RETIROS DE FEMINEIDAD [2]:
NUEVA EXPERIENCIA: CUIDARME PORQUE DIOS ME CUIDA

      SECARME EL PELO COMO UNA MAMÁ A SU HIJITA

ME DÍ CUENTA AL SECARME EL PELO DE QUE …

Siguiendo con los retiros de feminidad. Que consisten en vivir los períodos de regla femenina como una forma de reencontrarnos con nuestro ser mujer y nuestro yo más íntimo, con nuestra corporeidad como templo de Dios y templo de mí misma, esta vez me tocó caer en la cuenta de algo particular mientras me secaba el pelo.

En uno de los comentarios del post anterior una persona manifestaba que estaba buscando tener más amor propio y proyectaba comprarse cremas faciales para el autocuidado etcétera…  pero nunca había ahondado en ese asunto desde la Fe.

Sin dejar de lado los cuidados personales, un parámetro para saber qué clase de cuidado personal me hará bien, pienso que es pensar si la Virgen María lo haría y cómo y, salvando las distancias, guiarnos por esos parámetros, lo cual seguro nos va a disuadir de gastos cosméticos desmesurados e innecesarias.

¿La belleza de María? ¡Es la más espectacular de todas! ¿cuál es su secreto? ¡Es que: «MUCHO AMA»!

En sintonía con lo que estamos diciendo pienso que amar a los demás y amarnos a nosotras mismas siguiendo el mandato de Jesús: Amarás al prójimo como a ti mismo, es EL SECRETO para la belleza y el bienestar propio.

BELLEZA en el sentido de cómo Dios nos creó y formó y cuidándonos como templos del Espíritu Santo. Esa es nuestra realidad mistérica que generalmente no tenemos en cuenta.

En el retiro de femineidad que me tocó vivir este mes, ocurrió una variante: ¡no logré retirarme tanto como en los anteriores! La epidemia me había hecho vivir anteriores retiros de mucha calidad de recogimiento ya que no tenía tantas actividades como antes. Pero este mes se me juntaron varias nuevas ocupaciones y me impidieron retirarme como ahora ya deseo, durante estos días que voy sintiendo cada vez más «míos» y hasta he empezado a desear que lleguen de nuevo

No obstante, esta vea, en uno de los últimos días, cuando estaba arreglándome para ir a una reunión que no podía cancelar, empecé a secarme el pelo apurada e impaciente, como «para despachar la tarea» y hasta como agrediéndolo «a lo bruto», molestándome con mi propio pelo…  más atenta al secador que a mí misma y sin darme cuenta de cómo me estaba secando.

Me sorprendió, también, caer en la cuenta de ¡qué mal lo había estado haciendo hasta ahora!                ¿Así que así te he tratado y me he tratado yo misma siempre? 

¡Tenía que cambiar de modo de secarme el pelo de ahora en adelante! Comencé en ese mismo momento a ensayar hacerlo con suavidad amorosa…. reprochándome, arrepentida, al mismo tiempo ¡de que hasta hoy! nunca me hubiese percatado con qué fastidio, brusquedad, y descuido había estado habituada a despachar ese «trabajo»; ¡Cómo era que había perdido tantas veces la oportunidad  de afecto y ternura conmigo misma.

También sentí y comprendí por qué tengo que peinarme a mí misma como una mamá que ama mucho a su hija y la peina y cuida con mucho amor, como lo haría conmigo la Virgen María que es mi Madre.                        Uniendo la maternidad de María con mi propia maternidad empecé a secarme el pelo con el secador en una mano y mis dedos en otra acariciándome y disfrutando el momento, brindándome cariño, cuidado y amor a mí misma «en la persona de mi pelo». Lo curioso fue que el pelo me quedó est vez mucho más lindo que antes, cuando me lo secaba sin atenderlo.

Es una de esas gracias con la que nos sorprende el Espíritu Santo en el camino y nos instala de pronto un nuevo hábito, ya que una está acostumbrada a tratarse distraída y mecánicamente. 

Es que la santidad es un camino de todos los días y de toda la vida. Pienso que estos pequeños detalles y gestos de amor hacia mí misma, me ejercitan para un nuevo estilo de trato con los demás, y siento la persuasión de que se reflejarán desde hoy en una nueva tonalidad de trato afectuoso hacia los que me rodean. Presiento que esta sencilla gracia recibida en mi retiro de femineidad de este mes, quedará, de aquí en adelante, tatuado en mi espíritu como un sello amoroso; como una nueva receptividad hacia el amor divino y una nueva dadivosidad de amor hacia mí misma, y con las personas de mi entorno.

¡Qué sanadores pueden ser estos «provechitos» de un alma cuando es alimentada por el amor divino!

3 comentarios en «RETIROS DE FEMINEIDAD [2]:
NUEVA EXPERIENCIA: CUIDARME PORQUE DIOS ME CUIDA
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  1. ¡Qué hermosa experiencia! Como lo menciona al final del artículo: cuando el alma se deja iluminar por la presencia divina, todo le habla de Dios y de su Amor.

  2. hola padre
    este retiro que usted sugiere me hace pensar en la vida retirada de las mujeres judías en los días de la regla. Como tiempo de guardarse. Si bien eran tiempos declarados de impureza, esos momentos también protegían a la mujer de acercamientos indeseados y de quedar cuidada en el poder de Dios Padre.
    Me hace pensar en su sugerencia del tiempo de cuarentena: el Señor nos cuida dentro de su Corazón.
    Hermosos textos

    amDg

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