicios socio-sexuales rioplatenses.
             Remontándose a la conquista de estas regiones por los españoles,  los adelantados y sus huestes llegaron aquí sin mujeres españolas, o muy pocas. El español se unió a la mujer india de las tribus benévolas como la guaraní o la chaná. La fe católica dio origen a un mestizaje sin violación de la mujer, y el nacimiento de una nueva raza al edificar una relación matrimonial  estable y el amor a los hijos mestizos. No como la del rapto y la violación de la mujer que practicaron los malones de los indios hostiles. El adelantado español al ingresar en estas tierras se apareó a la mujer ajena de la tribu amiga. No fue un raptor. Trató de igual a igual al indio. No así el español permanecido en España como se ve de manera clara en un hecho: no introdujo en España a la mujer india ni le podía entregar a varones salvajes una hija cristiana española. La Antropología social enseña que tierra y mujeres son bienes que el hombre sólo intercambia con el que considera como su igual o semejante. Si no hay ese intercambio, las declaraciones de igualdad son declamación verbal. El estudio de las religiones y los mitos, enseña que tierra y mujer son realidades intercambiables a nivel simbólico. El ingreso a las tierras americanas, cambió al español peninsular en un nuevo tipo de español americano. Como en España convivieron catalanes, castellanos y andaluces. En el imperio español, castizos, criollos, cholos…
               Estrada, analizando las costumbres familiares y sexuales de los descendientes del conquistador en las pampas, destaca en la conducta del gaucho trashumante y de su china confinada en el rancho y fácilmente abandonada con los hijos, una herencia que legó el padre adelantado a su descendencia criolla. 
               La sociedad patricia post-hispana, (primero franco-borbónica y luego, saxo-masónica) prescribe un doble canon para la mujer. Aprecia y exige de la novia la virginidad y de la esposa la fidelidad. Pero se permite a sin mismo sin reproche el adulterio hasta el punto que la fidelidad monogámica es considerada como poca hombría. La mujer rioplatense  posterior al virreinato, no tuvo más remedio que adaptarse y aceptar ese rol: mujer fiel, por exigencia obvia, socialmente sancionada, de un hombre que a menudo, por una obvia apreciación social, vivía conflictivamente y no podía armonizar las exigencias del honor varonil y las de la fidelidad conyugal.¿Hasta qué punto no hay en esta formación de la estructura ósea de la pareja hispano-rioplatense una recaída en lo precristiano por la borbonización peninsular?

      LA CAUTIVA – 1880 – J.M. Blanes

Juan Zorrilla de San Martín, ¿Tabaré y el parto de otra raza?

Los poetas suelen decir verdades que muchos desconocen. Tabaré, el de Zorrilla, contiene como una admonición y un reproche emanado por un relato de descenso a los infiernos del inconsciente colectivo del hombre latinoamericano post hispánico. El Tabaré parece sugerir que nuestra raza hubiera sido muy distinta de haberse podido establecer otro tipo de pareja no impuesto por la violencia del de indio contra la mujer hispano-criolla. Pero el abismo cultural no lo toleraba si no era impuesto por el malón que las robaba.

REGRESO DE LA CAUTIVA – 1880 –  J.M. Blanes

Tabaré es, un Ceferino Namuncurá en potencia, un fruto que los prejuicios humanos tardaron en permitir que madurase. Tabaré exalta el rol evangelizador de la mujer cristiana que bautiza al hijo nacido de su martirio como hizo la madre de Ceferino. Los prejuicios raramente afloran a la conciencia. Pertenecen por lo general al inconsciente colectivo. Sólo un poeta podía hacerlos aflorar en el conjunto de sus sueños poéticos. Pero las consecuencias de los pecados son continentales, cósmicas, históricas.

La insustituible iniciación recíproca
En nuestra cultura rioplatense, el problema de las relaciones sexuales pre y extra matrimoniales no es  sólo un problema moderno por agresión cultural extraña. Tiene una raíz atávica en el pecado original. Mucho antes que la cátedra comercial se apoderara de los medios funcionaba ya una cátedra autóctona de cuchicheos de comadres y machismos compulsivos. Y aún antes, en el encuentro del español católico con el indígena pagano.
               Ambas cátedras criollas manipulaban ya de antiguo los temores y deseos de los jóvenes. Mucho antes de que surgiera la cátedra comercial.
Según los prejuicios de nuestra sociedad uruguaya post-hispánica, bajo el protectorado agresivo de la imposición franco-garibaldino-sajona, el hombre debía tener relaciones pre-matrimoniales para saber cómo comportarse en el matrimonio, y para evitarse sobre todo situaciones de bochorno en la “primera noche”. Este prejuicio social atribuye al hombre el papel de iniciador de la mujer y a ésta el rol pasivo de ser iniciada.
               La verdad es muy otra. En gran parte, la felicidad de la pareja depende de que la iniciación sea una obra recíproca y conjunta, de ambos cónyuges. El prurito de afirmarse a sí mismo como el que enseña al otro y nada tiene que aprender de él, es el comportamiento menos apto para fundar sobre él el respeto, el agradecimiento y el amor mutuo, que han de durar toda una vida.
              La emancipación sexual de la mujer no hace más que empeorar las cosas y alejar la posibilidad de un encuentro original y único entre individuos.

Al revés que en la Biblia
Según el prejuicio corriente en nuestro medio, era el hombre el que tenía que iniciarse sexualmente fuera del matrimonio para poder enseñar a su mujer.
              La idea bíblica está en los antípodas: allí se nos dice que en el matrimonio, el hombre conoce a su mujer. El que aprende, por lo tanto, es el hombre. Y no aprende un comportamiento a una técnica transferible y en cierto modo universal, sino que conoce y aprende a una persona, única e irrepetible. No existe en efecto el sexo o el acto sexual, sino individuos sexuados. Y la realidad es siempre individual, y sólo cognoscible individualmente. Madre hay una sola. Y esposa también. No hay dos iguales. Y esto lo sabían los patriarcas, no por donjuanes, sino como honestos polígamos.

¿Causa de tantos fracasos?
En una cosa coinciden las cátedras exotéricas de los cuchicheos y la de los mass-media: todas ellas despersonalizan, des-invidualizan la imagen de la relación sexual. Tratan lo sexual como casi exclusivamente biológico (erótico-genital) o a lo más psicológico (humoral-sentimental). En esas escuelas se forman en gran parte generaciones de jóvenes para un fracaso casi inevitable, si, como es de temer, salen de esa clase convertidos en copiones de conductas ajenas.
               Con patrones estandarizados de comportamientos es imposible construir esta obra de arte que consiste en armonizar dos cuerpos en una sola carne. O sea: dos individuos inefables, en una pareja irrepetible.
               Desde el primer apretón de manos, los jóvenes deberían ser ayudados a pensar y comprender que han entrado en contacto con un ser tan único e irrepetible como lo son las impresiones digitales de la mano que estrechan. Desgraciadamente, nuestra cultura deja la consideración del misterio de las huellas digitales al genio poco romántico de la policía técnica. Y sin embargo, lo que hace el éxito de una buena pesquisa, debería ser la misma sólida base para un buen matrimonio.
               En un subido porcentaje de dificultades y fracasos matrimoniales, parecería que ha sido factor decisivo la incapacidad de zafarse de conductas estándares y de crear el propio lenguaje para dos. Se ha llegado al matrimonio hablando un lenguaje acuñado de antemano, con un puñado de lugares comunes, a veces con una verdadera polilexia, aprendida, leída, vista en pantallas, recogida en corrillos y cuchicheos. Se ha pensado que una erudición políglota podría ahorrar en bochorno de los balbuceos. Pero es precisamente la pedantería y soberbia del erudito la que obstaculiza la creación de un lenguaje original. En esa humilde aceptación de la necesidad recíproca, y de la igualdad en la ignorancia ¿no está el cimiento más firme de una sólida y duradera relación de fidelidad? ¿Y no hay allí el punto de partida necesario para posibilitar el indefinido proceso de creación que exigirá la vida en pareja, hasta que la muerte los separe?

El cómo y el con quién
El mundo adulto aterroriza al jovencito con el espectro del fracaso sexual, al mismo tiempo que excita por todos los medios su curiosidad. A las jovencitas le introyecta el terror al espectro de la soltería y la soledad, al mismo tiempo que exaspera su deseo de protección y ternura.
               A ellos y a ellas, les impone una carga insoportable de comportamientos sexuales a una edad y en condiciones en que es imposible sobrellevarlos. Un sacerdote de gran experiencia pastoral observaba que “a los doce años una chica tiene que hacer ya figura de mujer aplomada; y a los catorce un chico tiene que conducirse como un galán maduro”.
               Antes de haberse encontrado con “el con quién” de su destino, ya tienen que aparecer capaces de saber hasta el “como”. ¿No es éste un revés insensato del orden verdadero?
               Las relaciones prematrimoniales cunden en la juventud actual no sólo al impulso de la pasión juvenil. En gran parte se deben a la angustia y son síntomas de una exacerbación del temor al fracaso, que como sucede a menudo con los miedos, provocan el mal que quieren evitar.
               Habría que devolver a los jóvenes la confianza y la serenidad que le quitan los mitos sociales. Habría que devolverles la confianza en la posibilidad de toda pareja de crear por sí misma y a su tiempo una relación recíproca a todos los niveles. Habría que disipar el temor al bochorno de la ignorancia, insistiendo en la importancia que tendrá el haber aprendido el uno del otro y juntos. Y habría que prevenirlos más claramente del peligro que entraña y los equívocos que puede crear aquél que llega con “experiencia”.
               Mientras tanto, mientras no se haga esto, no se habrá dado a los jóvenes una respuesta capaz de calmar sus angustias, capaz de liberarlos de ellas, capaz de preservarlos de errores.

Reelaboración de un artículo publicado en: Digesto familiar Número 116 Julio-Agosto Año 1979 Pág.47 -51
Revista del CIEF Centro de Investigaciones y estudios familiares.
José Enrique Rodó (ex Lavalleja) Montevideo Uruguay
Director P. Pedro Richards C.P.

2 comentarios en «RADIOGRAFÍAS DE LA CONDUCTA SEXUAL RIOPLATENSE»

  1. Padre, un primer comentario general. Siempre haciéndonos ver o ayudándonos a vislumbrar las últimas causas – o primeras- de los fenómenos. Qué páginas tan claras en mostrar el proceso de degradación del matrimonio hasta llegar a nuestros días tal como está. Interesante la diferenciación en la relación con la mujer india, que hace el español criollo y el peninsular: en escala de valoración. Qué bueno -no podría ser de otra manera- la referencia bíblica en el ámbito patriarcal,” en el matrimonio, el hombre conoce a su mujer”. La referencia que se hace con relación a nuestro tiempo, no es nada fácil de reencauzar. Me llama la atención entre católicos, escuchar la expresión “ahora es así” refiriéndose a la unión libre, uniones ilegales; hijos fuera del matrimonio, o “por casualidad”. Como si el acontecer histórico fuera patrón para valorar, juzgar moralmente modos y costumbres, y no la ley natural impresa en la conciencia de todo ser humano. Cuando se hace referencia al supuesto derecho que tiene el hombre -rioplatense- a probar “extra”, exigiendo la virginidad a la mujer o novia, antes de un compromiso formal y serio, a permitirse el adulterio y al mismo tiempo, pedir fidelidad a la mujer. Sobre aquella herencia rioplatense, súmese además el “desorden global” actual; el comportamiento reivindicador en “igualdad” de derechos que expresa la mujer; pienso además en la influencia ambiental que sufren y beben nuestros adolescentes y jóvenes, quiénes para este proceder, suman los variados fármacos en desmedida cantidad, para ir a lo seguro. Parecería pesimista, de todos modos, nos decía el P. Abelardo Lobato O.P. en clase de filosofía: “el pesimista es un realista, exagerado”.

  2. En el artículo se puede ver cómo, tal vez, de aquella sociedad que era católica (aunque en muchos casos en apariencia, o x el q dirán) fue sustrato y abono de la sociedad sexualizada y porno actual.
    Cuando no se vive la Fe como Dios la quiere, sino que nos conformamos con una especie de barniz superficial (fariseismo?) la pudrición no tarda en aflorar.
    Lo penoso es que quienes deben ser centinelas (porque el Señor así lo dispuso: padres de familia y sacerdotes) hayan tenido (hoy peor que antes) tan poca perspicacia para ver que «malas hierbas» debían combatir en sus dirigidos. Y tan pocas luces para mostrar a esos mismos la razón del obrar conforme a la recta razón y Fe

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