SUSANA SEEBER DE MIHURA
DE SU DIARIO PERSONAL [10]

                  Enséñanos a tener en cuenta nuestros años,                                         para que adquiramos un corazón sensato.                                                                   Salmo 89. 12

RECIÉN AHORA QUE TENGO UN HIJO MÍO, COMPRENDO QUE UN DÍA NO ESTARÉ

 [«Memento homo»: La memoria de la muerte dispone a la fe, por la verdad que hace humilde. Teniendo delante el comienzo de una vida «experimenta» que la vida tiene principio y fin. La muerte de su madre y el nacimiento de su hijo, son dos hechos recientes para ella.]

1935 – Abril  (En Buenos Aires )                                 «Siempre presente, como la atmósfera gris de los cuadros de Corot: un día ya no estaré más. Cuando estoy abrazando a mi chiquito o besándolo a Jack o mirando mis flores, de pronto: un día habré desaparecido. Un día ni Jack ni yo estaremos más aquí, en nuestro departamento claro. Es ahora, desde que ha muerto mamá, y que todo ha cambiado.

1935 – Junio [1] «Creo que es de Goethe, que toda la historia de una vida está en los primero quince años. No es cuando el  chico tiene uso de razón, sino desde esa época que no podrá recordar siquiera, que se forma un ser humano, un hombre, un espíritu. Antes de que se sepa que existe ya está formada el alma. No se podrán cambiar los temperamentos, pero se crea el espíritu: el ángulo desde el cual verá las cosas después. La gente no es distinta — «de otra raza» — por su carácter, sino por su manera de ver. Y pienso en Jackie, y quisiera  no olvidarme nunca de que cada gesto mío, cada palabra, cada cosa que le muestre y le haga ver, serán lo que hagan de él un hombre superior o un burgués.

Recién ahora que tengo un hijo mío, y comparo lo que espero de él con lo que los burgueses esperan de sus hijos, recién ahora comprendo que en casa nos formaron así antes de que tuviéramos conciencia de nosotros mismos. Por eso es tan profunda la diferencia.
          De algunas cosas me acuerdo: mamá mostrándonos el color del cielo y los cuadros, explicándonos las líneas y las formas; no como eneseñándonos sino como hablando en voz ala de lo que ella misma veía. De papá leyéndonos en la mesa Abeille y L’Oiseau Bleu, o después de comer, al lado de la chimenea en Martínez, los versos de Musset, y repitiendo las frases bellas. Me acuerdo de mamá, sonriendo siempre — pero de eso ya he escrito, de su sonrisa resplandeciente que llena toda mi infancia omo la luz–, de mamá diciéndonos que había que ser siempre simpáticos y no decir nunca a nadie una palabra desagradable. Me acuerdo de que en casa no se pronunciaban las palabras «envidia» ni «mentira», porque mamá nos había dicho que son «malas palabras» (y es la manera de que ciertos sentimientos no existan: no darles nombre); de manera que, hasta ahora, no me sale decir que una persona envidia a otra: no puedo, se me queda en los labios como una palabrota.

Me acuerdo de mamá contando de los pobres y de los que sufren; de mamá, que nunca habló mal de sus sirvientes, que ni pensó siquiera, creo, en tenerles desconfianza, en creer que «se aprovecharían». De mamá y papá, nunca suponiendo que se iba a hacer mal sino bien, nunca desconfiando. Y nunca hablando de la plata como una fuente de satisfacciones. Y los dos metiéndonos en la cabeza, insensiblemente, que existe gente superior y que la superioridad está en vivir para un ideal.

***

 

1 comentario en «SUSANA SEEBER DE MIHURA
DE SU DIARIO PERSONAL [10]
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  1. Qué valiosa experiencia personal de educación hogareña nos trae Susana Seeber en esta página de su diario. El ejercicio de una maternidad y una paternidad que forjaron sus espìritus ( de ella y de sus hermanos) Qué recuerdos fecundos, grabados en su corazón, de enseñanzas que brotaban desde el amor y la verdad, que se convierten ahora en una especie de IDEAL que desea imprimir en el alma de su hijito, para forjar su espíritu. Porque lo quiere un hombre de ideales grandes, un hombre magnánimo!
    «Y los dos metiéndonos en la cabeza, insensiblemente, que existe gente superior y que la superioridad está en vivir para un ideal.»
    Eso es lo que con tanta claridad desea para su hijo.

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