SUSANA SEEBER DE MIHURA 1938/2 [19]
LLORAR DE ALEGRÍA

1938 – ABRIL – MAYO
CONSOLACIÓN DE SER MADRE
Y PUDOR DE LA CONSOLACIÓN 

– ¡Todas esas palabras que pude haber dicho y nunca dije, por timidez, por una especie de vergüenza de confesar mis emociones! Algún día le preguntaré a Fanny [hermana de la autora] si ella le contó a mamá que YO lloré cuando nació Jackie. Me consolaría saber que mamá lo supo: sé que hubiera comprendido y se hubiera sentido feliz.

Ahora, que estoy tan acostumbrada a mis hijos y a mi amor, tengo que hacer un esfuerzo para recordar ese momento. Me sonrío de pensar en la agitación de Rina [la partera. Todos los partos fueron, como era costumbre, en la casa]
–¡”Señora, señora,  ya pasó todo, no hay que llorar!”
Y yo que apenas podía balbucear, entre los sollozos  y la risa:
–“¿Pero no ve, mujer, que estoy llorando de contenta?”.

Me mostraron el bebito que yo no había deseado y no quería, que no había sentido durante todo el tiempo que estuvo adentro mío más que como una enfermedad, y en el mismo instante en que lo vi (y me parece que aún hoy lo veo  en los brazos de Fanny, creo, una cosita colorada y redondita) sentí como un golpe, como un romperse algo en mi corazón; sentí una alegría tan inmensa, tan maravillosa y terrible como nunca jamás me ha vuelto a suceder, como nunca me había sucedido. Una alegría tan grande que no cabía en mí, más poderosa que yo, que mi cuerpo y mi inteligencia y mi sentir.
                Y lloré así, delante de todos sin taparme la cara, y me parecía que nunca iba a parar de llorar. “Llorar de felicidad”: siempre me había parecido una frase. ¡Y lloré sollozando!

Realmente, algo se había encendido adentro mío, y algo se había roto. El amor que nunca había podido imaginar me tomó así de sorpresa, y no como un agradable sentimiento suave sino como una llamarada que no estaba en mi poder dominar.

[La experiencia de la autora es una gracia mística de consolación sensible. Corrobora con signos sensibles la calidad divina del dar a luz. Las lágrimas y sollozos de gozo, denotan exteriormente una transfiguración o transformación espiritual interior inconsciente y de la que la agraciada ignora su procedencia divina]

MAYO — DIOS SUSCITA EL DESEO DE TENER OTRO HIJO por la memoria de los consuelos espirituales y sensibles de la maternidad
Hay días en que siento [lamento] no estar esperando un chico. Entonces, vivir nomás es tan importante que no necesito nada para divertirme. Comer, dormir, caminar, todo tiene una razón de ser, y no hay un solo momento del día en que me aburra ni desee nada. Está sucediendo algo, desde la mañana hasta la noche. Y después, cuando el chico nace y tengo que darle de mamar, es lo mismo.

                Pero ahora no. Me parece estar aquí sentada, esperando no sé qué. Esperando la vejez y la muerte. Cada día que pasa me acerca más. Y nada de lo que hago tiene ningún sentido, ninguna importancia. Estoy aburrida. Lo único que me alegra es mirar a los chicos. Pero aún mientras estoy con ellos tengo esa sensación de inmovilidad,  de estar observando, sentada, con los brazos cruzados.

No puedo concentrar mi atención para escribir. Y no tengo entusiasmo. Antes escribía con todo el amor y la pasión que había encerrado adentro mío. Ahora  soy como un guante que hubieran dado vuelta. Lo que estaba encerrado ha salido a la superficie: hablo, sonrío, vivo mi pasión.

Uno cree que “divertirse” es ser feliz. A pesar de esos días de neurastenia – que son cuando extraño el divertirme- soy feliz. No tranquilamente feliz porque siempre hay ese hilo de miedo, esa angustia, esa tristeza de saber que el oír los pasitos de mis hijos y sus risas en el patio, el ver sus ojos llenos de luz, no será eterno. Esa angustia, angustia velada, allá muy al fondo, de saber que es un momento todo esto. Un momento durante el cual los beso y los abrazo y ya no lloran más; un momento es este tiempo en el que yo, yo puedo darles la alegría. Soy apasionadamente feliz por eso.

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1 comentario en «SUSANA SEEBER DE MIHURA 1938/2 [19]
LLORAR DE ALEGRÍA
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  1. La lectura atenta del diario de Susana Seeber de M. nos permite apreciar la obra de la gracia en su misión como mujer: la maternidad. Desde un primer hijo que no deseaba, pero que en el parto, no llora de dolor sino de gozo, con una descripción minuciosa de la experiencia vivida, pasando por el gozo indescriptible de envolver en sus brazos a su pequeñito ( el segundo hijo); contemplar a Jackie – el mayor- que va creciendo y por lo tanto ya no cabe enteramente en su regazo y en sus brazos, pero que la colma de alegría con sus juegos, su mirada, su inocencia.. como si encendiese una luz en su alma materna. hasta saberse plenificada en su maternidad. Así, la crianza de los hijos se vuelve como un himno de amor… Todo lleva al deseo de un nuevo hijo. Qué mensaje tan luminoso y confortante para este hoy de la humanidad en lo que se refiere a la dignidad y grandeza de la mujer, salida de las manos del Creador, cooperadora, junto al varón, con Dios que la creó.

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