SUSANA SEEBER DE MIHURA 1939/1 [21]
LO BUENO DE TENER HIJOS

           LA VIDA ES POR FIN REAL Y SÓLIDA

1939/1

ENERO  Lo malo- o lo bueno de estar casada  y tener hijos, es sentir que la vida es por fin real, sólida. Donde antes todo era inmaterial hay ahora volúmenes; los días están llenos de hechos y de cosas, nunca ya sentirse liviana y libre, nunca más los días en los que el tiempo, el pasado y el futuro, no existe. Los días tienen hora, horas de levantar los chicos, de dormir. Todo está reglé [bien ordenado]. Y lo que veo del futuro ya lo veo en germen; veo lo que puede ser, no lo que sueño que podría ser.
Otro árbol de Navidad, otro año. Y no he escrito más que estas pocas, pocas páginas.

***

 Clotilde ha muerto [Mujer de su cuñado, con quien habían compartido inicialmente la casa y la administración del campo] Es la primera vez que veo morir una mujer joven, brutalmente. Comprendo que se haya personificado a la Muerte, porque la impresión es de que alguien se la hubiera llevado del mundo que conocemos. Cuando mamá murió, y papá, porque estaban enfermos o porque ya no eran jóvenes, no se notó sobre las cosas que ya no estaban. Aquí lo terrible es l’empreinte [la huella] la sombra, existe todavía. Su casa sus plantas, las cosas todas tienen, en cierto modo, su fisonomía. Y da miedo como algo que es contra la naturaleza, como al que no pudiera ser.

Pienso en la fragilidad de mi felicidad, que parece tan firmemente plantada sobre la tierra. Y delante de Dios no hay más que inclinarse y aceptar, porque es imposible comprender. Ridículo decir “Dios es bueno, Dios es cruel”, Dios es; y ante un misterio que sobrepasa todo lo que podemos entender, ni siquiera hay que dudar, sino callarse.

***

Espero no le suceda a la gente, en Europa, lo que a mí me sucede: que mareada me digo: «Que pase lo que tenga que pasar»

FEBRERO
Me doy cuenta de “los años que tengo”, no mirando a los chicos, sino pensando en los libros que he leído en lo que han cambiado las ideas y las teorías. Los libros después de la guerra, el comunismo, el fascismo, y ahora la democracia, a la que quieren hacer vivir quitándole todo el jargon socialista de pacifismo.

Me pregunto si habrá sido siempre así, o si es algo de este siglo, que en pocos años todo se ponga “patas arriba”. Y me alegro de haber recibido en mi casa, las “ideas generales” de papá: el criterio que hace discernir lo verdadero en medio de tantas modas. No es necesario cambiar: papá era liberal y al final fascista – moderado, pero fundamentalmente eso–; encontró en el fascismo lo que le faltó en el liberalismo.

MAYO
Mother´s  Cry, [«Llanto de Madre»: Popular novela de Helen Grace Carlisle (1929) y el film de los años 1930-34 basado en esa novela] pretende ser el libro que mejor expresa el amor maternal. Ese libro- el que expresa el amor maternal- todavía no lo he leído, porque no es suficiente mostrar el lado material de este amor. No, el libro que yo escribiría, si pudiera, sería diferente. Porque tendría conciencia de lo que he vivido, y mi estado de espíritu en esto es el del amor apasionado. Oír una voz, ver la sonrisa de unos ojos, y sentirse responder toda entera; y eso es todos los días, sin que pierda su novedad, su misterio: ese es el clima en el que vivo con mis hijos. No prosa, sino poesía, es lo que expresaría el verdadero amor a mis hijos.

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Pienso a veces que sería muy interesante, cuando pasen estos días, saber qué pensábamos y sentíamos en esta época agitada del mundo. Pero es tanto lo que hablo y discuto, que no me queda nada para escribir.

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1 comentario en «SUSANA SEEBER DE MIHURA 1939/1 [21]
LO BUENO DE TENER HIJOS
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  1. La maternidad llena de sentido la vida y si hay fe, entonces se hace más plena aún; pero esa dicha de ser madre, entregada apasionadamente a su sublime misión y disfrutar de los hijos, no es un valor absoluto: el que gobierna todo es el Señor: la contingencia que nos es propia, permite pasar del gozo al temor: nada es definitivo, ni siquiera la maternidad terrenal. Y en el dolor ante el misterio de la vida que se va, callar, aceptando los designios de Dios. La maternidad abre al hogar, pero no impide sensibilizarse ante el mundo, en el que estamos: la guerra aparece siempre con su rápida valoración: su insensatez. El deseo de un mundo de paz.

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